Faltaba un día para que se conozcan los resultados de la Reunión de la Junta de Gobierno del Fondo Mundial de cara a la Décima Ronda de financiamiento y Elena Reynaga, líder de la Red de Trabajadoras Sexuales de Latinoaméricay el Caribe (RedTraSex), confesaba que estaba ansiosa y emocionada. En ese momento su pálpito era uno solo: ganaban. “Ya ganamos, más allá de que nos den o no el dinero. Ganamos en visibilidad, por poder poner en debate la problemática de las trabajadoras sexuales. Ganamos en mostrarle al mundo entero que en América Latina, con muy pocos recursos, nosotras hemos logrado visibilizarnos, ganar espacios, participar cada vez más. Hoy, seguramente, estamos en la boca del mundo entero y eso es un logro”, se ilusionaba. Y era verdad.

¿Qué representa este resultado?

Poder hacer lo que tanto necesitamos, tener el dinero para hacer lo que soñamos hacer, para poder seguir avanzando. Fortalecer a las organizaciones, para que puedan tener un equipo, para que las compañeras tengan el suficiente empoderamiento para incidir en las políticas de sus países. Para que las compañeras no tengan que estar reunidas en los bares, sino que tengan su propia oficina, su propio equipo técnico. Hoy en día pasa que las compañeras son presidentas de sus organizaciones, elaboran y evalúan sus propios proyectos, los ejecutan. Entonces, muchas veces eso hace que ellas se corran del ente político. Si estas organizaciones tienen un equipo que pueda facilitar estos proceso en las organizaciones, las compañeras podrán ser más activas, generar, impulsar, exigir políticas públicas para todas las trabajadoras sexuales, más allá de que estén en la red o no.

¿Cómo fue el proceso de la construcción de la propuesta?

En realidad nosotras no pensábamos en presentarnos, más allá que sabíamos que las redes se podían presentar. Creíamos que era una cosa demasiado grande. Habíamos armado un megaproyecto, que incluía gran parte de las cosas que terminamos incluyendo en la propuesta. Cuando la terminamos, calculamos el presupuesto y nos cerraba en, aproximadamente, 4 millones de dólares, ese era el sueño. Ahí nos dimos cuenta que no había donantes para financiar eso y quienes nos apoyaron nos sugirieron que nos animemos a presentarnos al Fondo Mundial. Se acercaba la Ronda 9 y ahí empezamos a soñar. Trabajamos en adaptar la propuesta a los cuestionarios del Fondo Mundial, a asesorarnos, a buscar recursos para cumplir con los requisitos que necesitábamos cumplir, a reunirnos. Teníamos que atrevernos a soñar.

¿A qué apuntaba principalmente la propuesta?

Una de las cuestiones principales era la búsqueda de recursos para fortalecer a las organizaciones de base que son parte de la RedTraSex., darles herramientas, oficinas, fortalecimiento institucional, para que las chicas puedan tener sus propios locales, las personerías jurídicas, porque esas son las grandes dificultades. El objetivo es que puedan aplicar a proyectos nacionales, porque vemos que en la región sólo hay tres organizaciones de trabajadoras sexuales que pudieron ser subreceptoras de proyectos del Fondo Mundial: en Argentina, Ecuador y Paraguay. Todas las demás compañeras son mano de obra de proyectos de otras grandes ONG’s y sus trabajos se reducen a repartir condones, hacer talleres de prevención y, en realidad, esto no les da ni visibilidad ni las empodera, porque nosotras no trabajamos solamente en prevención, trabajamos por el respeto a los derechos humanos de las trabajadoras sexuales. Con toda la buena intención que puedan tener, eso no nos alcanza, porque no es ni la misión ni la visión de las ONG’s que trabajan en VIH/SIDA. Por eso entendimos que éramos nosotras las que teníamos que hacer esa propuesta.

¿Con qué obstáculos se encontraron?

Empezamos a trabajar sin ningún tipo de recurso económico, más que el recurso humano y el asesoramiento técnico de las personas que colaboraron con nosotras. Fue un desafío muy grande. Personalmente, más allá de que había participado de muchos foros que el Fondo Mundial realiza, sentarme a leer todo, como me correspondía como Secretaria Ejecutiva, fue un desafío, tratando de comprender los formularios, los requisitos…esto, para una jujeña que terminó la escuela primaria a los 47 años, no era muy fácil de interpretar. Por suerte hay gente que confía mucho en nosotras desde siempre y el asesoramiento técnico de la Alianza Internacional, en este sentido, fue muy importante en todo el proceso. A nivel red, el desafío más grande era hacer incidencia en los Mecanismos de Coordinación País (MCP) de cada país, porque nosotras sabíamos que ese iba a ser el cuello de botella: lograr el aval de todos los MCPs, con la poca participación que tenían las trabajadoras sexuales dentro de los MCPs y con el estigma que mucha gente que los integra tiene sobre nosotras. En ese momento, ONUSIDA y OPS (Organización Panamericana de la Salud) nos ayudaron también con los recursos, para poder viajar a aquellos lugares en donde teníamos mayores debilidades, en los que las compañeras no formaban parte de los MCPs o no estaban apropiadas de esos espacios. Uno de los errores que cometimos fue no haber evaluado los presupuestos para sostener al equipo: muchísimas horas de trabajo, de llamados, de búsqueda de información, datos estadísticos sobre la población en la región. No evaluamos el desgaste físico y emocional que esto significaría y no lo contabilizamos en dinero. Nos maravillamos de nuestro compromiso, de ver que, cuando tenemos el objetivo claro, no importa las horas que tengamos que trabajar, o si no cobramos. Hubo un acto de militancia muy grande, de parte de nosotras y también de los empelados y gente cercana a la secretaría, técnicos de otras organizaciones, que realmente pusieron mucho esfuerzo. Fue un ejercicio de aprendizaje.

Cuando presentaron esa propuesta, en la Ronda 9, quedó calificada como Número 3 y no fue financiada. Si bien Elena lo recuerda como un día de mucha tristeza, también reconoció que el esfuerzo y los pasos que habían avanzado sirvieron para fortalecerlas. “Nos sirvió para decir: acá no nos vamos a quedar, vamos a volverlo a intentar”, recordó. Y así llegó la Ronda 10, con los mismos obstáculos y desafíos.

¿Cómo encararon la presentación de la propuesta para la Ronda 10? ¿Qué aprendizaje les dejó?

El desafío siguió siendo el mismo: los MCP. Los MCP tienen que entender y definir su rol, cumplir con el rol que tiene para la aprobación de las propuestas regionales, no tomarse atribuciones que no corresponden. Otra vez cometimos el error de no haber cuantificado el esfuerzo que le significó a la Secretaría el trabajo que tuvimos que hacer, con llamados, investigaciones. Otra vez invertimos muchísimas horas, que no fueron presupuestadas en ningún lado. Como aprendizaje, la incidencia se hizo mucho más rica, porque ya teníamos más claro qué indicadores necesitábamos las trabajadoras sexuales. Hoy en día tenemos mucha experiencia para transferir, porque pudimos participar, estar, aprender. Nosotras no dejamos que los consultores hicieran, aprendimos y propusimos todo el tiempo. Ojalá esto sirva para otras redes, para que, cuando se lancen a hacer una propuesta regional, sepan que ya hay organizaciones que tienen un aprendizaje que está bueno para ser transferido. Eso es ayudar a las poblaciones y creo que el rol de los activistas, el compromiso, la responsabilidad; es transferir el aprendizaje, la experiencia y las lecciones aprendidas a otras comunidades. Aprender de los logros y de los errores, para que otros sepan por qué camino ir.

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