Durante la XVIII Conferencia Internacional de Sida en Viena se ha dado nuevamente el debate entre los expertos responsables de la toma de decisiones científicas y políticas sobre el  inicio del tratamiento. Diversas perspectivas se pusieron en la mesa de discusión, ya que los criterios adoptados por algunos países difieren de los que siguen otros países. Por ejemplo, algunos recomiendan comenzar el tratamiento a partir de los 200 CD4, y otros lo indican al alcanzar los 350 CD4.

Las opiniones son muy variadas y en ocasiones dispares, y muchas veces dependen de decisiones políticas, de los recursos disponibles o de las prioridades de cada país. Para Mark Harrington, Director Ejecutivo de Tratamiento de Action Group, es fundamental tomar en cuenta el tema de la resistencia. El tratamiento anticipado reduce el tiempo de espera de la efectividad de los primeros esquemas.

Otra perspectiva fue aportada por el Dr. Peter Mugyeni del Joint Clinical Research Centre de Uganda, quien habló desde el punto de vista de los países en desarrollo. Él considera que, no por tratarse de países pobres se deban recomendar terapias de  inferior calidad y eficacia.

En la conferencia se han presentado estudios que demuestran que con un inicio del tratamiento con 350 CD4 se logran efectos más duraderos, el tratamiento de primera línea dura más tiempo sin necesidad de cambiarlo, y se presenta menos toxicidad y efectos secundarios. Cabe recordar tres aspectos esenciales de los primeros esquemas: se tiene mayor información sobre su manejo y eficacia, son más amigables (menor cantidad de pastillas menos veces al día) y son más económicos.

En una entrevista exclusiva para Corresponsales Clave, el Dr. José Antonio Izazola, Director General del Centro Nacional para la Prevención y el Control del VIH/SIDA, CENSIDA, refirió que en México se sigue la mayor parte de las recomendaciones que presenta el tratamiento 2.0: “Se inicia el tratamiento con 350 CD4. Ya tenemos la decisión clínica y tenemos los mecanismos para pagar”, puntualizó. Y concluyó que “si hubiera evidencia de que hay que iniciar el tratamiento más temprano, se haría, pero aún no hay indicios de que sea más provechoso para los pacientes”.

Finalmente, hay que recordar que se trata de la calidad de vida de las personas. Steven Deeks propone: “Yo hablo con mis pacientes de los pros y los contras y así tomamos la decisión”.  Esta sería la situación ideal, sin embargo en muchos países las autoridades regulatorias no permiten flexibilidad en la prescripción del tratamiento antirretroviral.

Siempre es importante incluir en la ecuación el factor psicológico, la ansiedad y el estrés experimentado por las personas que viven con VIH, quienes se sienten muy vulnerables al recibir su diagnóstico más aun al no tener indicado aún medicamento alguno. Por ello cobra particular importancia el acompañamiento comunitario a la personas viviendo con VIH y la información accesible sobre el tratamiento.

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