El diagnóstico e inicio temprano del tratamiento, la reducción en el consumo de tabaco, las dietas bajas en grasas, la realización de estudios e investigaciones en medicamentos, el acceso universal, la integración se los servicios de salud y una vida más sana, fueron parte de las conclusiones de la sesión de hoy titulada “VIH en el contexto sanitario global”.

La sesión que contó con la participación de Anthony Harries, asesor senior de la Unión Contra la Tuberculosis y las Enfermedades Respiratorias de Francia, Judith Carrier, profesora de la Universidad de California en Estados Unidos y Yogan Pillay, subdirector general de los programas de salud del Departamento de Salud de Sudáfrica, destacaron la importancia de la integralidad de todos los servicios de salud para dar respuesta al VIH, en especial en las coinfecciones como la tuberculosis y las enfermedades no transmisibles.

Carrier explicó cómo una mejor calidad de vida resultará en un tratamiento antirretroviral más adherente y más efectivo. En Estados Unidos, ejemplificó, muchas personas son adictas al tabaco y esto reduce las posibilidades de éxito en el tratamiento, unido al consumo de grasas saturadas que generan problemas cardiovasculares, por lo que se recomienda una dieta balanceada y realizar ejercicio un mínimo de tres veces a la semana, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de las personas que viven con VIH. Hizo hincapié en las infecciones en adultos mayores y sus perjuicios para el tratamiento antirretroviral, por lo que aumenta el riesgo de morbilidad.

Pillay recomendó una buena relación entre los medicamentos y los precios, buscando la efectividad mayor en el manejo de la respuesta al VIH en los países de bajos y medianos ingresos. Expuso la experiencia de Sudáfrica, donde 1,7 millones de personas tienen acceso al tratamiento y se logró reducir la tasa de transmisión de 8% en 2008 a 2,7% en la actualidad.

Dijo además que, para lograr la eficiencia del sistema, se deben reducir gastos administrativos y que cada país se apropie de su programa nacional de respuesta al VIH, con la posibilidad de aliarse con otras naciones y buscar la manera de ser solidarios y llegar a consensos donde se identifiquen las prioridades centrales y darles a estas un mayor apoyo para poner fin a la epidemia.

Los programas nacionales de VIH deben estar siempre articulados con otros como los de tuberculosis, malaria e infecciones no transmisibles, para realizar un ejercicio satisfactorio de respuesta pero trabajando en conjunto. “Lo que se necesita es armonía para que varios actores participen con equidad”, argumentó.

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