El Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria, durante la reunión de la Junta en Sofía esta semana, no pudo aprobar las modificaciones a las guías para los Mecanismos Coordinadores de País (MCP).

Cuando uno inicia una conversación sobre el Fondo Mundial, en especial sobre lo que sucede en su país, hay una serie de temas prioritarios y urgentes que angustian al interlocutor. Los tres temas principales son: 1) MCP, 2) MCP, y por último, los MCP. En nueve rondas de implementación de programas financiados por el Fondo Mundial, una de las áreas, en mi opinión, en la que menos hemos progresado, ha sido en lograr que los MCP funcionen (mejor). En un punto, esta es una responsabilidad compartida por todos los sectores y personas involucradas con el Fondo, en todos los niveles. Sin embargo, algunas brechas en la arquitectura no han sido muy útiles en este sentido. Esta revisión de las guías intentaba responder en parte a estos problemas.

Es oportuno recordar por qué tenemos un MCP, y las guías dicen: “El Fondo Mundial reconoce que sólo por medio de un abordaje con apropiación nacional, coordinado y multisectorial que asegure la participación activa de todos los actores relevantes, los recursos adicionales provistos tendrán un impacto significativo en la reducción de las nuevas infecciones, enfermedades y en la mortalidad relacionadas con las tres enfermedades”

Las modificaciones a las guías para los MCP fueron rechazadas por el voto negativo de algunas de las delegaciones de los países implementadores que vieron amenazados sus intereses y su poder en los MCP .

En lo que fue, a mi criterio, uno de los errores tácticos más grandes en la historia de la Junta, algunas de las delegaciones de países donantes y de las ONG que quisieron abrir la discusión sobre el contenido de las guías en plenaria, contribuyeron al resultado negativo de la votación. Existe una preocupación en las ONG sobre el rol (inevitable) de los gobiernos presidiendo los MCP y siendo al mismo tiempo receptores principales. Este es un conflicto de interés inherente al mecanismo y no se resolverá en la guías. Sin embargo, la táctica de abrir el documento al detalle alertó a los gobiernos conservadores de países de otras regiones sobre los efectos colaterales de las nuevas guías. Este es el riesgo que se corre cuando uno abre una “caja de Pandora”. Las negociaciones previas habían “lavado” un poco los contenidos propuestos para la nueva guía pero ofrecían un avance importante a la situación actual.

Las guías tenían contenidos muy interesantes como la participación de todos los sectores en las decisiones, el rol de los MCP en el monitoreo estratégico de los programas, el tratamiento igualitario de los miembros, la participación de los gobiernos, transparencia, rotación de liderazgos, el rol en la selección de los Receptores Principales (RP), la relación entre el MCP y los RP, los criterios para el financiamiento de los MCP y varios aspectos éticos.

Habitualmente, muchas personas que trabajan en los programas en nuestros países, han pedido más direccionamiento por parte del Fondo. Sin embargo, persiste el convencimiento en la mayoría de los miembros de la Junta que no se debe avanzar con un espíritu prescriptivo, dictando desde un “ámbito mundial”, al detalle, lo que deben hacer los países. Profundizar esta tendencia mataría cualquier posible proceso de apropiación nacional de los MCP y los actores, minando también cualquier oportunidad de sostenibilidad de los esfuerzos locales.

El MCP es sin lugar a dudas uno de los elementos más importantes de la arquitectura del Fondo Mundial. Como espacio multi-sectorial de coordinación, en la teoría puede verse casi perfecto, visión bastante alejada de la realidad y la práctica. Los más recientes hallazgos de la Oficina del Inspector General sobre hechos de corrupción, fraude y estafa en países que se encuentran bajo investigación, tienen entre una de su variables en común a MCP que no han podido cumplir una de sus funciones esenciales: la de supervisar, y por ello guardan algún grado de corresponsabilidad con estos acontecimientos.

Hacer funcionar (adecuadamente) a los MCP no será el resultado de más guías y manuales, sino de la madurez política de sus integrantes, de invertir este precioso tiempo y mandato en hacer lo correcto, cuidando los intereses del sector que representan, los de las comunidades que necesitan recibir servicios y medicamentos de un programa y del país en su conjunto, que es el único receptor de una subvención del Fondo Mundial.

No hay que dejar de soñar con el día en que tengamos nuevas guías y que las tres principales preocupaciones de un colega relacionadas con el Fondo Mundial sean: cómo lograr ser más eficientes con los recursos, cómo involucrar más sectores sub-representados en su MCP (del que está muy orgulloso) y cómo asegurar la sostenibilidad de los esfuerzos coordinados al concluir la subvención. De seguro, esto ya sucede en algunos lugares  del planeta, pero tal vez no sea el tema central de nuestras conversaciones más recientes sobre el Fondo Mundial.

Nota: Ante el voto negativo las guías serán revisadas por el Comité de Cartera e Implementación, intentando presentarlas en el futuro. Mientras tanto, siguen en vigencia las guías actuales.

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