Hace un tiempo hicimos un spot con letra de una canción de Mercedes Sosa para difundirlo el día de la vigilia en memoria de las personas fallecidas a causa del SIDA. Este mensaje fue muy conmovedor para las personas con VIH y familiares: “Ellos nos dieron algo que es imposible no recordar”… Aunque pasarán años, nuestros amigos, parejas o familiares que murieron por causa del SIDA seguirán siempre en nuestros pensamientos y corazones.

Hace unos meses, en la sala de un hospital, un gran amigo me decía: “quiero ser libre, ya no aguanto más”. Primero no entendí muy bien que quería decirme, y luego cuando insistió en que “quiero ser libre de este cuerpo, libre del sufrimiento, libre de las miradas”, entendí que se estaba despidiendo. Ya no le pedí que ponga todas sus fuerzas para seguir viviendo, sino que comencé a ayudarlo a despedirse. Es muy duro ayudar a un amigo a que se despida, pero comencé a rezar y aceptar su adiós.

Muchas mujeres y hombres activistas en todo el mundo dieron sus vidas para que hoy tengamos algunos derechos. Pasan por mi mente las horas y días de reuniones, negociaciones y hasta de súplicas a los ministerios y agencias de cooperación para lograr el acceso a la atención integral a los servicios de salud, para contar con medicamentos y un trato con calidad y calidez. ¡Cuántas horas de nuestras vidas invertidas en reuniones y acciones de incidencia política para lograr políticas públicas sostenibles! Y todavía nos queda un largo camino para el ejercicio pleno de nuestros derechos.

El 22 de mayo realizaremos en Bolivia la vigilia mundial en memoria de las personas fallecidas a causa del SIDA. Esta vez no vamos a hacer reivindicaciones de nuestros derechos; solo queremos evocar, recordar, llorar la ausencia y decirles a nuestros seres queridos que ya no están, que nos veremos pronto, porque también el cansancio invade nuestros cuerpos y a veces pienso en la libertad que me decía mi amigo: esa libertad que estoy dispuesto a aceptar, porque estoy seguro que el día que ya no esté entre ustedes, Dios me preguntará si he sido fiel conmigo mismo, si he sido feliz, y mi respuesta será SÍ.

Para los que partieron, deben estar seguros que siempre habrá alas nuevas, con plumas blancas en el alto cielo. No habrá piedras que nos hagan volver atrás pues ya descubrimos “Qué bella cosa es la libertad”.

Porque hay una luz que alumbra el alma de todos, como un himno nuevo de los que se fueron y ya no están. Pero nos dejaron algo que es imposible no recordar: su paso por la vida.

Un abrazo de un hombre apasionado y agradecido por la vida,

Daniel Ruiz Díaz

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