Al describir las condiciones en las que se encuentran los centros de salud y los programas de asistencia a personas con VIH de la Provincia de Buenos Aires, Marcela Alsina, activista de la Red Bonaerense de Personas Viviendo con VIH, se enoja y se lamenta. Es que le cuesta creer que, a pesar de concentrar el 50 por ciento del total de la epidemia de VIH en el país, este sector este, prácticamente, abandonado por el Estado. Estas denuncias formaron parte de la sesión plenaria sobre las brechas en el acceso a la prevención y al tratamiento, que fue coordinada por el Dr. Pedro Cahn, presidente de Fundación Huésped, y que contó con la participación de Joe Eron, Profesor especialista en Infectología en la Universidad de Carolina del Norte, y Debbie Indyk, especialista en Enfermedades Infecciosas de la Escuela de Medicina Mount Sinai.

Marcela Alsina explicó que, en la Provincia de Buenos Aires, los equipos multidisciplinarios se esfumaron, los impulsos de derrumbaron y los especialistas que continúan trabajando lo hacen por pura voluntad, ya que perciben un salario muy bajo. También relató que, en muchas oportunidades, los tratamientos no están disponibles porque en los centros de salud aseguran que “no hay nafta para ir a buscarlos”. “Las brechas en el acceso al tratamientos son muchas”, denunció Marcela y relató que en muchos de los barrios que componen el Conurbano Bonaerense, “la pobreza atraviesa”.

Al respecto, Pedro Cahn admitió que el sistema de Salud tiene una cara darwiniana: “Los más aptos son los que terminan siendo atendidos. ¿Y quiénes son los más aptos? Los que tienen más dinero para llegar a los hospitales y para volver cuantas veces sea necesario”, opinó. Pero las poblaciones de bajos recursos no son las únicas que quedan fuera de los sistemas de salud y, por lo tanto, de cualquier posibilidad de acceso al tratamiento y a la prevención. Los usuarios de drogas son otra población invisibilizada, estigmatizada y discriminada, al punto de que en muchos países no son “elegibles” para acceder al tratamiento a causa de su adicción.

“Muchas veces los prestadores médicos no están preparados para atender a personas que están bajo el efecto de drogas”, criticó Debbie Indyky y sostuvo que “no son los usuarios de drogas los que tienen que adaptarse a los sistemas de salud, sino que son los sistemas de salud los que tienen que adaptarse a los usuarios de drogas”. Pero, lamentablemente, esto no parece ser una tarea sencilla. Joe Eron relató que, en su experiencia con usuarios de drogas, cuando se trata de anfetaminas y crack, los pacientes “desaparecen por meses”, por eso es muy difícil acompañarlos. Indyk insistió en mejorar las estrategias: “Tenemos que aprender a diferenciar mejor a aquellos que pueden actuar ante la información que les brindamos y entre aquellos que necesitan de más apoyo”.

Cuando las realidades económicas, el uso de drogas, cuestiones de género y otros factores sociales dificultan el acceso a la prevención y a los tratamientos, es necesario pensar en estrategias para que sea el sistema de salud el que se acerque a las poblaciones y no al revés. Una mayor promoción del testo es uno de los objetivos para lograrlo, acompañado también por una consejería adecuada. Claro que para eso, como advirtió Marcela Alsina, habrá que trabajar fuertemente en la eliminación del estigma y la discriminación: “Por más que haya fuertes campañas de testeo muchos tendrán temor de hacerse un análisis por el estigma y la discriminación que todavía existen”, reflexionó. Indyk expresó que, además, el sistema de salud debe acompañar más a los pacientes: “La persona que se entera que es VIH positiva no sabe que hacer, está en un torbellino emocional”, reconoció.

Al hablar de las brechas que existen en el acceso, tanto a la prevención como al tratamiento, los obstáculos que hay que vencer parecen gigantes y los responsables, adversarios inaccesibles. Pero la conclusión a la que se llegó tras este debate demuestra que, aunque a veces los esfuerzos parezcan en vano, cada iniciativa y cada acción representan un paso adelante. La reflexión de Debbie Indyk resume esta idea adecuadamente: “Los cambios políticos a nivel macro son necesarios, pero también tenemos que dividir la tarea en pequeñas tareas, porque mucha gente cree que no puede cambiar nada, pero hay cosas que sabemos hacer y que podemos hacer aún mejor”.

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