Como informamos en artículos previos, los bloques de los países miembros de las Naciones Unidas se encuentran hace semanas negociando el lenguaje de la Declaración Política de esta reunión. Este evento puede marcar el cierre de un proceso que dio comienzo en el 2001 con la Asamblea General sobre SIDA y la reunión de seguimiento del 2006 (donde se presentó la noción sobre Acceso Universal).

Los avances en relación con la respuesta al SIDA están también enmarcados en los Objetivos de Desarrollo del Milenio, el Objetivo 6, proceso que debiera concluir en el 2015. El sueño de erradicar la pobreza y contener al SIDA, la tuberculosis y la malaria parece que quedará en una expresión de deseos. Más y más personas tienen acceso a la prevención, tratamiento y cuidado del VIH pero estamos lejos de poder hablar de un acceso universal.

Estos días y hasta altas horas de la noche, diplomáticos, negociadores y ministros cuestionan el lenguaje inclusivo y basado en los derechos humanos, que a regañadientes en todo caso, ya habían aceptado en el 2006. Hemos hablado con funcionarios y colegas de la sociedad civil que vienen participando en las negociaciones o se han sumado en estos días y podemos decir que hay consenso en no ser optimistas. Existe un alto riesgo de volver al pasado y aprobar una declaración muy débil o contraproducente.

¿Dónde se bloquean las negociaciones?

Poblaciones más afectadas: En el borrador original se mencionan las poblaciones en mayor riesgo de adquirir el VIH, como por ejemplo los hombres que tienen sexo con hombre (HSH), las trabajadoras sexuales y los usuarios de drogas. Muchos países africanos, árabes y caribeños no aceptan este lenguaje en la declaración porque los enfrenta a una realidad que por cuestiones religiosas y políticas (conservadoras) no quieren reconocer, y es la existencia misma de estas poblaciones. Las dos excusas más comunes que se han empleado estos días son 1) éste –por las poblaciones- es un problema de algunos países y no de todos, y la declaración debe ser mundial; y 2) las Naciones Unidas no deben avanzar sobre la soberanía de los estados y “vulnerar aspectos culturales”. Como sabemos, poblaciones vulnerables hay en todos los países del mundo y son vulnerables al VIH; lo que sucede es que son omitidas, ignoradas, reprimidas y violentadas en nombre de los valores, las creencias y las cuestiones “culturales”.

Metas y financiamiento: Muchos países preferirían una Declaración política con pocas o ninguna meta, y aquí la brújula gira también hacia el norte. Para los países desarrollados y donantes, comprometerse en Nueva York con metas ambiciosas, de esas que salvan muchas vidas, significa comprometerse con una mayor inversión de recursos. Y como sabemos (y hemos reflejado en este espacio) en los últimos dos años, con el pretexto de la crisis financiera mundial, existe una retractación de los compromisos de financiar la lucha contra el SIDA. Por otro lado, los países en vías de desarrollo se comprometen en cada reunión regional y mundial posible a incrementar sus presupuestos de salud y SIDA con fuentes domésticas: más retórica que realidad. Por ello, salvo el bloque de Latinoamérica, la gran mayoría preferiría obviar el asunto de las metas y los compromisos financieros. Sin embargo, es un tema medular dado que una declaración sin metas con X número de vidas salvadas o millones de dólares invertidos es muy difícil de seguir y monitorear, utilizando en el norte o en el sur esta información en los procesos de rendición de cuentas.

Derechos Humanos y derechos de las mujeres: Por razones parecidas al tema de las poblaciones, muchos países se resisten a incluir el tema de los derechos humanos, pues son estados donde la mayoría de los derechos no se discuten porque tampoco existen. Por ello, por terrible que suene, es poco diplomático recordárselos o ponerlos en evidencia en un documento de las Naciones Unidas. En nombre del “relativismo cultural” que en forma epidémica crece en este mundo, lo importante es respetar la propia cultura, aunque esta incluya mutilar, abusar y reprimir a las mujeres. ¿Cómo pretenden las Naciones Unidas avanzar sobre estos preciosos valores soberanos? Por ende, la tendencia de la diplomacia y la política ha llevado a lograr que el borrador de la declaración se fuera suavizando y destiñendo, reduciendo las cuestiones sobre género, empoderamiento de mujeres y niñas, la violencia contra las mujeres y el acceso igualitario a la información y a la salud a una mera cuestión casi biomédica. En este sentido, es posible que la Declaración haga referencia a temas relacionados con la transmisión vertical para solamente ocuparnos de la salud de las mujeres embarazadas, con mayor énfasis en la salud del bebé que en la de la madre. Bebés que es deseable que sean VIH negativos (por supuesto y en cualquier caso) pero que no nacen de una incubadora sino de mujeres con muy amplia y completa gama de derechos.

Volver al pasado

Es evidente que hay claras pruebas de una falta de liderazgo y compromiso de la gran mayoría de los Estados Miembros. Con gobiernos que han dejado en manos de diplomáticos “multipropósito” de las misiones permanentes en Nueva York la negociación de temas que técnicamente desconocen. O en muchos casos pretenden ignorar la información y los acuerdos sin responder a las órdenes e intereses de sus propios gobiernos. Por ejemplo: casi la totalidad de los ministros de salud de los países de África Central y del Sur se reunieron previamente y acordaron una declaración bastante más progresista que la agenda de sus propios negociadores en Nueva York. La respuesta que dieron los diplomáticos a sus ministros fue que la declaración regional no tenía suficiente “lenguaje de Naciones Unidas”, por ello casi la ignoraron por completo, demostrando que parte del problema es el poco liderazgo en casa y mucha anarquía en la Gran Manzana. Y uno se pregunta: ¿quiénes tienen más poder, los que gobiernan o los que representan a los gobiernos fuera de los países?

Es importante recordar que este proceso no comenzó esta semana. Es un viaje cuyas estaciones más recientes han sido los informes nacionales de Acceso Universal durante el año 2010 y las consultas regionales que les siguieron hace tan sólo unos meses. Preparación y anticipación no faltó.

Es lamentable y vergonzoso que en el cumpleaños número 30 de esta epidemia existan aún países que no entienden que el SIDA es un problema de salud pública y no un problema moral; es un problema social fuertemente marcado por la exclusión y la discriminación, y no una cuestión cultural. Y es, también, un problema de derechos humanos y no religioso.

Debemos rescatar que la gran mayoría de los países de América Latina tienen un comportamiento coherente: son progresistas en casa y en las Naciones Unidas. El bloque con afinidad de países latinoamericanos liderado eficazmente por el Brasil es un faro entre tanta oscuridad (y oscurantismo). Un grupo que no sólo es firme en las cuestiones de derechos humanos, sexuales y reproductivos sino que avanza en cuestiones sobre el “derecho soberano” de salvar vidas pagando un precio razonable por los medicamentos.

En la próxima entrega vamos a compartir información sobre la reunión de la sociedad civil latinoamericana, los discursos oficiales y los eventos paralelos, pero principalmente sobre los siguientes capítulos de esta telenovela titulada “la declaración política”, que como buen culebrón es de final abierto hasta el último capítulo que, esperemos, sea con un final feliz.

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