Junta de Gobierno Accra

Esta reunión de la Junta de Gobierno en Accra fue sin lugar a dudas una de las reuniones más difíciles del Fondo Mundial. Es mi opinión personal y la de la mayoría de los colegas que con ojos desorbitados buscaban la dirección al aeropuerto o cualquier otra que los llevara lejos de aquel lugar, balbuceando “la peor, fue la peor” en diferentes idiomas.

Las personas, las relaciones y las organizaciones en ocasiones tocan fondo. No todas logran rebotar y salir hacia arriba con más impulso, como diría alguna receta de un libro de autoayuda. Muchos, como piedras, tocan fondo y nunca ni rebotan, ni suben, ni salen. Y esto es lo que más o menos todos entendemos por una profunda crisis. Un emprendimiento heterogéneo como el Fondo Mundial enfrenta la peor crisis de su historia y es una crisis profunda con las personas, las relaciones y las organizaciones, que nos presenta hoy una gran “mediocridad institucional”.

Una crisis de identidad quizás. Tanto exceso de lo políticamente correcto nos sacó un poco de rumbo (estoy siendo irónico): quienes antes eran simplemente donantes ahora son socios, pero paulatinamente empiezan a perder su identidad y su naturaleza, y con ellas su capacidad de donar. No se trata solo de un problema de falta de dinero; también hay serios problemas de implementación. En la misma línea, los antes receptores de fondos pronto fueron rebautizados “implementadores”, y curiosamente muchos empezaron a enfrentar una serie de graves problemas, desafíos y desvíos que los fueron alejando de cualquier buen desempeño. Metas de desempeño que habían sido definidas en forma participativa en intervenciones, indicadores y metas establecidos en el país por los Mecanismos de Coordinación de País (MCP).

Podemos decir que en estos primeros diez años de vida del Fondo Mundial la “apropiación nacional” que se debiera haber logrado con los MCP y el proceso del desarrollo y gestión de los proyectos se inscribirá en la lista de las grandes utopías contemporáneas, como son por ejemplo “la justicia social” o “el acceso universal”.

En varias ocasiones escuchamos referencias –yo he hecho alguna también- en la línea de “el Fondo Mundial es víctima de su propio éxito”. La incapacidad del Fondo y de los asociados de movilizar recursos no lo definirá como éxito. Es tiempo de elaborar el duelo entre lo que todos queríamos y necesitábamos que esto fuera y lo que es, la realidad.

Elegibilidad, exclusión y priorización: nada nuevo bajo el sol

Desde la tercera o cuarta ronda, hace siete años atrás, empezó a surgir una tendencia de los donantes a presionar para que sus recursos fueran destinados a los “países más pobres” y con “mayor carga epidémica”. Esta agenda no solo se corporizó ahora con la crisis financiera, sino también en otras ocasiones en mejores temporadas de cosecha de recursos. Los países que ahora los donantes pretenden expulsar de la cartera ya habían estado fuera: todos los miembros del G20 y otros más. Y todos regresaron al juego gracias a las dos políticas de elegibilidad que se fueron aprobando y aplicando en los últimos años.

En Accra, los donantes dejaron en claro en público y en los pasillos que no solo querían dejar de financiar a China sino también a todos los países de renta media-alta. En la Ronda 6 o 7, ¿quién iba a imaginar que Argentina o México podrían volver a ser elegibles? Y lo fueron, y accedieron. No hay recursos, ni los habrá en unos años hasta tanto mejore la crisis financiera que golpea a más de la mitad de los donantes del Fondo.

Como resultado de esto habrá menos dinero en la fase dos de todos los proyectos, algunos países serán excluidos y no habrá Ronda 11, al menos para gran parte de Latinoamérica, porque para muchos otros países esta será la forma de no interrumpir servicios esenciales de tratamiento y cuidado. No se financiará ningún programa nuevo sino la continuidad de los que ya existen, y hay vidas que dependen de ellos. Habiendo participado y apoyado desde la Alianza, por ejemplo, algún taller de la REDLACTRANS de preparación de la propuesta regional de Ronda 11, siento vergüenza de que el Fondo Mundial, como un todo, haya traicionado la esperanza de cambiar la realidad de estas y otros luchadores.

