La primera presentación estuvo a cargo de Javier Martínez-Picardo del Instituto de investigación IrsiCaixa, y trató sobre la erradicación viral (del VIH), “la agenda de la cura”. Antes de hablar sobre la complejidad de la erradicación viral el presentador se preguntó “¿Por qué  hay que curar el SIDA?” La respuesta, aunque obvia, es afirmativa. El fundamento principal es que, aún cuando existe una diversidad de esquemas de tratamiento eficaces, no se puede tener a una persona en tratamiento por siempre. Aún cuando ha caído la mortalidad de las personas que viven con VIH en tratamiento, la misma sigue siendo más alta que en aquellas personas seronegativas.

Así también, no es lo mismo prevenir el VIH en forma integral con el uso de condones y (en breve) medicamentos; la meta última y urgente es suprimir el virus del organismo. Aún estando en tratamiento, las personas que viven con VIH cargarán con el estigma y la discriminación vinculados con la seropositividad. Por último, la adherencia es difícil de sostener en forma consistente de por vida. Todo esto refuerza la importancia de seguir invirtiendo en investigaciones que redunden en la eliminación del virus. “No es ni será lo mismo tenerlo que no tenerlo”, afirmó Martínez-Picado.

El Doctor Martínez-Picado explicó los desafíos que la ciencia enfrenta en la erradicación del virus en una persona positiva. Aún con una carga viral indetectable, la persona que vive con VIH tiene una infección activa (esto incluye la inflamación crónica de los órganos vinculados con el sistema inmune) y el virus sigue estando presente. El VIH se aloja en reservorios de difícil acceso y con una actividad casi latente o una replicación mínima residual y persistente. ¿Cuáles son las estrategias posibles? El trasplante de células o la terapia genética.

Timothy “Ray” Brown, conocido como “el paciente de Berlín”, sería la única persona que se habría “curado” de la infección por VIH. Brown, diagnosticado positivo en 1995, tuvo una biopsia positiva de leucemia en el 2006. Recibió un trasplante de células de un donante que tendría resistencia a contraer el VIH. Desde entonces dejó su tratamiento antirretroviral (ARV) bajo estricta supervisión médica y el virus no volvió a aparecer en sus estudios de laboratorio. Aún muchos científicos son escépticos acerca de la posibilidad de que Brown haya eliminado el virus porque aún se pueden encontrar huellas genéticas.

Hubo un llamado a realizar más inversión en estas líneas de investigación. En la misma plenaria Nelly Mugo, de la Universidad de Kenia, habló de la ciencia aplicada y la nueva revolución en la prevención. En su país, la mayor prevalencia mayor de VIH se da entre parejas heterosexuales casadas (44%), seguida por las poblaciones clave con un 25%. Mugo se mostró precavida con la estrategia del tratamiento como prevención por su experiencia de trabajo en el terreno, donde los niveles de adherencia son bajos. La percepción del riesgo a infectarse con el VIH y conocer el estado serológico son las claves.

La expositora hizo un llamado a deshacerse de las políticas y estrategias que no funcionan, que no están basadas en la evidencia. Los servicios que ofrecen la asesoría y prueba voluntaria deben estar integrados en el sistema de salud. Sugirió que quizás habría algún valor añadido en tomar un ARV como profilaxis preexposición para aquellas poblaciones clave cuya vulnerabilidad aumenta en una determinada temporada. Las estrategias de prevención deben ser apropiadas por las comunidades, deben ser flexibles y creativas.

En conclusión, propuso:

- Centrarse en las poblaciones. Debemos cambiar la dirección y centrarnos solo en las poblaciones más específicas en cada contexto; los jóvenes son la clave y deben ser priorizados.
- Paquetes de intervenciones. Solo se deben emplear abordajes que hayan probado ser evidentes, y si se emplean estrategias biomédicas estas deben combinarse con los aspectos del comportamiento.
- Cobertura. Para lograr un gran impacto se requiere una amplia cobertura sin por eso perder la apropiación de las comunidades.

Bernhard Schwartländer de ONUSIDA habló del financiamiento y el marco de inversión: “Invertir fuerte ahora para ahorrar y sostener luego”, un análisis interesante que hemos compartido antes en Corresponsales Clave. El expositor explicó que aún cuando el tema más importante sigue siendo la pobreza, debemos abandonar la idea de la “caridad internacional”, habida cuenta de la crisis económica de los países desarrollados.

Desde 2009 empezó a escasear el financiamiento internacional y este año por primera vez el monto de dinero invertido en la respuesta al SIDA de fuentes nacionales superó levemente a la cooperación internacional. Esto puede ser una noticia muy buena o terrible, depende cómo se la vea. Llamó a los activistas a girar su atención hacia sus capitales y su líderes y mirar menos hacia afuera, creando movimientos nacionales por la salud.

Y volvió a enfatizar que si hoy no se invierte más, probablemente por encima de un 30% de lo que se está contribuyendo, lo que se invierte ahora no tendrá mayor efectividad. Trece mil millones de dólares no alcanzan para cambiar el curso de la epidemia.

Nada nuevo bajo el sol

La segunda sesión plenaria de la conferencia no aportó nada nuevo que hubiera merecido una sesión de este “nivel” en pasadas conferencias. La parte científica no respalda aún la agitada retórica de las soluciones mágicas con forma de pastillas. Y si así fuera, no hay disponibilidad de recursos financieros para afrontar estos abordajes nuevos.

No sé si es el “síndrome del segundo día de la conferencia”, cuyo síntoma es el de salir corriendo de aquí, o se confirmarán los pronósticos de una conferencia con pocos avances y novedades para compartir.

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