Hace un año, repentinamente el gobierno de Paraguay demostró interés en los recursos del Fondo Mundial. Realizó una serie de investigaciones sobre la utilización de los fondos del proyecto de tuberculosis y VIH/SIDA a partir de denuncias realizadas a la Contraloría Nacional. Buscaban indagar sobre el control de estos fondos, por qué no ingresaron a las arcas del Estado y eran administrados por dos organizaciones de la sociedad civil. Se intervino primeramente el Programa Nacional de Control de la Tuberculosis y ahora buscan intervenir el Programa Nacional de VIH/SIDA.

Es importante que exista interés por parte del gobierno en conocer la propuesta y darle seguimiento a la administración de los recursos recibidos para el país, cualquiera sea el origen de los mismos. Sin embargo, analizando la información publicada en los medios de comunicación, no se habla de un supuesto mal uso de los fondos por parte de los receptores principales ni de los sub-receptores, tanto en TB como en VIH/SIDA. En cambio, repetidamente manifiestan que “el gobierno debe administrar estos recursos gestionados por dos organizaciones de la sociedad civil” o que “no hay control de los usos de dichos fondos”. Incluso, un sector denominado Contraloría Ciudadana denunció que “una persona de la comunidad indígena salió en los medios de comunicación diciendo que no tenia medicamentos para tuberculosis.”

Lo que se debe analizar a fondo son los verdaderos intereses que existen para que los recursos provistos por el Fondo Mundial sean administrados por el gobierno cuando fueron ellos quienes no asumieron el compromiso al inicio de la convocatoria, abriendo la posibilidad a que organizaciones de la sociedad civil postulen.

Sería muy bueno que el gobierno administre los fondos, pero primeramente debe ofrecer una garantía de que los mismos serán utilizados en forma eficiente y eficaz para lo que han sido solicitados, que no serán usados para financiar campañas políticas –como ha sucedido con otros recursos internacionales y nacionales- ya que coincidentemente estamos en período de elecciones. Es decir, que el interés que los mueva sea realmente el bien común de las personas y no lo meramente económico.

Otro punto a tener en cuenta es la burocracia que existe en la administración del gobierno. Esto es especialmente sensible en cuanto a una salida rápida de los fondos para una implementación efectiva de los proyectos. Los procesos de licitación toman tiempo, sumado a posibles atrasos en pagos y compras de insumos destinados a la salud y la educación.

Lamentablemente, la lentitud burocrática estatal demoraría miles de años luz para hacer efectiva la implementación, mientras las personas adquieren el VIH y otras infecciones de transmisión sexual diariamente, quienes viven con VIH desarrollan infecciones oportunistas o, lo que es peor, mueren por falta de antirretrovirales o medicamentos para tratarlas.

Reiteradamente los receptores principales y los programas nacionales de TB y VIH llevaron al seno del MCP esta preocupación, y la propia Ministra de Salud, como presidenta del MCP, acercó a la Contraloría toda la información requerida, pero aun así insisten en llevar los fondos a las arcas del estado. Lo cierto y concreto es que si hay que analizar el impacto del Fondo Mundial en nuestro país, este ha sido muy bueno. Con estos recursos se ha alcanzando a muchísimas personas tanto en TB y VIH, lo que no habría sido posible con fondos nacionales.

Considero que la inyección de recursos del Fondo Mundial ha permitido grandes avances a nivel país: se crearon servicios que antes no existían; algunas poblaciones antes invisibilizadas hoy son no solo beneficiarias indirectas sino directas, fortaleciéndose y administrando sus propios recursos; las comunidades indígenas reciben tratamiento, alimentación y seguimiento; y las personas que viven con VIH reciben atención integral gratuita y en forma continua.

Aún así queda mucho por hacer para lograr que todas las personas a nivel nacional logren una buena atención, no solo en TB y VIH sino en todas las enfermedades. Todavía existen cuellos de botella y debilidades. El Ministerio de Salud ha ido aumentando su contrapartida nacional para dar respuesta a las dos enfermedades, ofreciendo por primera vez atención gratuita de la salud. Las organizaciones de la sociedad civil han liderando procesos de fortalecimiento y promoción de pares. Los programas nacionales han aumentado la cobertura pero aún faltan muchos recursos para satisfacer la demanda.

Es importante sobre todo entender que el Fondo Mundial es un complemento para apoyar los esfuerzos nacionales, y que es el gobierno quien debe generar políticas públicas que aseguren el acceso al tratamiento y a la salud integral de todos los ciudadanos paraguayos, garantizando su sostenibilidad.

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