“Las evidencias están y son claras. ¡Ahora es momento de empezar a actuar!”. Cuando Chris Beyrer, Director de la Escuela de Salud Pública J.H. Bloomberg , dijo esas palabras todo el auditorio comenzó a aplaudir de pie. Es que, a pesar de las evidencias que muestran los aumentos de casos de VIH entre usuarios de drogas inyectables (UDI) y las dificultades de acceso al tratamiento antirretroviral para los usuarios de drogas viviendo con VIH; las acciones realizadas no son suficientes.

Según los datos difundidos en esta sesión, llamada “Un llamado a la acción por el VIH/SIDA entre usuarios de drogas”, en la última década sólo el 31 por ciento de los estudios realizados sobre el tema fueron hechos en los países de alta prevalencia de VIH en UDIs, que son principalmente países de la regiones de Europa del Este y Asia. Los estudios arrojan que en aquellos países donde se han llevado adelante políticas de reducción de daños, como intercambio de jeringas y sustitución de opio en los tratamientos, la incidencia de casos de VIH efectivamente ha disminuido.

¿Cuáles son las políticas de reducción de daños?

Intercambio de jeringas: garantizar el acceso a jeringas limpias es una política de reducción de la transmisión de VIH. Las conclusiones de las presentaciones realizadas a lo largo de la sesión demostraron que en aquellos países en los que se implementaron programas de intercambio de jeringas (a través de los cuales se distribuyen gratuitamente jeringas nuevas para evitar que las personas no tengan necesidad de compartirla), los porcentajes de nuevos casos de VIH entre UDIs se redujeron, sin promover el uso de drogas.

Distribución de preservativos: según las conclusiones de las presentaciones, también las relaciones sexuales sin protección son uno de los principales factores de riesgo de transmisión de VIH en usuarios de drogas. Es por eso que el acceso a los preservativos debe estar garantizado.

Terapia de sustitución de drogas: Son programas que responden a un modelo de sustitución y se basan en la sustitución de la heroína por otro fármaco opiáceo, en general la metadona. El objetivo de estos programas es mejorar la calidad de vida de los pacientes y evitar la expansión del VIH y otras enfermedades.

¿Por qué no se aplican?

Según un estudio que abarca 151 países, se estima que hay 15.9 millones de usuarios de drogas. En gran parte del mundo, por año, se distribuyen menos de 100 jeringas por usuario de drogas y sólo en Oceanía y en algunos países del norte de Europa se han repartido más de 200 jeringas por usuario. En Latinoamérica, sólo Brasil y Argentina cuentan con programas de intercambio de jeringas y Brasil es el único país que cuenta con estadísticas en la región (se distribuyen menos de 100 jeringas por UDI por año). Por otra parte, a nivel mundial, sólo 8 de cada 100 usuarios de drogas están en terapia de sustitución de drogas.

“Sabemos lo suficiente para actuar ahora”, afirmó Ralf Jurgens, especialista en VIH/SIDA y uso de drogas de Canadá. Pero los obstáculos con lo que hay que enfrentarse para implementar políticas de reducción de daños son todavía muchos y se relacionan directamente con los derechos humanos de los usuarios de drogas. En la mayoría de países con alta prevalencia de VIH en usuarios de drogas inyectables, la discriminación en los sistemas de salud, la entrega de los datos personales de los pacientes a la policía y la detención compulsiva de UDIs son constantes. A esto se suma que en algunos países el uso de drogas es penado con torturas y hasta con pena de muerte. En otros se los envía a centros de recuperación, en donde se los somete a tratamientos abusivos, o a prisión, lo que resulta contraproducente, ya que en los lugares de detención no existen medidas de prevención ni de tratamiento. Además, no existen datos estadísticos sobre el porcentaje de usuarios de drogas viviendo con VIH que tienen acceso a tratamiento antirretroviral, pero en algunas regiones son discriminados para acceder al mismo.

La XVIII Conferencia de Sida de Viena es la primera que hace foco en el uso de drogas y VIH. Activistas de derechos humanos, especialistas y científicos tendrán la oportunidad de demostrar su trabajo conjunto para usar la ciencia y los derechos humanos en la incidencia política. “Es necesario moverse de la retórica a la realidad”, coincidieron los expositores. En este lugar y en este momento.

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