“El motivo fundamental de la resistencia fue la indignación” S. Hessel

El 10 de junio dio por concluida en la Ciudad de Nueva York la Reunión de Alto Nivel de Acceso Universal en la que los países miembros de las Naciones Unidas intentaron ponerse de acuerdo para revisar y revitalizar su compromiso con la respuesta al VIH/SIDA.

Habiendo participado en ambas reuniones previas en 2001 y 2006, debo reconocer que llegué al evento consciente de las difíciles negociaciones en curso y con alguna expectativa de que algo realmente bueno podía resultar (o algo realmente malo, pero nada intermedio).

El título de este editorial puede sonar un poco fuerte, pero refleja el sentir de quien suscribe. No sé si fue la forma circular de las plateas, el calor abrasador, el polvo de las reformas en la ONU (solo edilicias por ahora), el desfile incesante de personajes o la cantidad excesiva de guardias que me llevaron el último día a salir de aquel microclima con la sensación de haber estado en un circo romano. En todo caso el título es además efectista y llamativo.

Ludi circenses (los juegos públicos)

Después de tantos meses de negociaciones, varias millas de consultas regionales y millones de gigabytes en la red de e-discusiones uno se siente algo culpable saliendo de estos espacios con la sensación de que todo fue lo más parecido a un fiasco. Y tampoco es fácil cuando parte de la sociedad civil desarrolló una cultura de mostrarse “aguerridos” al llegar, bravos y listos a enfrascarse en una lucha; pero transcurridos los días y después de algunas concesiones, salen algo más “mansos”,  diciendo que al final el producto no resultó tan malo y que hay cosas que destacar y rescatar. La verdad es que yo no lo creo ni lo siento así, y mi balanza se inclina hacia abajo.

Después de 30 años y millones de personas muertas, otras tantas que necesitan tratamiento más las que adquirirán el VIH próximamente, no debemos conformarnos con poco y creo que algunos se han vuelto sumamente complacientes. Parece que todos, de a ratos, nos perdemos en el lenguaje de Naciones Unidas y pienso que si dentro de un año, cinco o diez alguien nos pregunta qué hicimos en Nueva York, nos será muy difícil explicar qué logramos, qué cambiamos o qué aportamos.

Se puede decir que en el 2001 todos participamos –desde diferentes lugares- de un momento mágico de compromiso y liderazgo que posteriormente parió al Fondo Mundial. En el 2006, a pesar de no haberse cumplido el 3×5 (tres millones de personas en tratamiento en el 2005) los Estados Miembros subieron la apuesta y se lanzaron a lograr el acceso universal, empresa que caducó en el 2010. Ha habido progresos entre el 2001 y el 2006: por mencionar una fuente relativamente verificable, en la actualidad hay 3 millones de personas en tratamiento antirretroviral con programas financiados por el Fondo Mundial.

Ahora bien, si la nueva meta es de 15 millones de personas en tratamiento para 2015 vamos a necesitar trabajar duro y presionar parejo para acercarnos remotamente a ella. Sobre los compromisos y metas internacionales podemos decir que, a grandes rasgos, estamos logrando cumplir solamente el 20% de lo que se necesita, algo así como estar al frente de un hospital que solo salva dos de cada diez vidas de personas que acuden enfermas.

Tanto calor de una batalla sin fragor evaporó la mitad de mi vaso lleno.

Pan y circo: estas eran las necesidades del pueblo romano

En épocas de crisis, vacas flacas y sequía lo que menos necesitamos son profecías. Pero sin ánimo de adivinar quería compartir con ustedes la sensación, algo pesimista, de que tal vez en el 2015 exista una alta probabilidad de que no logremos muchas o ninguna de las metas propuestas. La trayectoria del financiamiento tiene ahora una línea descendente que curiosamente va acompañada de una trayectoria similar en lo relacionado con la eficacia y la eficiencia. Entonces la pregunta es: ¿qué vamos a hacer diferente y para variar? ¿No será tiempo de traer de regreso un poco más de esa indignación y movilización que han hecho única a la respuesta al SIDA?

Muchos colegas han vuelto de la reunión y estarán haciendo sus propios balances, compartiendo información y rindiendo cuentas a sus bases (no es una ironía). Y es bueno que evaluemos si todo este esfuerzo valió la pena. Por ejemplo, ¿el bloque progresista de América Latina que lideró las negociaciones hubiera sido menos progresista si nos quedábamos todos en casa? ¿Debíamos estar ahí para convertir a los conversos?

Estos días, junto a algunos colegas, escuchábamos todos los discursos oficiales en las plenarias de la Reunión de Alto Nivel para preparar el artículo “Quién dijo qué”. Y la verdad es que la mayoría son efectivamente más progresistas y en algunos casos se debe a que provienen de funcionarios de administraciones más abiertas con políticas inclusivas. Además, es un claro síntoma de que la sociedad civil logró permear su “discurso” y que por fin nuestros gobiernos están conociendo su propia epidemia. Esto es sumamente positivo.

Ave Caesar, morituri te salutant (ave, César, los que van a morir te saludan)

Como mencionáramos en otras entregas y lo destaca la declaración de la sociedad civil, las grandes ausentes han sido las trans, invisibilizadas una vez más. Y ya sabemos que omitirlas es, de alguna forma, matarlas, dejarlas a merced de los leones en este circo romano. Es justo decir que las personas transgénero jamás estuvieron en ninguno de los borradores de la declaración política, por lo que difícilmente hubieran aparecido en la versión final, aún como resultado de las mejores negociaciones. Una grave ausencia de la que todos somos un poco responsables –y desde temprano- en este proceso. Y hasta que no podamos ponernos un poco en sus zapatos, identificarnos y solidarizarnos, seguiremos siendo cómplices de esta crisis humanitaria.

Finalmente creo que un evento de las Naciones Unidas pone en evidencia, una vez más, algunos de los desafíos que la sociedad civil enfrenta. Es importante formar parte de la delegación oficial pero sin dejar de ser sociedad civil (mucho menos usar la ocasión para saldar temas locales). Es necesario participar en los procesos de las Naciones Unidas sin dejar de ser activistas y demandar con urgencia que la retórica sea acompañada de políticas y programas. Tendemos a confundir las palabras de los documentos y declaraciones con los hechos: ni las declaraciones de la OEA, de las Naciones Unidas o de cualquier otro mecanismo multilateral podrán por sí solas proteger la vida de una trabajadora sexual trans parada en una esquina, prevenir la transmisión vertical del VIH o reducir la carga viral. El lenguaje inclusivo, positivo y progresista es el primer paso (tan solo) de un largo viaje hacia el acceso universal a la prevención, tratamiento y cuidado relacionados con el SIDA.

No hay en el horizonte ni en la agenda otra reunión de esta naturaleza, por lo que el trabajo por hacer es ante todo doméstico, en una temporada en la que nuestra causa, el VIH/SIDA, pareciera para muchos haberse pasado de moda.

“Les deseo a todos, a cada uno de ustedes, que tengan su motivo de indignación. Es un valor precioso. Cuando algo te indigna como a mí el nazismo, te conviertes en alguien militante, fuerte y comprometido.
Crear es resistir, resistir es crear”

Stéphane Hessel

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Nota del editor: Queremos cerrar esta cobertura especial de la Reunión de Alto Nivel agradeciendo una vez más el apoyo brindado por Alessandra Nilo a toda la sociedad civil de la región. En forma incansable, antes y durante el evento, Alessandra no perdió ninguna oportunidad de ofrecernos un apoyo muy oportuno.

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