En países como El Salvador el trabajo sexual sigue siendo un tema que muy pocos desean abordar. ¿Será porque algunas personas temen ser descubiertas acudiendo a las trabajadoras sexuales? ¿O será por el simple hecho de que consideran que no es un trabajo digno? Yo me pregunto: ¿cómo se mide lo digno y lo indigno? ¿Quiénes somos nosotros para juzgar si lo que hacen los demás es indigno? Estas son solo algunas preguntas que me surgen al escuchar a personas que toman una actitud de rechazo hacia las trabajadoras sexuales.

El pasado 30 de junio el movimiento de trabajadoras sexuales “Orquídeas del Mar” hizo una presentación con el objetivo de empoderar a las trabajadoras y trabajadores sexuales para hacer valer sus derechos humanos y que se reconozca el trabajo sexual como un verdadero trabajo, “con todas las de la ley”.

“No queremos ser tratadas de manera especial, simplemente queremos ser tratadas como cualquier persona”, puntualizó Haydée Lainez Cabrera, Directora del Movimiento Orquídeas del Mar y referente en el país de la Red de Mujeres Trabajadoras Sexuales de Latinoamérica y el Caribe (RedTraSex). Durante una hora Lainez explicó que el trabajo sexual es confundido con la prostitución y contó que “se sigue dando un maltrato hacia las trabajadoras sexuales por parte de las autoridades”.

“Una trabajadora sexual debe cuidar su presentación personal, debe usar preservativo, debe de estar orgullosa de ser trabajadora sexual porque no es un trabajo indigno”, destacó Lainez. Hizo hincapié en que las trabajadoras y trabajadores sexuales deben empoderarse ya que las oportunidades para conseguir empleo con prestaciones (aportes a la seguridad social y demás beneficios del empleo formal) son escasas. Explicó que algunas mujeres optan por ejercer el trabajo sexual debido a que no consiguen empleo debido a la edad o la falta de formación.

Haydée señaló la importancia de que el trabajo sexual se considere un trabajo para acceder a las prestaciones y para acabar con la discriminación y el rechazo que padecen en los centros de salud, donde, les dicen, “no es lugar para las putas”. “Ejerciendo el trabajo sexual podemos pagar la casa, la luz, el agua, el gas y alimentamos a nuestros hijos e hijas”, continuó, y destacó que la crisis económica que atraviesa El Salvador también afecta a las trabajadoras sexuales: “Es como un vendedor; un día pudo vender mucho, al siguiente no vendió nada y tiene que ahorrar para el siguiente día; eso pasa con el trabajo sexual. Si el cliente no tiene dinero, no nos busca”.

“El trabajo sexual no debe confundirse con la prostitución, la trata de personas o cualquier tipo de abuso o explotación del hombre o la mujer. La persona debe de ejercer el trabajo sexual por decisión y convicción propia”, enfatizó Lainez, quien también manifestó que “una mujer no debe de acceder bajo ningún tipo de maltrato a ejercer el trabajo sexual, ya que eso se convierte en prostitución”.

Otro punto que mencionó es la falta de apoyo a largo plazo de parte de los donantes. Por ser un movimiento de trabajadoras sexuales muchas veces las propuestas presentadas a las diferentes instancias pasan de largo y no reciben el apoyo técnico necesario para mejorar los aspectos que presentan debilidades. Así, exhortó a las organizaciones y agencias de cooperación internacional a que se les brinde más apoyo.

Aún falta mucho por hacer en nuestro país para que el trabajo sexual sea reconocido como tal, para que las trabajadoras y trabajadores sexuales sean respetadas y respetados, para hacer valer sus derechos humanos como cualquier persona y no negársele los servicios que todos y todas tenemos. La doble moral con la que muchas personas hacen señalamientos es, sin duda, uno de los grandes obstáculos que se tienen que derribar para instalar el debate público sobre el reconocimiento del trabajo sexual.

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