El jueves 28 concluyó en la ciudad de San Pablo, Brasil, el 4to Foro de Asociación del Fondo Mundial para el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria. Con él terminó nuestra cobertura del evento. Si quiere leer todos los artículos sobre el Foro visite aquí.

Esta edición del Foro ha sido –en mi opinión- la mejor, quizás por la oportunidad de aportar a la construcción de la nueva estrategia quinquenal del Fondo Mundial y porque se notó una madurez en los participantes, a partir de que el Fondo tiene ya diez años.

En lo personal pude presenciar y acompañar las sesiones del grupo de derechos humanos. Este grupo desarrolló desde cero una serie de muy buenas ideas que mencionamos durante estos días en los artículos y que fueron acogidas por la plenaria. Pronto las verán plasmadas en el informe oficial del Foro de Asociación.

Hubo muy pocos colegas latinoamericanos que al parecer tuvieron una muy activa y eficiente participación, según me comentaron referentes de otras regiones. También hubo un buen nivel de discusión estratégica, con mejores recomendaciones que en ediciones anteriores –es decir, menos al estilo “lista de Santa Claus”.

Se sintió una fuerte participación de jóvenes, que además trajeron consigo una mayor presencia de las redes sociales (#PF2011 en Twitter, por ejemplo). No tuve oportunidad de discutir temas específicos con ellos pero sí creo que pronto deberán desarrollar una plataforma o propuesta como red de jóvenes que vaya más allá de la lucha por la inclusión. Treinta años de activismo de personas viviendo con VIH nos enseñaron por medio de GIPA (mayor participación de las PVVIH, por sus siglas en inglés) que además de incidir para entrar, una vez dentro hay que ganarse cada minuto de ese espacio conquistado, con ideas nuevas y mucho trabajo. Tengo la sensación de que hay algo único y revolucionario en su surgimiento y que podrán aportar mucho más.

Los próximos cinco años serán cruciales para el Fondo Mundial como un todo: en el ámbito de la Secretaría, con la concreción de la agenda de la reforma que incluye, en particular, el manejo del riesgo y alcanzar mayores grados de eficiencia; en el ámbito la Junta de Gobierno, con el desafío de movilizar los recursos necesarios para atender la demanda de los programas; y por el lado de los socios técnicos, acompañando más de cerca las necesidades técnicas para superar barreras y cuellos de botella.

Pero quizás el mayor de todos los desafíos lo enfrentará la sociedad civil, que tendrá que apoyar la implementación de las políticas de Orientación Sexual e Identidad de Género, de Fortalecimiento de los Sistemas Comunitarios y de Derechos Humanos; mejorar la veeduría dentro y fuera de los Mecanismos de Coordinación de País (MCP) para el uso adecuado y eficiente del dinero, seguido de su contribución creciente a los esfuerzos de movilización de recursos.

Mucho hemos escuchado en estos días a los participantes decir que “siempre supimos que el Fondo Mundial no iba estar para siempre” y “¿qué haremos cuando ya no esté con nuestros programas?”. Un discurso algo deprimente, de brazos caídos y aroma a profecía. Debemos recordar que en ocasiones las personas somos buenas para lograr profecías autocumplidas: tanto hablamos de que se irá que terminará sucediendo.

Además, el lenguaje apocalíptico con los donantes lejos de ayudar nos complica. Un reciente artículo en el Lancet presenta el Marco de Inversión para la lucha contra el SIDA que destaca que la curva de la necesidad de dinero a 10, 15 y 20 años se estabilizaría y caería como resultado del impacto positivo en las tres epidemias. Pero para que ello suceda hay que invertir mucho más ahora.

De algún lado debemos sacar una renovada energía con impronta activista, aquella que nos hizo famosos en la década del ’90, para sacudir esta modorra derrotista. No esperemos a que la gente vuelva a caer como moscas para ganar las calles. En ese momento ya será tarde y costoso en muchos aspectos.

Soy optimista y creo que en un futuro muy próximo el Fondo Mundial tendrá una política integral de derechos humanos acompañada de mecanismos para prevenir y mitigar cualquier violación que suceda en programas apoyados por el Fondo. Otra característica del Fondo que lo hace innovador, progresista y único. Un mecanismo multilateral de financiamiento que enviará un fuerte mensaje a los países: si requieren recursos deben adherir a estándares de derechos humanos. En otras palabras está diciendo no sólo que violarlos es inadmisible, sino que también estos actos incrementan los efectos de la epidemia.

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