Cassandra

Cassandra narra el odio que le escupieron en la cara y se mantiene firme.

- Aunque quieras nunca dejarás de ser un hombre, jamás serás una mujer.

Regresa esa voz, esa escena, esas palabras sangrantes de discriminación. Su voz tiene dolor pero no le brotan lágrimas.

- Si te vuelvo a ver en un baño de mujeres yo misma te cacheteo, te golpeo y llamo a la policía.

Se le ponen rojos los ojos pero resiste.

- ¿Estás tonto? ¿no razonas? ¿no sabes leer WC Mu-je-res?

Respira, habla pausadamente y cuenta cómo la insultaron.

- Eres hombre y no mujer, y como tal debes de comportarte.

No entiende tanta saña y coraje. Desde hace 13 años trabajaba en la empresa “PrintPack” en la ciudad de Guadalajara. Ahí llegó en 1999, hasta hace unos días. En 2005 comenzó su proceso de hormonización e intervenciones quirúrgicas. Trabajó en la empresa sin problemas, sin insultos, sin agresiones, con un trato cordial con sus compañeros y jefes que respetaban su proceso de construirse.

Todos sabían que su identidad correspondía a la de una mujer. Antes de Navidad la empresa organizó una posada. Ella se puso tacones, se maquilló, se peinó su cabello pelirrojo y se pintó los labios del mismo tono. Una foto, antes de lo ocurrido, conserva su imagen de celebración de ese día.

El 17 de diciembre estaba festejando fuera de la oficina, en un ambiente de fiesta, brindando por la época navideña. Cassandra quería ir al baño y decidió entrar al de mujeres, aunque en su trabajo ingresaba al de varones porque correspondía con su atuendo. Ese día, entaconada y de gala, ingresó al baño de damas. Ahí nadie se incomodó, nadie hizo un comentario desagradable. Al salir del sanitario Cassandra brindó, festejó y sonrió con sus labios carmesí, pero la sonrisa se diluiría.

El 22 de diciembre la Gerente de Planta de Guadalajara la mandó llamar para reclamarle que “había muchos asociados y asociadas que se quejaron de tu persona; ellos se sintieron ofendidos por tu forma de vestir y porque ingresaste al baño de mujeres.”

Marcha "No a la transfobia" en México

Entre la cascada de agresiones le advirtió que para regresar a trabajar a esa empresa debía traer “un papel firmado por un notario o de un juzgado donde conste que ya eres mujer; entonces hasta ese día te voy a dejar usar los baños y vestirte como tú quieras.”

La empresa en la que había trabajado responsablemente, de forma disciplinada, donde jamás había tenido problemas, que le permitía vivir abiertamente su identidad de mujer y no ocultar sus transformaciones, había cambiado radicalmente: ahora se había convertido en un agente discriminador.

El 13 de enero de 2012 a las 14:15 horas la llamaron para pedirle su firma en un documento. Con engaños le dijeron que no habría consecuencias negativas para ella pero debía firmar ese papel para entregarlo a los directivos y asociados de la empresa. Luego fue llamada por otra persona: la coordinadora de área de otro estado de la República Mexicana, proveniente de Querétaro. Ella fue quien le dijo la serie de insultos que aparecen en la primera escena.

Cassandra los repite en un tono de tristeza, de dolor e impotencia, parece que llorará pero no rueda ni una lágrima porque tiene claro que “yo quiero ser como soy”. Entre los insultos, la coordinadora también le reclamó que su aspecto era inmoral: “¿Cómo es posible que personas como tú estén laborando aquí? Es mala imagen para la empresa y para el personal que trabaja dentro de ella.”

Luego de esto la empresa le notificó la rescisión de su contrato por las siguientes razones (según la compañía): “ejecución de actos inmorales e indecentes”, “conducta impúdica”, “comportamiento insolente”, “conducta indebida” y “actos contra natura.”

¿Una empresa incluyente?

La página 5 del Código de Conducta Empresarial e Integridad Corporativa de PrintPack señala que “El comportamiento abusivo, engañoso o violento no será tolerado. La compañía tampoco tolerará ni aceptará actos de discriminación, acoso sexual, o cualquier otro acto que viole la política de igualdad de oportunidades y empleo de PrintPack.” Quisimos conocer la opinión de la empresa ante su propio acto de discriminación, pero no obtuvimos respuesta alguna.

Cassandra, aunque dolida, indignada y triste, no está dispuesta a callar. Por eso emprendió una demanda legal por despido injustificado y comenzó también el proceso para evidenciar la discriminación y transfobia en la empresa, con apoyo de la organización civil CODISE.

Rodrigo Rincón de CODISE está trabajando en el acompañamiento del caso. Advierte que esto evidencia la urgente necesidad de una Ley contra la Discriminación en el Estado de Jalisco, porque la que existe a nivel federal no tiene competencia en los casos entre particulares. Por lo pronto, Cassandra ya presentó una queja ante el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, donde pueden llegar a una conciliación con la empresa e incluso ésta podría recibir cursos de capacitación sobre la no discriminación.

¿Por qué ocurrió esto, si el propio manual dice que no será discriminado ningún trabajador ni trabajadora? ¿Por qué después de 13 años de trabajar, aun habiendo adquirido una discapacidad al perder un dedo de su mano derecha, Cassandra fue despedida?

Ella todavía no lo puede asimilar. Mientras lo procesa libra una lucha, sigue firme sin arrepentirse de haberse puesto tacones aquel día, haberse pintado los labios de rojo, arreglado su cabello e ingresar al baño que correspondía con su identidad: la de mujer.

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