Las organizaciones de personas que viven con VIH de Costa Rica enfrentan actualmente un momento de inflexión que provoca el abandono del acompañamiento a estas personas, la disminución de sus actividades de consejería y formación y hasta la desintegración de algunas de estas entidades. Esta es la opinión de Katia López, una activista con más de 15 años de trabajo dirigiendo grupos de auto apoyo y que hoy ve cómo la organización donde trabaja tiene que cerrar sus puertas durante tres días por semana para ahorrar recursos.

La señora López nos recibe en el lugar donde se ubican las oficinas de la Asociación de Personas con VIH/SIDA (ASOVIH-SIDA), las cuales se encuentran en la segunda planta de un edificio cercano al centro de la capital, a pocas cuadras del Hospital Calderón Guardia. Son varios cubículos y todos se encuentran solitarios, en silencio. “Desde que terminamos el proyecto con el Fondo Mundial hemos tenido que disminuir el trabajo; los grupos de auto apoyo que teníamos, acá en la capital y en varias zonas rurales, se han tenido que cerrar hace ya siete meses”, indica con pesar.

Esta es la misma historia de casi todas las organizaciones de la sociedad civil, las de personas con VIH y las que trabajan con ellas. La dependencia del financiamiento externo, vía el Fondo Mundial u otra agencia de cooperación, limita sus posibilidades de desarrollo y sus capacidades para incidir en todas aquellas áreas donde las personas requieren atención.

“La debilidad de las ONG se debe tanto a la escasez de financiamiento como a la falta de activistas”, afirma López. Asegura que las personas que recién reciben su diagnóstico positivo no sienten tanta urgencia por involucrarse en las luchas que desarrollan las organizaciones por dos razones principales: “la discriminación que existe hace que las personas oculten su condición; si una tiene que andar escondiéndose, quiere decir que la situación para las personas con VIH está muy mal. La otra cosa es que ellas sienten que no hace falta pelear porque ya todo se los dan, a pesar de que en las clínicas las siguen discriminando y siempre las atienden de últimas”.

Muchas organizaciones viven actualmente una lucha por la supervivencia, haciendo el mínimo de actividades. Y aunque algunas son puntos focales de redes internacionales que funcionan gracias a los recursos provistos por el Fondo Mundial, en Costa Rica no se dispone de ellos porque el país no califica debido a su renta media, pero también a la inoperancia de las autoridades que no han podido crear un sistema de información que provea datos actualizados sobre la epidemia. A este respecto López menciona como la principal dificultad para las personas con VIH “la falta de atención del Estado para atacar la epidemia; desde hace ya varios años que no se realiza una campaña de prevención en el ámbito nacional, y se pregona en todos los foros que Costa Rica tiene la epidemia controlada. Si no hay datos actualizados, ¿cómo dicen que ya han controlado la epidemia?”

Otro de los obstáculos para el trabajo de las organizaciones es la falta de unidad, de una planificación conjunta. Existe una red de ONG que se dedica principalmente a la incidencia política, pero algunas entidades ven con recelo su protagonismo y prefieren desarrollar sus actividades de forma aislada. También existe una red de organizaciones de personas con VIH que hasta hace pocos meses estaba conformada por cuatro asociaciones; sin embargo, una de ellas desapareció hace unas semanas.

Para López, el panorama de las organizaciones de sociedad civil tiende a ser sombrío. “Ahora viene la Ronda 11”, menciona esta activista, “pero las expectativas son muy vagas; en todo caso, el dinero que podamos obtener del Fondo Mundial no va a subsanar las carencias actuales que tenemos las organizaciones”.

Al margen de los problemas internos que puedan tener las ONG relacionadas con el trabajo en VIH, la captación de recursos económicos es una de las principales dificultades para desplegar sus acciones. Pero más problemático resulta que, tanto ellas como el país, pongan todas sus expectativas en el apoyo que pueda proveer un organismo cooperante, llámese Fondo Mundial o cualquier agencia de desarrollo de los países del primer mundo, en lugar de buscar alternativas para la autosostenibilidad. “Hasta hace poco nosotros atendíamos cinco grupos de autoapoyo por semana, solo aquí en San José, más los de otras cinco comunidades rurales, y organizamos tres encuentros internacionales”, termina diciendo López. “Hoy estamos casi cerrados, pero volveremos a ser grandes”.

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