El Foro sucedió finalmente en los últimos días de agosto en el marco del Congreso Nacional de Prevención de Brasil, y como anticipamos en un artículo previo, la participación de colegas de la región fue muy limitada. Quienes pudieron participar lo hicieron merced a la generosidad del gobierno de Brasil y algunas agencias, como expositores del programa. Las becas internacionales fueron menos de cien y algunos países estuvieron ausentes. Hubo más expositores que público, en lo referido a la dimensión regional del evento. También fue notoria la ausencia de algunas de las redes.

Para el equipo de Corresponsales Clave también resultó muy difícil estar presentes y ofrecer una cobertura. Sin embargo, con el apoyo de una corresponsal, varios colegas y buscando información de diversas fuentes, hemos logrado ofrecer a quienes no pudieron ir -la mayoría- una cobertura con doce artículos sobre lo que pasó y lo que no pasó en el evento.

© Agencia Aids Brasil

No vamos a abundar en la tan mentada crisis de la respuesta en América Latina, de su sociedad civil o de la totalidad del asocio regional y mundial que incluye gobiernos y agencias, porque creo que ya se encuentra suficientemente caracterizado en los artículos que preceden a este editorial.

Ya sabemos que el Foro, en su dimensión regional, quizás no aportó mucho al debate o a mover una agenda y abundó en presentaciones que en muchos casos fueron confesiones públicas de lo que se debería hacer pero no se hace. A confesión de parte, relevo de pruebas. Es bueno que todos y todas podamos escucharnos, leernos y hacer una reflexión, una retrospección o insight.

Me gustaría en este editorial reflexionar sobre la crisis que atraviesa la respuesta en Brasil, porque para quienes llevamos décadas en este trabajo, este país y su respuesta multifacética nos han parecido un modelo a seguir, de a ratos una utopía y una experiencia de la que aprender mucho. Yo he aprendido todos estos años de Brasil y creo que paradójicamente, con la capacidad de anticipación de esta nación hermana, todos podemos aprender mucho de lo que está pasando ahora.

El martes 28 de agosto, en la ceremonia de apertura, ante cada discurso de los funcionarios del Gobierno brasileño, los activistas les sacaron una “tarjeta roja”, literalmente, acompañando esta demostración con cánticos y gritos.

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“¡Oh Dilma, qué papelón ¿no?, las reglas con la religión!”, y “Tengo SIDA, tengo prisa, la salud es lo que importa”, fueron algunos de los cánticos acompañados de carteles que decían, por ejemplo: “Dilma, está terminando el programa del SIDA: no cumple con lo firmado y deja a la religión mandar en la salud”. Los funcionarios, a su turno, se defendieron llamando a una respuesta multisectorial con la participación de todos los sectores, incluyendo a los activistas.

La intervención que recibió una calurosa recepción fue la de Beto Volpe, de la Red Nacional de Personas Viviendo con VIH/SIDA (RNP+), quién afirmó que la ausencia del máximo liderazgo del Gobierno en la ceremonia y en la conferencia es el mejor ejemplo del descuido que la administración actual está dando al tema. Volpe criticó el veto a las leyes federales sobre  los kits contra la homofobia en las escuelas públicas, el fundamentalismo religioso presente en la toma de decisiones del Gobierno y los municipios, como así también las grandes dificultades en el uso de los fondos de los Planes de Acción Objetivos (AMP) frente a la epidemia.

Oportunamente, el presidente del Foro de ONG en SIDA del Estado de São Paulo, Rodrigo Pinheiro, denunció el hacinamiento que padecen las personas internadas en los hospitales debido al cierre de salas y cómo se incrementa la prevalencia del VIH en las poblaciones en mayor riesgo.

Jehová Pessin Frogoso, del Grupo Esperanza -un movimiento social de lucha contra la hepatitis- afirmó que esta enfermedad todavía sigue muy descuidada en el país y dijo: “Esperamos que esta vez el movimiento de la hepatitis puede realmente aprender del movimiento contra el SIDA y dejemos de ser el hermano pobre del SIDA.”

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Un Gobierno líder, el brasileño, pierde interés en el SIDA. Una nueva administración deja de priorizar estos temas de salud y el resultado es el mismo: más gente se expone al VIH y muere. Algunos colegas reconocen off the record que este fenómeno los tomó con las “defensas bajas”, relativamente desmovilizados y habiendo “naturalizado que el gobierno nacional seguiría comprometido por siempre.”

Como muchos, estos grandes activistas brasileños cansados, desmotivados y desempleados intentaron imaginarse una realidad donde “se había terminado el SIDA”. No se los puede culpar por esto. Es difícil defender que los funcionarios y tecnócratas sostengan que estamos trabajando cercanos al “fin del SIDA”. Estamos muy lejos, y lo que pasa hoy en Brasil es un doloroso recordatorio de que lo avanzado con mucho esfuerzo se pueden retroceder rápidamente.

Por ahora, poner “fin al SIDA” tiene más tufillo a eslogan publicitario, y como puede ocurrir con los “tres 0”, sin dinero ni compromiso esto pueden quedar en simple retórica. Lo que no sería otra cosa que cero nuevo financiamiento, cero nuevas ideas de mayor impacto para incluir más poblaciones y lograr mayor acceso, y cero rendición de cuentas.

Lo que expresaron los activistas en el Foro de Brasil ya tuvo sus represalias: el Ministro de Salud, Alexandre Padilha, se reunió el 4 de septiembre pasado con diferentes actores de la respuesta multisectorial y “desinvitó” al representante de la Red de Personas Viviendo con VIH, José Rayan. En un hecho inexplicable. Expresamos nuestro repudio hacia este tipo de accionar que demuestra una pobre política e institucionalidad y manifestamos nuestra solidaridad con la RNP+.

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El caso brasileño es emblemático, es una señal de alerta temprana para todos y todas. La mayoría de las personas con VIH en el mundo viven en países de renta media. Países para los que la cooperación internacional para el desarrollo ya es historia del pasado y la única respuesta posible será “vivir con lo nuestro”: incidir para incrementar los presupuestos nacionales de salud y SIDA, asegurar que se invierta en intervenciones basadas en las evidencias e intensificar un monitoreo cercano.

Brasil y la administración Rousseff han dado claras señales de que esto será muy difícil de realizar. ¿Qué nos queda para el resto de nuestros países? Bueno, ya sabemos: desabastecimiento, leyes que criminalizan la transmisión, poco avance en la investigación, juzgamiento de los casos de violencia, y la lista sigue. La crisis no es solo brasileña: ya llegó a nuestros países y ya pasó el tiempo del diagnóstico, la “autocrítica” y la retórica repetitiva. Necesitamos pasar a la acción.

Nota del editor: Agradecemos muy especialmente a los colegas de la Agencia de Noticas de SIDA de Brasil que han sido fuente de información e imágenes para este y otros artículos. Pueden ver una muy completa cobertura del Foro y los temas aquí planteados en http://www.agenciaaids.com.br/

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