Entrega de alimentos en mal estado, falta de complementos nutricionales, de análisis y medicación para las personas viviendo con VIH, ausencia total de estrategias de prevención y de espacios de participación, falta de presupuesto y un programa provincial deficiente. La situación en la Provincia de Buenos Aires puede resumirse en una sola palabra: abandono. Un abandono que ocurre en la región que concentra casi el 50 por ciento de casos de VIH de Argentina y en donde todavía mueren personas a causa del sida por un acceso al tratamiento tardío o deficiente.

La historia no es nueva. El Programa Provincial de Sida siempre tuvo un problema estructural: la falta de presupuesto. Las protestas y denuncias tampoco son nuevas, pero las respuestas nunca fueron las mejores: “En 2004 empezamos a presionar, a hacer marchas en La Plata (capital de la Provincia). Nos costó muchísimo, fuimos reprimidos por la policía, algunos fuimos detenidos, pero fue un proceso bastante fuerte de presión al Gobierno”, explica Fabián Salguero, de la Red Bonaerense de Personas Viviendo con VIH/SIDA. La lucha tuvo su resultado: se creó una Comisión de Coordinación y Control de Políticas Asociadas al VIH, de la cual participarían tanto la sociedad civil como representantes de los distintos ministerios y secretarías involucradas; y se trabajó en un nuevo presupuesto, acorde a los efectos de la epidemia en la provincia. Con estas modificaciones se logró un incremento más que importante, ya que el presupuesto pasó, en valores aproximados, de 2 millones a más de 10 millones de pesos. Aunque con un pequeño detalle: hasta la actualidad, ese presupuesto nunca se ejecutó.

El retroceso

El presupuesto y la comisión quedaron instalados pero, en la práctica, nada cambió. “No se compraron preservativos ni materiales, no se apoyó a las organizaciones, no se realizaron campañas ni se mejoró el sistema público de salud”, detalla Fabián, que experimenta día a día esas carencias. Mientras tanto, la pregunta que queda sin respuesta es qué pasó con el dinero del presupuesto. “No sabemos dónde fue a parar. Nos dicen que no se ejecutó. Les preguntamos a dónde fue reasignada esa partida presupuestaria -porque a algún lado fue, porque era plata que estaba- pero no nos responden. Y bueno, llegamos al día de hoy, en el que esto sigue sin ejecutarse”, lamenta Fabián.

Eso no es todo. Además de haber congelado la ejecución del presupuesto, fue suspendido el Programa Alimentario para Inmunodeprimidos, por el cual se entregaban mensualmente cajas de alimentos a más de seis mil familias afectadas por la epidemia. El primer problema fue que, aunque parezca mentira, los alimentos  se entregaban de forma discontinua y, en algunas oportunidades, estaban en mal estado: “Hubo muchas entregas en las que las cajas venían con excremento de ratas, con gorgojos, con mercadería vencida, una cosa bastante desagradable. Sobre todo porque, así y todo, la gente las venía a buscar, separaba lo que no servía y se quedaba con lo que servía, porque les hacía falta” explica Fabián y agrega firme: “Nosotros entendemos que estas cajas son una ayuda para la gente pero no se justifica que te denigren de esa forma para entregarte este tipo de apoyo, porque la necesidad de la gente es real. Hay mucha gente que concurría a los centros de salud, buscaba las medicaciones y se hacía los controles solamente para retirar esa caja”.

Una solución alternativa fue la generación de tarjetas, que les sirvieran a esas familias para intercambiar por alimentos. “La propuesta se aprobó en el año 2008 por el Ministerio de Desarrollo Social y el Ministerio de Salud de la Provincia, pero nunca salió”, se resigna Fabián. En total, según el último padrón, se entregaban 6689 cajas y la última entrega se hizo hace un año atrás. Es decir, ya ha pasado un año sin que más de 6 mil familias reciban su caja de alimentos.

Lo más paradójico –pero, lamentablemente, lo menos sorprendente- de esta situación es que sucede en una de las zonas más afectadas por el VIH/SIDA en el país y en donde la sociedad está fuertemente atravesada por la pobreza y la exclusión. “En la Provincia hay muchas necesidades, mucha marginación. Nuestras poblaciones enfrentan problemáticas como el uso de drogas, la privación de la libertad. Son personas que han sido excluidas no sólo por el VIH, sino desde antes de tener VIH, entonces nos cuesta muchísimo salir a defender nuestros derechos”, reconoce Fabián.

El abandono es total: “Hay gente que a la larga muere, muere porque no puede seguir el tratamiento, porque no llega a los sistemas de salud, por la desigualdad de condiciones en la calidad de vida, porque viven en lugares que son inhabitables”, describe Fabián, que cuenta que desde el Programa de Asistencia Directa de la Red Bonaerense se trabaja puntualmente con familias en situaciones de marginación muy altas: “Vemos familias enteras infectadas que viven entre cuatro ramas, con un nylon alrededor y cartones viejos como techo. Esa gente no puede acceder a los centros de salud, porque el problema del VIH es el menor problema que tienen. Y las organizaciones solas no podemos, necesitamos que haya un cambio de políticas”, exige.

Encontrar soluciones

El panorama parece desalentador, pero desde la Red Bonaerense no bajan los brazos. En primer lugar, redactaron un petitorio para exigir la reposición del Plrograma Alimentario. En segundo lugar, el último viernes se organizó un encuentro entre organizaciones que trabajan en la provincia para definir un plan de acción frente a esta situación. “Estamos preparando acciones más duras, vamos a seguir firmes con nuestra lucha porque estamos cansados, ya realizamos muchas demandas y no tuvimos respuestas. Con el gobernador actual (Daniel Scioli) nunca nos pudimos reunir y desde los ministerios involucrados la única respuesta que tenemos es que en este momento la epidemia no es prioritaria”, sostiene Fabián.

Las problemáticas que atraviesan a la provincia de Buenos Aires son profundas y claramente requieren de soluciones estructurales, que van muchísimo más allá de un programa provincial de sida. Pero lo cierto es que hay cuestiones que, con responsabilidad política, sí pueden solucionarse. Y se trata de cuestiones de las que dependen el tratamiento, la alimentación y la vida de miles de personas. “No vamos a solucionar la pobreza, porque no es algo que esté a nuestro alcance. Pero sí lo está lograr que se empiece a hablar de esto, de la situación en la que están estas comunidades, alcanzar una articulación entre el trabajo de los ministerios. Entendemos que los tiempos de los ministerios no son nuestros tiempos, porque nuestros problemas son urgentes”, concluye Fabián. Y eso deben entender quienes creen que el VIH no es prioritario: que los problemas urgentes requieren soluciones hoy y ahora, porque mañana puede ser tarde.

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