Un fenómeno muy habitual en el Caribe es la participación de personas de las poblaciones clave sin dar visibilidad a su grupo de pertenencia, representando tanto a la sociedad civil como a ONGs con nombres “sutiles”. El expositor reflexionó sobre la necesidad de ver esto como un proceso por etapas. Los MCPs y MCRs en esta región no son aún un lugar seguro para ser visible, como tampoco lo son otros espacios de la respuesta al VIH.

Sin embargo, puso el énfasis en la necesidad de que paulatinamente los representantes de las poblaciones sean visibles y hablen por sí mismos. Por ejemplo, sólo en Jamaica encontramos participación de hombres que tienen sexo con hombres (HSH), trabajadoras sexuales y trans; en Surinam, Belice, Guyana y Haití participan HSH; y en ningún país participan los usuarios de drogas.

Ian McKnight, de la organización de Comunidades Vulnerables del Caribe (CVC), describió las reacciones primarias de los miembros de un MCP ante la incorporación –o la sola discusión sobre la participación– de alguna de estas poblaciones: van desde la molestia, el prejuicio y la percepción de que los temas de gays y HSH son una agenda impuesta desde el extranjero, hasta llegar a la contradicción manifiesta por invitar a un representante de una “actividad criminal” a estas reuniones.

Cabe recordar que la homosexualidad y el trabajo sexual están criminalizados y penalizados en muchos de estos países del Caribe. McKnight fue optimista al señalar que hoy existe un modelo mixto en los MCPs que incluye a gente visible y no visible, y que esto progresivamente va a mejorar.

La exposición suscitó mucho interés y un largo debate. Esto demuestra que hoy hay en el Caribe voluntad y apertura para discutir estos temas, lo que coexiste con una tasa muy alta de crímenes de odio impunes contra personas de estos grupos.

En la audiencia se hizo evidente una cierta resistencia a impulsar cambios legislativos por considerar que la base principal es cultural. Sin embargo, se está pasando por alto el fuerte mensaje que la modificación de una norma criminalizadora da a toda la población, como viene pasando en Latinoamérica.

En el mismo panel Andy Seale, Asesor de Género del Fondo Mundial, presentó la nueva estrategia del Fondo sobre Orientación Sexual e Identidad de Género (disponible en español en breve), que a través de áreas de intervención e indicadores contribuye a que las propuestas del FM desde la Ronda 10 incluyan actividades para trabajar con trans, gays y HSH.

Esto demuestra cómo un mecanismo basado en las evidencias y en los derechos humanos, además de proveer financiamiento adicional, puede catalizar algunos cambios necesarios.

Es fundamental comprender que la mayoría de las infecciones en América Latina y el Caribe suceden entre personas que tienen un comportamiento bisexual concurrente, es decir, personas que tienen relaciones sexuales desprotegidas con otros hombres y/o con trans y a su vez tienen algún tipo de relación estable y familiar con una mujer.

Hasta tanto no se mejore el ambiente en nuestro países, se reduzca la violencia y la impunidad y se minimicen los efectos del estigma y la discriminación, la mayoría de las personas de las poblaciones clave seguirá estando en situación vulnerabilidad y con un pobre acceso a los servicios de salud.

Por ahora en el Caribe hay mucho optimismo, un poco de apertura y mucho coraje por parte de unos pocos que arriesgan sus vidas por ser públicamente quienes son.

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