Desde que Mariana conoció su diagnóstico VIH positivo a los 20 años decidió que sería visible. Es decir, iba a contar que vivía con el virus a todas las personas, incluyendo su ámbito laboral. “Desde el comienzo supe que contarle sobre mi diagnóstico de VIH a mis colegas, compañeras y compañeros docentes, y a los y las estudiantes se iba a transformar en una herramienta de trabajo, y que iba a poder entrelazar mi activismo en VIH-SIDA con mi militancia en educación”, comenta Mariana Iácono, en un texto que ganó el primer premio de un concurso organizado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Confederación Sindical Internacional (CSI) en el que participaron historias que muestran cómo el lugar de trabajo puede ser un lugar de aceptación, solidaridad y dignidad para trabajadores que viven con VIH.

La intención era mostrar estos “casos exitosos” justamente porque la realidad es bastante diferente para muchas personas que viven con VIH. Algunas deciden no contarlo por miedo a las represalias que pueden ir  desde el estigma y la discriminación, hasta la pérdida de su trabajo.

Mariana es trabajadora social con orientación pedagógica y es parte del gabinete psicopedagógico en una escuela secundaria. Además dicta clases de construcción de ciudadanía en la provincia de Buenos Aires, lo cual le facilitó un poco las cosas.  Los cargos en el sistema educativo argentino se cubren a partir de un acto público, y se acceden a través del puntaje.

Algo habitual para muchas empresas  de Argentina es realizar exámenes de salud denominados “pre-ocupacionales”. En teoría,  ningún organismo puede pedir que el postulante se realice un test de VIH. Sin embargo, esto sucede y sin ningún tipo de consentimiento de los postulantes. Las empresas saben que están violando la ley nacional de sida y la ley antidiscriminación, por eso no informan las razones por las cuales no toman a las personas que viven con VIH.

El camino de hacerse visible

En 2009, Mariana participó junto a otras 12 personas de Latinoamérica que viven con el virus de la campaña “Pasión por la vida” para IMLAS, la Iniciativa de Medios Latinoamericanos sobre el Sida. “Esto iba a significar un gran cambio en mi vida, y realmente iba a dar mayores frutos a mi trabajo y a la lucha contra la estigmatización en las personas seropositivas”, escribió Mariana.

Sin embargo, para poder enfrentar su exposición necesitó de un trabajo previo con su psicóloga y el apoyo de la Red Argentina de Mujeres Viviendo con VIH de la cual es miembro, y de su familia, pareja y amigos.

Cuando llegó el lanzamiento de la campaña, las reacciones no tardaron en aparecer. “Preguntaban si era verdad, si sólo era una publicidad, si era por eso que daba los talleres de VIH. La reacción menos esperada fueron algunos abrazos espontáneos que recibí en el patio, como dando apoyo sin decir nada más que ‘ayer te vi en la tele’. Con los varones de uno de los cursos, luego de que un día una compañera trajo una de las revistas, lo utilizamos como disparador para volver a trabajar el tema y brindarles la parte testimonial”.

La historia de Mariana tal vez sea una de las tantas excepciones a la regla, pero nos muestra que las personas podemos ser mejores y al mismo tiempo, que es necesario seguir trabajando en la incidencia para lograr el cambio. “Desde que mis compañeros docentes, no docentes, los y las estudiantes de la escuela, las familias y toda la comunidad educativa conocieron y conocen mi diagnóstico me demuestran que esto de ponerle el cuerpo y darle identidad a las personas que viven con VIH sirve para desarmar prejuicios, estigmas y trabajar en contra de la discriminación”, concluye Mariana.

Más información: Texto completo de Mariana Iácono

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