Los libros de historia y la memoria colectiva están repletos de relatos sobre cómo el hombre blanco, los militares y otros grupos hegemónicos maltrataron y eliminaron sistemáticamente a los pueblos originarios desde el descubrimiento del continente, patrón sostenido hasta nuestros días. Pocas frases reflejan de mejor manera el menosprecio y la violencia que “un buen indio es un indio muerto” o “indio visto, indio muerto”. Desgraciadamente estas calamidades latinoamericanas persisten y se han extendido incluso a otros colectivos, fragmentando los movimientos e hiriendo gravemente al activismo. Esta vez le toca a Honduras, donde desde el golpe de estado a Manuel Zelaya el 28 de junio de 2009, han asesinado a más de 40 activistas y líderes LGBTI.

Erick Martínez Ávila

El último caído en esta macabra espiral de violencia contra las comunidades LGBTI (lesbianas, gays, trans, intersex) ha sido Erick Martínez Ávila, un destacado activista gay integrante del Colectivo Kukulcán, quien fue encontrado asesinado el pasado 7 de mayo con graves indicios de violencia y sadismo. Del liderazgo de Erick vale destacar su siempre incisivo activismo, apuntalado por su otra pasión: el periodismo. Recientemente era pre candidato a una diputación por la Fuerza de Refundación Popular (FRP), movimiento vinculado al Partido Libertad y Refundación (Libre), surgido del Frente Nacional de Resistencia Popular que se creó cuando Manuel Zelaya fue derrocado en junio de 2009.

Generalmente, los medios de comunicación tradicionales ahondan en los retos hondureños en materia de seguridad, economía y criminalidad, pero tienden a invisibilizar los infiernos cotidianos que viven algunas comunidades. Lesbianas, gays y trans en Honduras han sufrido históricamente la homofobia, lesbofobia y transfobia.

Aunque en la región se reconoce un ambiente social y político más bien hostil hacia las comunidades LGBTI, el caso de Honduras requiere de acciones urgentes y sistemáticas para garantizar la vida de las y los activistas y sus comunidades, pues pareciera que nuestro único desafío en la región es el VIH. Es impostergable el desarrollo de una agenda regional que garantice en primera instancia la integridad de las y los presentes en la primera línea de fuego. Sin ellos y ellas, ¿cómo sostener la respuesta al VIH? ¿Cómo trabajar por la igualdad y la inclusión? ¿Cómo continuar frente al monstruo de la violencia, sus esbirros y sus aparatos de represión?

Probablemente, clamar por justicia a los aparatos estatales hondureños sea como ladrarle a la luna, pero no lo es exigir a los movimiento regionales LGBTI que asuman activamente la solidaridad y el compromiso ante un hecho de proporciones atípicas en la región, sólo comparado con la intolerancia en algunos países de África. Otra parte de la respuesta debe venir desde los actores políticos estatales, bilaterales y multilaterales, los cuales han asumido la situación sotto voce. Sin pretender minimizar los efectos e impacto de la violencia en contra de las mujeres y sin ser un experto en estadísticas, puedo asegurar que la tasa de violencia cometida en contra de las comunidades LGBTI en Honduras supera por mucho la tasa de femicidios y los niveles de violencia en contra de otras comunidades.

Los y las activistas podemos –y probablemente así será– rasgarnos las vestiduras y clamar por justicia un par de días mientras superamos el shock ya cotidiano y esperamos otro estertor cuando impunemente suceda un nuevo evento deleznable. Probablemente las redes regionales inunden los buzones con sentidos comunicados y plañideras frases rogando por la paz interior y la resignación de los y las compañeras de lucha y familiares. Pero ¿es esta la mejor respuesta desde los movimientos LGBTI? ¿Reconocemos en el terreno las implicaciones de llamarnos activistas o defensores de los derechos humanos? ¿Alcanzará la agenda de las agencias de cooperación bilateral y el sistema de Naciones Unidas para ejercer una presión política ante tanto horror? ¿Podrán las máximas instancias regionales para la defensa y promoción de los derechos humanos ¡por una vez! trabajar activamente para la aplicación efectiva del principio de igualdad? Francamente no lo sé. No deja de rondar en mi mente el correo recibido por uno de mis amigos en Honduras, que comparto con ustedes para que puedan dimensionar el impacto de estos hechos entre las y los líderes LGBTI:

“En estos momentos que vivimos no sabemos cómo reaccionar, estamos confundidos… desorientados con un gran dolor en el corazón, llenos de dolor, tristeza, llanto, indignación y sobre todo mucho miedo con todo lo que está sucediendo a nuestras y nuestros compañeros. Yo no sé qué hacer ni qué decir ni cómo actuar. La fuerza y fortaleza me caracterizó en algún momento se me ha apagado. Gracias por todas sus muestras de solidaridad, en mi corazón siento que debo ir despidiéndome, que ya no sé qué mas hacer. Que el miedo, el temor me han ganado.”

¿A ti te remueve algo? ¿Recuerdas el concepto de empatía? ¿Escribirás un sentido correo o verdaderamente harás algo para que esto no suceda nunca más ni en Honduras ni en ninguna otra parte?

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