Hace instantes en la ciudad de Ginebra, en el segunda día de la reunión de la Junta, se revisó y aprobó el nuevo criterio de elegibilidad y priorización del Fondo Mundial. Después de más de un año de discusiones a través de un Grupo de Trabajo y múltiples reuniones de los comités se logró un consenso, aunque no sin concesiones. Esta decisión tendrá efecto a partir de la próxima ronda, la undécima.

En su presentación, la mayoría de las delegaciones de gobiernos implementadores coincidió en una afirmación: el Fondo Mundial debe seguir siendo mundial. A pesar del trabajo de casi dos años, unas semanas antes de la reunión el bloque de los donantes presentó una contrapropuesta que, como era esperable, restringía aún más el acceso de nuestros países a los recursos del Fondo Mundial. El bloque de los países implementadores, receptores de los fondos, expresó su rechazo unánime a esta propuesta tardía y conservadora.

Es muy difícil explicar en un solo artículo todo el alcance de esta política, pero intentaremos en esta ocasión darles una idea general.

Elegibilidad:

La elegibilidad es un criterio que define cuáles son los países que se pueden presentar al Fondo Mundial y también en qué tipo de intervenciones o topes financieros. En la ronda décima la Junta aprobó una medida temporaria que incluía una línea de financiamiento para poblaciones en mayor riesgo (MARPs,  por sus siglas en inglés). Como hemos informado, esta medida ha beneficiado a muchos países de la región, que si se hubieran presentado en el canal habitual habrían sido priorizados últimos y eventualmente no financiados. La nueva política construye sobre las lecciones aprendidas de la ronda 10 y cuenta con un pool general y otro de intervenciones concentradas.

La nueva política permite que los países de renta baja (según el Banco Mundial) continúen teniendo acceso a los recursos sin limitaciones. Los países de renta media pueden presentarse en la misma línea pero el 50% de sus esfuerzos debe estar centrado en las poblaciones más afectadas y en las intervenciones de mayor impacto. Los países de renta media alta sólo tendrán acceso a recursos limitados para intervenciones concentradas (muy similar a lo planteado en el canal MARPs). Para los países de Latinoamérica esto significa que existirá una línea de financiamiento para trabajar en contextos de epidemias concentradas con un tope de 12,5 millones de dólares a lo largo de 5 años. En un contexto de recursos limitados, las posibilidades de un país de renta media y media alta en el pool general, con una carga epidémica concentrada serían prácticamente nulas, al menos en la próxima ronda.

Costo compartido:

Como parte de la misma política, los países deberán contribuir o incrementar un porcentaje en sus presupuestos nacionales para la lucha contra estas enfermedades, de fuentes domésticas. Todos los países, más allá de su nivel de renta, deberán cumplir esta regla. Los países de renta baja deberán demostrar un incremento del 5%; los de renta media baja, un 20% o un 40%, según se encuentren en la franja baja o alta de esta categoría; y los países de renta media alta deberán demostrar contribuciones del 60%. Aunque parezca mucho lo que se espera de los países en esta última categoría, los estudios demuestran que en la región las contribuciones domésticas superan entre el 70 y el 80%. La masa crítica de los costos de los programas nacionales de las tres enfermedades es asumida por los recursos domésticos en nuestros países. Igual esto tiene un efecto positivo porque contribuye a que ningún gobierno se tiente a reducir su inversión local en la respuesta canjeándola por recursos del Fondo.

Priorización:

Una vez que las propuestas (elegibles) son evaluadas por el Panel Técnico Revisor (PTR), son organizadas según un orden de prioridad. Tradicionalmente, en este punto Latinoamérica terminaba al final de la fila. Ante la eventual falta de recursos el riesgo era que una propuesta de buena calidad técnica fuera descartada junto con todas las agrupadas al final.

La nueva regla de priorización para el pool general es similar a la de la ronda 10 y se basa en un puntaje compuesto por las siguientes variables detalladas en la tabla:

La carga de la epidemia se calcula de la siguiente manera:

Además de asegurar una línea especial de financiamiento, este esquema de puntaje pone mayor énfasis en la carga de la enfermedad que en los ingresos de un país. También, reconoce que no solo se habla de una gran carga de enfermedad en un contexto de epidemia generalizada (como en África) sino también cuando hay una concentración de prevalencia en al menos una población.

En conclusión, se ha logrado el menos malo de los escenarios y de los resultados, manteniendo a nuestros países dentro de la cartera. El Fondo Mundial seguirá jugando un rol estratégico en todos los países en vías de desarrollo, ocupándose de hacer llegar sus recursos, financiando programas, que llegan a las personas que más los necesitan, como imperativo ético y con acertado criterio técnico, en lugar de limitarse a financiar países o gobiernos (sólo) de acuerdo a agendas ajenas.

Hoy la Junta ha dicho al mundo que la vida de una persona pobre en el África profunda que vive con VIH o tuberculosis o está afectada por la malaria (o las tres al mismo tiempo) vale igual que la vida de una mujer trabajadora sexual igualmente pobre y vulnerable en un país de Centroamérica. Y esto no es poco -más allá del dinero y la oportunidad de financiar más estratégicamente- para quienes venimos trabajando hace tiempo en este tema. Esta es una pequeña victoria de equidad, igualdad y respeto a los derechos humanos de todos y todas.

Por ahora el Fondo Mundial seguirá siendo relativamente mundial, lo que no es poca cosa :-)

Todos los artículos pueden ser compartidos y publicados siempre que sean citados los datos de la fuente.