La Marcha de las Putas, movimiento iniciado en Canadá de reivindicación de la libertad y autonomía de las mujeres y la defensa de los derechos frente a cualquier forma de vulneración, ha recorrido más de 60 ciudades de diferentes países de todo el mundo. La Paz se pone ahora en marcha, denunciando públicamente todas las formas de violencia hacia las mujeres, así como la estructura social e institucional que la reproduce y justifica.

Palos, cartulinas y pintura se preparan desde el mes de julio para realizar esta cruzada en La Paz, impulsada por un colectivo de mujeres indignadas por la violencia de género. Exigen a las instancias legales, políticas y sociales la creación y ejecución real de leyes, normas y políticas públicas que precautelen todos los derechos que hacen a la integridad y autodeterminación de las mujeres. La concentración será en la Plaza San Francisco de la ciudad de La Paz a las 17 horas del próximo viernes 9 de septiembre.

Esta marcha “No es una marcha de mujeres en situación de prostitución sino de personas que están cansadas de ser llamadas provocadoras”, comenta Angélica Becerra, integrante de Agitadoras Sociales. “Es común en la sociedad sancionar primero a la mujer que ha sido víctima de acoso, criticando su forma de vestir y haciéndola culpable. Todas las mujeres en algún momento de nuestras vidas podemos ser calificadas de forma despectiva como ‘putas’; ¿eres puta cuando vistes de determinada manera?”, expresaron las organizadoras. En este sentido la marcha pretende eliminar dos mitos: uno, el que dice que por naturaleza el varón no controla sus instintos sexuales; el otro, que por naturaleza la mujer es provocativa.

La Marcha de las Putas es un movimiento que nació en Canadá después de que un policía aseverara que si las mujeres no quieren ser violadas “no deben vestirse como zorras”. A partir de ello se decidió protestar contra la violencia de género con una marcha que se ha extendido por medio mundo, tomando las calles de diferentes ciudades con lemas como “¡No es no!”, “Los hombres no son gatos ni las mujeres carne” o “Tengo derecho a vestirme como quiero sin ser acosada”.

Ahora en Bolivia es el turno de La Paz. El pasado 20 de julio se realizó la marcha en la ciudad de Santa Cruz, que se inundó con gente desplazándose por el casco viejo.

Así también un colectivo de mujeres hispanas marchó por las calles más céntricas de Sidney en Australia para expresar su repudio contra el maltrato y el acoso sexual. Estas mujeres enfatizaron que defienden también el derecho a no ser víctimas de violencia de homosexuales, lesbianas y prostitutas. En esta ciudad mujeres, varones, personas transgénero, trabajadores sexuales y familias con niños lucieron desde simples camisetas con vaqueros hasta velos islámicos y atuendos rosados fluorescentes con maquillaje representando al personaje de Priscila, la reina del desierto. También abundaron vestimentas góticas, mallas de red y tacones aguja, pantalones cortos, minifaldas y cabelleras teñidas de azul, rojo, púrpura o verde.

Muchas personas creen que una trabajadora sexual no puede ser acosada sexualmente o violada porque esto forma parte de su oficio. Ellas generalmente no lo denuncian, por miedo y por la sanción social que podrían recibir. Sin embargo es el grupo al que más se vulneran sus derechos en este sentido. La violencia sexual provoca daños psicológicos y físicos y hace a las víctimas particularmente vulnerables al VIH.

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