En el proceso de elaboración del informe a UNGASS, diversas organizaciones de la sociedad civil, incluidas algunas redes de personas con VIH, realizaron un examen autocrítico sobre el papel que han cumplido en la respuesta de país frente a la pandemia en el último año.

Con el auspicio de ONUSIDA, representantes de varias entidades hicieron un examen que, desde el primer momento, pretendió ser imparcial y crítico del trabajo desarrollado en el año 2009 en las áreas de prevención, derechos humanos, atención y participación de las organizaciones. Todos estos aspectos forman parte del Índice Compuesto de Política Nacional incluido en el informe que debe presentarse.

La principal autocrítica de las ONG es que su trabajo se ha caracterizado por la atomización de esfuerzos: cada una ha promovido su propia agenda, sin tomar en cuenta que se podría unir todas las iniciativas y ganar mayor peso ante las instancias gubernamentales para lograr sus objetivos. Esta falta de cohesión ha provocado una gran debilidad en la posición de las organizaciones ante las instituciones y ante los mismos sectores civiles, lo que se traduce en menos logros para sus causas.

Otro de los problemas, que se deriva en gran medida del anterior, ha sido el creciente antagonismo surgido entre algunos representantes de ONGs, ya que cuando alguna organización alcanza una meta importante sale a relucir la desconfianza sobre cómo o por qué se ha logrado tal objetivo.

No obstante, como han constatado las 10 organizaciones presentes en la evaluación, también se obtuvieron avances durante este período. “La participación activa en varias instancias de decisión como CONASIDA, el Mecanismo Coordinador de País, la comisión de actualización del Plan Estratégico Nacional, e incluso en el Comité Organizador Local que planifica el CONCASIDA” son algunos de ellos, según mencionó Hellen Cordero, representante de la Asociación Humanitas.

Además, se hizo mención a la reciente creación del Comité Nacional de Incidencia Política en VIH, que nació en el seno de las organizaciones civiles y que ha estado analizando la situación de la epidemia en el país. Este Comité también realizó una actividad de incidencia con los representantes de los partidos políticos que contendieron por la presidencia de la República el pasado 7 de febrero.

Como tarea pendiente queda a las organizaciones de la sociedad civil lograr una planificación conjunta que visualice los objetivos comunes y se enfoque en las mejores estrategias para alcanzarlos. Por supuesto que ello no será tarea fácil, pero solo de esa manera sumarán el peso necesario para incidir con efectividad.

Sergio Ruiz Dinarte

Equipo de Corresponsales Clave

Costa Rica – Febrero de 2010

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