“Vivir con lo nuestro”

Esta es un expresión que le escuché a la presidenta argentina y hacía referencia a cómo plantarnos frente la crisis global. Muchos de los países de Latinoamérica y del Caribe hispano tienen el potencial, en diferentes grados, de resolver la necesidad de fondos localmente.

Por más ‘roncha’ que nos produzca la tan repudiada clasificación del Banco Mundial sobre niveles de ingreso o renta de los países, es un hecho cierto que algunos países de nuestra región tienen muchos más recursos que otros. El problema es que no invierten en los programas necesarios. La categorización del Banco Mundial no refleja, no explica ni resuelve la inequidad de la distribución de los ingresos, las deudas internas, los altos niveles de desempleo y pobreza, o los desafíos para lograr un acceso universal.

Pero es un hecho objetivo que se trata de países que tienen la posibilidad de cubrir las necesidades de sus presupuestos de salud. Y esto explica (en términos estrictamente económicos) por qué países como Argentina, Chile, Uruguay, Colombia, Brasil y México sean los que están más cerca de cumplir con las metas de Acceso Universal en relación con el tratamiento del VIH, sobre todo si resuelven algunos problemas de desabastecimiento.

Los arriba mencionados son considerados países relativamente progresistas en temas de políticas de género, orientación sexual, identidad de género o uso de drogas. Por una extraña combinación de factores políticos, económicos y sociales los donantes los ven, en comparación con la mayoría de los países africanos, más avanzados en la agenda de derechos humanos y de la salud pública. Aunque alguien dirá “no todo lo que brilla es oro.”

Lo que está en juego es la solidaridad internacional

Es bueno recordar que los Estados Unidos de Norteamérica, principal donante del Fondo Mundial y país que además tiene una iniciativa paralela de respuesta al SIDA y otra para la malaria, sufre serios problemas sistémicos de salud pública, con su sistema de salud en quiebra y dejando a unos pocos privilegiados el acceso a servicios de calidad y gratuitos. Por suerte hasta ahora no se han replanteado la “solidaridad internacional” y no nos han dicho “mejor invierto primero en resolver mis problemas de salud y desarrollo internos, y después me ocupo del resto del mundo.”

Entonces, allá afuera, es difícil argumentar que países como México, Argentina, Chile y Brasil requieren del Fondo Mundial, tanto en términos financieros como programáticos. Seguramente estos países necesitan algo parecido a un MCP o Comisión Multisectorial, más recursos para prevención y más dinero para la sociedad civil. Recursos que están en el país, han sido incluidos y se podrán incluir sistemáticamente en sus presupuestos. Estos países ya deben independizarse definitivamente del Fondo Mundial.

Cambiar el foco o seguir perdiendo

Lo único claro entre “tanta confusión y desgracias” es saber que ya no nos darán casi nada de dinero. Como se presenta la situación actual, serán pocos los países de la región que recibirán recursos del Fondo Mundial. Debemos estar alerta con la profunda revisión y priorización en la renovación de fase dos de las Rondas 8, 9 y 10.

Al mismo tiempo, es alarmante el pobre desempeño demostrado por algunos programas en la región, expresado en la lentitud para los desembolsos del dinero a los subreceptores y el no cumplimiento de las metas de los indicadores clave.

Por todo esto me parece oportuno apuntar los cañones a los tomadores de decisiones nacionales y presionarlos para que aprueben un incremento sustantivo de los presupuestos locales que incluyan prevención, trabajo en derechos humanos y fortalecimiento de los sistemas comunitarios. Lo importante y lo urgente esta aquí.

Volviendo a la metáfora inicial, el Fondo Mundial no saldrá a flote solo; su actual peso específico e inercia lo llevan hacia abajo y con probabilidades de no salir. Todos debemos hacer lo que nos corresponde para sacarlo adelante o al menos para no ayudar a su hundimiento.

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