En el taller “¿Prevenir con educación? ¿Dónde, cuándo y cómo?”, en el marco del VI Foro Latinoamericano y del Caribe en VIH/SIDA e ITS que se está llevando a cabo en San Pablo Brasil, del 28 al 31 de agosto, Cinthya Chacón Aguilar ofreció una interesante ponencia. Cinthya es parte de la Asociación Demográfica Costarricense y su exposición se basó en la importancia de la educación sexual integral y la discusión a lo largo de la región sobre su inclusión en la currícula escolar. La mesa fue compartida por José Ángel Aguilar Gil de DEMYSEX (México) y Leonardo Arenas de COASCE (Chile), quien también actuó como moderador.

Cinthya expuso algunos mensajes clave para la implementación de la educación sexual integral en los planes educativos. Reconoció que, si bien existe un acuerdo ministerial, en los países no hay avances reales en la implementación de la educación sexual. Leonardo Arenas puntualizó que “El documento de prevenir con educación fue firmado por 20 ministerios de la región.”

“La educación sexual debe ser un proceso a lo largo de toda la vida, de adquirir información y formar actitudes, creencias y valores sobre la identidad, las relaciones y la intimidad. Esto no es netamente una cuestión de infancia y adolescencia sino que es un proceso de formación que acompaña el avance de los años. La inclusión del placer y los valores es crucial”, señaló Cynthia.

La educación como herramienta para personas jóvenes favorece la adquisición de información correcta. Esta información debe ser necesariamente laica, científica y completa. Así se alimentan actitudes y valores positivos. “Si yo educo, la persona puede tomar decisiones”, afirmó la expositora.

Luego explicó que a nivel regional se observa un inicio temprano de las relaciones sexuales. En el caso de Costa Rica, único país católico por ley de la región, la edad promedio de iniciación sexual es a los 12 años, mientras que en Brasil la edad promedio es a los 14 años.

Los mensajes clave -muy pertinentes para exponer ante organismos tomadores de decisión- que forman parte de este programa de educación sexual integral son:

- No pretende remplazar los valores de la familia. Es importante llevar este mensaje a todos los espacios de incidencia puesto que favorece el intercambio y suele ser la primera acusación recibida; se dice que busca “romper la familia”, pero se trata de que las familias se informen para poder predicar el mensaje.

- La educación sexual integral es mucho más amplia que evitar los embarazos no deseados, las infecciones de transmisión sexual (ITS) y las relaciones sexuales coitales. Involucra aprender sobre el placer, la identidad, etc.

- Favorecer la postergación del inicio de las relaciones sexuales. De esta forma, las personas comienzan sus relaciones conscientes de qué quieren para sí.

La responsabilidad es tanto de las madres y los padres como del Estado. La educación sexual integral es una responsabilidad estatal. Todavía, en muchos de nuestros países los padres deciden si los hijos reciben o no educación sexual. Con esto no solo se violan los derechos de los niños sino que además se pasa por encima la decisión de los Ministerios de Cultura o Educación de incluirla en la currícula escolar. Por otra parte, se genera una inequidad entre los niños por la educación que reciben.

La educación para la afectividad y la sexualidad integral fomenta la creación de factores de protección para niños, niñas y adolescentes. La información es la mayor protección para todos y todas. Al estar capacitados y haber recibido información, los jóvenes pueden optar por sí mismos qué hacer con su cuerpo y con sus relaciones. Es una herramienta fundamental para la prevención del VIH y las ITS.

La educación sexual integral es reconocida internacionalmente como elemento fundamental para superar la pobreza y mejorar los índices de desarrollo humano. Tiene un impacto directo sobre las tasas de embarazo adolescente, el acceso al trabajo y el índice de pobreza.

El compromiso de los Estados es crucial para que los programas de educación sexual se lleven adelante y contribuyan a formar niños, niñas y adolescentes capaces de disfrutar responsablemente de su sexualidad.

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