Los padres y madres de familia de la ciudad de Cuenca, Ecuador, interpretan la sexualidad como sinónimo de sexo, según los resultados de una investigación realizada en el marco del proyecto “Promoción de la Salud Sexual en Adolescentes”, auspiciado por la Universidad de Cuenca a través del programa de Cooperación con Universidades Flamencas.
La investigación, además de recoger la visión de las madres y padres de familia sobre la sexualidad humana y la educación sexual, incluyó un estudio sobre las políticas y currículo para la educación sexual en los colegios de la ciudad y sobre la violencia en los adolescentes. Para llevar adelante la investigación, se trabajó con tres colegios públicos, tres privados, más de 300 profesores, autoridades y técnicos de Orientación Vocacional.
El resultado establece que la educación de los progenitores se ha desenvuelto en medio de concepciones, roles y relaciones tradicionales de género, y en un entorno cultural machista que se expresa en una mayor valoración hacia lo masculino y desvalorización a lo femenino. En este entorno, los padres no encuentran referentes sólidos para la orientación sexual de sus hijos e hijas. Por otra parte, la ausencia de conocimientos claros ha propiciado el permanente deseo de delegar y revertir esta responsabilidad a los centros educativos.
“Me abstengo de hablarles de sexualidad a nuestros hijos, porque es necesario que el colegio les de una motivación, darles a conocer”, reconoció uno de los padres que participó del grupo focal de la investigación. Esto confirma el delego de responsabilidad a los colegios en materia de educación sexual, en donde tampoco existen programas estructurados según afirman los master Cecilia Castro y William Ortiz.
Frente a la homosexualidad y la diversidad sexual, los padres y madres de familia visibilizan mayor tolerancia, pero siempre y cuando se presente fuera del propio núcleo familiar y no afecte a los miembros de la familia, ya que lo califican como una enfermedad o problema mental.
En lo que respecta a Políticas y Currículo, María Dolores Palacios y William Ortiz, concluyen que, a pesar de contar con un soporte legal que garantiza y obliga la Educación Sexual en los establecimientos educativos, la sexualidad no ha tenido un tratamiento sistemático, intencional o planificado que garantice una integralidad, como lo indica el Programa Nacional de Educación para la Sexualidad y el Amor (PRONESA). http://www.educacion.gov.ec/pages/interna.php?txtCodiInfo=130
“No es algo que se mantiene todo el año, sino sólo en cierto tiempo. No se trabaja la temática de la sexualidad porque se priorizan otras actividades, como acreditación de cursis, plan de clase”, afirmó un docente que formó parte de la investigación.
Actualmente, los contenidos de educación sexual más vistos en seminarios, talleres y charlas en colegios están relacionados con los valores (13 por ciento de abordaje), entendiéndose que los valores están muy vinculados a los religioso; mientras que los temas menos tratados (2 por ciento) son los relativos a los derechos sexuales y reproductivos y la diversidad sexual. Esto contradice a PRONESA, que propone trabajar la educación sexual como un eje transversal, incluida en un área de la currícula y a través de módulos de aprendizaje. Los cuatro ejes temáticos que deberían tratarse son: equidad de género, desarrollo interpersonal, educación sexual y reproductiva, derechos humanos y derechos sexuales y reproductivos.
Aunque esta investigación evidencie datos de Cuenca, ésta no es una realidad ajena al país y a Latinoamérica, por eso la demanda para que se cumpla el Decreto Ministerial “Prevenir con Educación” -firmado en México por Ministros de Salud y Educación en 2008- que tiene entre sus principales metas que se reduzca el número de colegios que no brindan una educación sexual integral para 2015.
La investigación realizada evidencia cuál es la información y educación que se está otorgando a las y los adolescentes. Este resultado no es nuevo para los activistas, pero funciona como cuestionamiento y respuesta para los sectores que indican que sí existe educación sexual pero que a pesar de ello las y los jóvenes no asumen su responsabilidad. La investigación demuestra que las iniciativas son vanas, que no está estructurado un plan integral de educación y que sólo quedan en esfuerzos aislados y talleres que no responde a un requerimiento supeditado a edad, necesidad y con metodología específica.
Con una educación sexual deficiente de colegios y una formación escasa en el hogar, se siguen reproduciendo patrones de violencia, estigma y discriminación, dónde el ser hombre o mujer abre más las brechas, nos enfrenta, nos cuestiona. Según un documento trabajado en el año 2008, en el marco de la construcción de la Nueva Constitución del Ecuador, el Acuerdo Nacional Juvenil expresa: “No garantizar y reconocer los derechos sexuales y reproductivos de las y los jóvenes puede costarles la vida”. El derecho a una educación sexual libre de prejuicios, oportuna y científica es un derecho sexual y reproductivo. ¿Cuál es el verdadero costo? Dinero, vida y poder.
Carolina Armijos
Equipo de Corresponsales Clave
Cuenca, Ecuador – 28 de Febrero, 2010.

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