Las del título fueron las palabras que se escucharon durante la sesión “El activismo por el SIDA hoy en día: reavivando la llama”, en la que hablaron activistas de distintas partes del mundo resaltando la importancia del movimiento social en los procesos para dar respuesta a la epidemia.

El primero en relatar su experiencia fue el ruso Alexei Kurmanaevski, quien vive con VIH desde hace 10 años y es usuario de drogas desde los 15. Cuenta que su esposa y sus dos hijos están en Moscú mientras él busca encender la chispa en las personas para caminar hacia el mismo fin: dar respuesta al VIH en usuarios de drogas.

Alexei señaló que el estigma y la discriminación son los factores centrales que impiden el acceso a los tratamientos en los usuarios de drogas y por eso es necesario -en alianza con los organismos internacionales- movilizar a los gobiernos, pero para esto se debe generar la esperanza en las personas que son las que realmente dan respuesta, generando el interés y la participación. “Sin nosotros no se puede hacer nada”, afirmó.

Las barreras de acceso se hicieron presentes de nuevo en la sala con la emisión del video de la líder transgénero de Asia del Pacífico, Khartini Smalah, a quien nombramos en otro artículo y no pudo asistir a la conferencia por la prohibición al ingreso a Estados Unidos de personas trabajadoras sexuales.

Gina Brown de Estados Unidos, mujer, madre y abuela que vive con VIH desde hace 18 años, destacó la participación de varias mujeres a lo largo de la historia en la defensa de los derechos humanos y afirmó que desde las pequeñas acciones como enviar un simple correo electrónico exponiendo su punto de vista, se puede hacer activismo, no siempre siendo el protagonista, generando la integración de la comunidad en las actividades y los sistemas de respuesta.

Eman Said de Egipto, mujer viviendo con VIH desde hace 11 años, relató cómo fue la creación de Mena Rosa, primera organización de mujeres viviendo con VIH del este y norte de África y exigió mayor financiación y apoyo de organismos internacionales y educación para combatir el estigma y la discriminación.

Todas las experiencias dejaron entrever que la sociedad civil debe estar unida para generar un verdadero cambio, donde no existan protagonismos y se trabaje horizontalmente. Se debe buscar la forma de incluir a la mayor cantidad de actores para ejercer la presión necesaria, aprovechando la razón de que sin activismo no hay prevención ni tratamiento, y sin activismo no se puede hacer nada. Como bien dice el dicho, “la unión hace la fuerza”.

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