Conversando con un taxista, me decía: “Si las mujeres quieren ser iguales a nosotros, entonces ¿por qué todo es especial para ellas, si los hombres también nos enfermamos? Es más, ellas pueden denunciar si las violentamos y todo el mundo las defiende mientras que a los hombres se nos burla.”

Ante el evidente comentario misógino, machista y falto de información, le expuse el argumento que nos compartió Maité Ochoa de Ipas: “El Estado debe garantizar la salud tanto de hombres como de mujeres; sin embargo, la penalización del aborto terapéutico, el poco interés por el aumento de la violencia sexual y física hacia las mujeres, el pedir permiso al esposo para esterilizarse, la mortalidad materna, poco acceso a anticonceptivos, abuso sexual y embarazos en adolescentes más los problemas que también tienen los hombres demuestra la vulnerabilidad de ser mujer y la necesidad de demandar el cumplimiento de sus derechos humanos.”

No sabemos si hubo o no eco en la conciencia del taxista, sobre todo porque el cambio de comportamiento toma mucho tiempo para efectuarse; pero es una muestra clara de que entre este profesional del volante y los gobernantes no hay mucha diferencia de criterio, pues la situación sanitaria y la falta de políticas públicas a favor de la vida de las mujeres lo evidencian.

La incidencia y prevalencia del VIH entre las mujeres pone de manifiesto su especial vulnerabilidad. Antes, por cada siete hombres con VIH, había una mujer con el virus; actualmente la relación es de 1 a 1. Esto muestra que junto con el aumento de casos de VIH las mujeres han sido más afectadas: sus formas de adquirirlo están ligadas a las relaciones de poder en las parejas.

El Dr. Enrique Beteta de CONISIDA informó que hasta mayo de 2011 hay en Nicaragua aproximadamente 6.200 personas que viven con VIH. Según la Lic. Chepita Rivera Ruiz, psicóloga clínica, esta cifra evidencia la falta de eficacia que ha tenido la estrategia de promover la abstinencia y la fidelidad en nuestro país debido a la doble moral.

Sin embargo, no sólo prevención y atención del VIH son las demandas del Movimiento Feminista de Nicaragua. Otros pedidos urgentes son que el Estado nicaragüense ratifique el protocolo facultativo de la CEDAW (Convención contra todas las formas de discriminación hacia la mujer), la reducción de la mortalidad materna y el acceso a educación sexual y a métodos de planificación familiar, pues actualmente Nicaragua ostenta el título de país latinoamericano con más embarazos en adolescentes.

Rivera explicó que, según organismos especializados, de cada 1.000 adolescentes embarazadas, 180 fallecen por complicaciones relacionadas con el parto o embarazo. Una de las principales causas es que no acuden al control prenatal porque probablemente quedaría evidenciado que hubo violación en el seno familiar: “Toda niña embarazada ha sido violada”, señala la especialista. Por otra parte, se presume que este aumento de muertes está ligado a la penalización del aborto terapéutico en el 2006.

Las adolescentes deben esconder las pastillas anticonceptivas y los condones o exponerse a tratamientos peligrosos debido al temor a ser señaladas tanto por su familia como por la escuela o la iglesia. Más aún, en los centros de salud comunitarios no se respeta la confidencialidad de las adolescentes: “Más tardamos en pedir las pastillas que en saberlo nuestras madres, pues las enfermeras o el personal médico conocen a nuestras familias”, confiesan.

Estos factores estructurales contribuyen a la vulnerabilidad de la mujer ante el VIH, las infecciones de transmisión sexual, los embarazos no planificados, la discriminación y la violencia. Es por ello que el 28 de mayo y todos los días debe promoverse el día internacional de la acción por la salud de las mujeres.

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