En en el primer panel del Seminario Internacional de Drogas y VIH, que se realiza esta semana en Bogotá, Colombia, Rebbeca Schleifer investigadora y asesora para la humanización de las políticas antidrogas a nivel global de Human Rights Watch (HRW), se refirió al enfoque basado en Derechos Humanos que deben tener todas las políticas en contra del consumo de Sustancias Psicoactivas del mundo, ya que a menudo los enfoques de reducción del consumo trae como consecuencia una constante violación de los derechos.

“Esto se da por las políticas públicas erradas”, aseguró Scleifer y opinó que es preocupante, ya que impide una respuesta efectiva no sólo al consumo si no también a la respuesta de la epidemia del VIH. Sostuvo también que se debe controlar el uso ilegal de drogas y el uso legal para fines médicos, ya que el sistema está desbalanceado: se enfoca en prevenir el tráfico para fines ilegales pero se hacen muy pocos esfuerzos sobre la garantía del acceso a las sustancias legales para fines médicos.

Nick Walsh, Asesor de la Organización Mundial de la Salud para el Sudeste Asiático y especialista en trabajo de la prevención del VIH entre usuarios de drogas, explicó que la infección del VIH para estas poblaciones se puede dar tanto por prácticas de sexo inseguro como por el uso compartido de equipos de inyección. Su presentación estuvo marcada por cifras de prevalencia de VIH en usuarios de drogas, que no son alentadoras para la región de Latinoamérica y El Caribe. Mientras en Australia la prevalencia se mantiene por debajo del 2 por ciento gracias al trabajo de la política local, en Brasil y Argentina esta cifra supera el 20 por ciento, convirtiéndose junto con Estados Unidos, Rusia y Asia en las zonas con mayor porcentaje a nivel mundial.

Walsh también dio a conocer el Informe de reducción de daños global, que pone a México como pionera en el trabajo de sustitución de opiáceos y programas de jeringas, mientras que en Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia, Chile, Venezuela y Centroamérica nunca se han ejecutado. En este sentido, sólo Brasil cuenta con datos disponibles de su trabajo en sustitución de opiáceos.

Por último, Bertha Gómez, Asesora subregional del Proyecto VIH, de la Organización Panamericana de la Salud, argumentó que existen entre 11 y 21 millones de usuarios de drogas inyectables y que de ellos de 0.8 a 6.6 millones viven con VIH. El mayor número se concentra en Europa del Este, Asia y Latinoamérica y se estima que, al menos del 5 al 10 por ciento de las infecciones de VIH alrededor del mundo, son por transmisión a través de drogas inyectables.

Gómez agregó que en la zona andina Latinoamericana “falta experiencia” en estudios de usuarios de drogas vinculado al tema de Hombres que tienen Sexo con Hombres y trabajadoras sexuales, a diferencia del Cono Sur y Brasil, que tienen los más altos índices de prevalencia y de estudios realizados. Por último, hizo referencia al Acceso Universal y a la imposibilidad que se cumpla para el año 2010: “Se deben definir metas de país en el contexto nacional en lugar de concentrarse en las metas globales”, opinó.

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