Por: Ana María Béjar, Responsable del Equipo de Latinoamérica y el Caribe, International HIV/AIDS Alliance

Foto: Guilerme Kardel/Dep. de DST, Aids e Hepatites Virais

La mega metrópoli de San Pablo, uno de los motores de la economía emergente brasileña, ha sido testigo de profundas reflexiones por parte de la alguna vez llamada vibrante sociedad civil de América Latina, que honestamente se cuestiona tener actualmente la relevancia necesaria para enfrentar estos tiempos de cambios tan profundos.

Y los cambios no se refieren únicamente a la drástica reducción de la cooperación internacional y la anunciada disminución de subvenciones del Fondo Mundial para la región, sino también al establecimiento de una agenda global galopante marcada por los avances tecnológicos en prevención y tratamiento.

¿Estamos listos para asumir las nuevas tecnologías cuando no hemos evaluado si tuvimos algún éxito con las banderas que enarbolamos durante las últimas décadas? En definitiva, y a pesar de los millones invertidos, la incidencia política no ha disminuido dramáticamente en la región y miles de personas siguen muriendo cada año por causa del SIDA en todos nuestros países, incluido el paradigmático Brasil.

Y es en tiempos de cambios cuando surgen las preguntas más fundamentales. “¿Qué posición tomamos con respecto al tratamiento como prevención cuando aún existen miles de personas que, necesitándolo, no tienen los antirretrovirales que necesitan para sobrevivir? ¿De qué nos sirve ser la región con la tasa más alta de cobertura de tratamiento en el mundo cuando en la práctica tenemos un desabastecimiento crónico de antirretrovirales en cada vez más países?”, se pregunta Pablo Anamaria, líder fundador del movimiento de personas viviendo con VIH del Perú.

Esta incongruencia entre el planeta de las cifras y las leyes y la vida diaria de las personas viviendo con VIH, mujeres trans, hombres gay y trabajadoras sexuales se revela también en la violencia y la violación de los derechos humanos en una región donde la criminalización no se concentra únicamente en los países del Caribe anglófono.

Foto: Guilerme Kardel/Dep. de DST, Aids e Hepatites Virais

Y la incongruencia continúa en el tema del financiamiento. Un reciente estudio de ONUSIDA muestra cómo once países de América Latina tienen gobiernos que financian al menos el 70% de su respuesta nacional al VIH. Sin embargo, los presupuestos nacionales de VIH/SIDA son gastados en menos del 20% en los primeros seis meses de los años financieros nacionales.

Quizás no necesitamos más dinero sino más capacidad de gestión de los Gobiernos y una sociedad civil que monitoree la inversión estatal y los asesore sobre cómo promover la movilización comunitaria y la provisión de servicios de salud con calidad, capaces de atender a las personas con calidez.

¿Qué celebraremos o lamentaremos en el 2015? ¿Y cómo influiremos en la agenda post 2015? ¿Podremos algún día declarar el fin de la epidemia del VIH/SIDA en la región? Son muchas las preguntas pero escasas las respuestas.

“Somos buenos diagnosticando la situación, pero no pasamos a la acción”, continúa Pablo. En los últimos dos días he escuchado repetidas veces que hay que definir dos o tres prioridades, que hay que abandonar las agendas de grupos específicos para plantearnos una agenda común de la sociedad civil, que desde el nivel regional fortalezca la incidencia nacional para lograr que los Gobiernos no solo inviertan mejor, sino que incluso sostengan financieramente la respuesta de la sociedad civil.

“Nos equivocamos de interlocutores”, dice Alessandra Nilo, Directora Ejecutiva de LACCASO. Y explica: “los jefes de los programas nacionales de SIDA no han resultado ser la puerta de entrada adecuada a la toma de decisiones en el sector público. Hace falta establecer nuevas alianzas con otros sectores e insertarnos en las agendas más amplias de desarrollo e inversión pública de nuestros países”.

Foto: Guilerme Kardel/Dep. de DST, Aids e Hepatites Virais

Para establecer acuerdos concretos e inmediatos como sociedad civil hace falta la presencia de líderes y redes cuya ausencia se ha sentido mucho en este Foro. He presenciado una honesta autocrítica y una renovada energía para avanzar, reforzada por la presencia de jóvenes líderes viviendo con VIH que han nacido con el virus, cuya presencia refresca y genera esperanzas de renovar los viejos liderazgos.

La promesa de que inmediatamente terminado el Foro comenzará la construcción de una agenda política de la sociedad civil, acorde al momento de la epidemia que nos ha tocado vivir en América Latina y el Caribe, me hace pensar que esta vez sí avanzaremos.

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