Hoy se conmemora en el mundo el día internacional de lucha contra el SIDA con eventos, jornadas y alguna cobertura en los medios de comunicación. Hace unos días se ha publicado el informe anual sobre el SIDA de ONUSIDA y todos podemos ver la situación en nuestro país y en nuestra región. Por ejemplo, este año la región reporta 1,3 millones de personas (adultos y niños) viviendo con VIH, cuando el año pasado reportaba 1,5 millones. Esto no significa que han desaparecido 200 mil sino que algunos países aportan nuevos datos, quizás mejores, y se producen estos ajustes en la epidemiología global.

Hay indicios ya desde el informe anterior de una relativa meseta en la epidemia y en algunos casos los primeros indicios de una reducción de los casos, en particular en las regiones con epidemias concentradas.

En 30 años de epidemia ya sabemos qué funciona y qué no. Hay un amplio manejo de la terapéutica de la infección con más esquemas amigables para el usuario y para los presupuestos en salud. Conocemos más sobre lo que no podremos conocer, ni influenciar jamás en relación con el comportamiento humano, por lo que es previsible que en el futuro no continuemos repitiendo recetas de prevención que no respondan a evidencias.

Sin embargo, ha sido el peor año en relación al desabastecimiento de antirretrovirales. Sobran los dedos de una mano para contar los países inmunes a problemas en el suministro de medicamentos. Poco se han incrementado los presupuestos nacionales de salud y de VIH, y proporcionalmente mucho menos los que se dirigen a la prevención.

En los próximos años se agudizará la inequidad latinoamericana en el VIH/SIDA, más allá de lo social y económico. Hoy las personas trans son, entre las poblaciones clave, las que menos acceso tienen. Al margen de los márgenes, los servicios de salud continúan fallando en proveer un servicio amigable que las invite a llegar a una consulta antes de que se trate de un caso de vida o muerte, que termina en la mayoría de los casos en la segunda alternativa. Las trans son blancos móviles para el odio, la discriminación y la violencia institucional al amparo de gobiernos distraídos o cómplices de crímenes impunes. No solo no baja la prevalencia en personas trans sino que se ha disparado la ocurrencia de casos de violencia y crímenes transfóbicos.

Nuestra región puede sentirse orgullosa de los porcentajes informados de Acceso Universal, los que, aunque un poco exagerados por algunos gobiernos orgullosos en exceso, son excelentes bajo cualquier comparación. Buenos pero superficiales. Hace unos meses llenamos los formatos para informar en la Reunión de Alto Nivel y semanas después ocurre un desabasto. Y en prevención poco se avanza en cuanto a un acceso efectivo de los hombres que tienen sexo con hombres, las trans y las trabajadoras sexuales no organizadas. Avances rudimentarios y grandes ganancias que se pueden perder en instantes.

ONUSIDA y el Fondo Mundial tienen una nueva estrategia, ambas visionarias y ambiciosas, con todos los aspectos de inclusión y derechos humanos que pudiéramos pensar pero sin los recursos financieros para cumplir sus metas. Tenemos hoy un marco de inversión para la respuesta al VIH en los próximos años que cuenta con la bendición de técnicos y benefactores. Lo que aún no hemos podido precisar es quién invertirá en este marco. No vamos a redundar y reiterar los conceptos que ya hemos volcado en los artículos sobre la crisis del Fondo Mundial.

Si uno piensa en estas y otras cosas se deprime. Hay señales para preocuparse y ocuparse que ya exceden el talento profético de los más eficientes agoreros. Pero como dicen las Madres de Plaza de Mayo, la única lucha que se pierde es aquella que se abandona. Y aquí estamos, muy preocupados pero lejos de tirar la toalla, ¿no?

Para exorcizar el “bajón”, el equipo de Corresponsales Clave está publicando algunas experiencias nacionales interesantes que muestran que esta región resiliente y creativa tiene mucho para dar. L@s invito a leer y conectarse con la magia de la gente que hace historia y una gran diferencia en alguna comunidad de la región. De estas y otras historias que aún no publicamos es de donde podremos sacar la energía para seguir.

Hay crisis financiera mundial en el sector de salud y de la cooperación para el desarrollo, con la particularidad de que golpea con más fuerza a los “despriorizados” países de nuestra región. Hay que salir más indignados y exigir con fuerza que continúe la inversión de los recursos de las iniciativas mundiales en nuestra región, y subrayo la palabra mundiales. Pero con igual y mayor fuerza exigir a nuestros estados, gobiernos y legisladores que con urgencia y responsabilidad incrementen los presupuestos nacionales en salud y en particular los de VIH/SIDA. Es más probable que encontremos las respuestas en casa antes que afuera.

Mientras escribo este editorial la Cámara de Diputados de Argentina da media sanción a la Ley de Identidad de Género y esta excelente noticia es el resultado de una persistente e incansable incidencia política de las organizaciones de personas trans, acompañadas por otras organizaciones del sector. Que hoy hacen eco en los oídos de un Poder Ejecutivo y un Poder Legislativo dispuestos a oír y ocuparse de su gente. Esperemos que nuestro gobierno acompañe esta medida legislativa con recursos financieros en programas de salud integral, seguridad social, inclusión y derechos humanos. Que son tan necesarios y urgentes como reconocer la identidad, y que además van muy bien de la mano.

El VIH/SIDA fue siempre un tema tan complejo en términos políticos, sociales y económicos que los primeros de diciembre, cuando salgo a la calle y participo de los eventos públicos conmemorativos, tomo conciencia de que pinchar un lazo rojo en la solapa de la ciudadanía no es suficiente. Sin embargo, sigue siendo muy importante, porque hay gente informada y desinformada, que cree y sostiene que la crisis del SIDA ha concluido, que es historia. Pero mis querid@s lectores, nosotros sabemos que este no es el caso.

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