Setenta ciudades de todo el mundo abogaron en estos días por la despatologización trans. En México se realizó en estados como Jalisco, Nuevo León, Sonora, Hidalgo, Oaxaca y el Distrito Federal. En la capital del país se realizaron dos eventos: el oficial, en la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, fue organizado por ProDiana, AC, y contó con la participación de sexólogos, activistas, historiadores, y algunas personas trans. El segundo se llevó a cabo en el Centro Cultural Javier Villaurrutia, localizado en el ícono de la diversidad que es la Glorieta de los Insurgentes. La organización estuvo a cargo de las activistas trans Angie Rueda y Trixie Sabatini. Además se llevó a cabo la exposición “Expresando nuestro ser”, que presentó fotografías de mujeres (y un hombre) trans, en sus ambientes cotidianos. Finalmente, se presentó una performance.

Condición humana y no patología es como las personas trans se definen a sí mismas, deseando que la sociedad lo entienda porque en ello va la vida de las personas travestis, transgéneros y transexuales. Como expresó Mara Sofía de Travestis México (TV Mex): “No encarnar el género es arriesgar la aceptación, es arriesgar la propia vida”.

En mayo de 2013 la Asociación Psiquiátrica Americana definirá la situación de la condición trans en el manual DSM5. Ahora, en el DSM4, figura como un trastorno de identidad de género. En el DSM5 -según lo relatado en estas jornadas trans- se definirá como una disforia de género. Para Mirna Pulido, activista transgénero, que se considere la condición trans como una enfermedad mental es un factor que alimenta la transfobia.

La despatologización de la condición trans obligaría a los tomadores de decisión a tratar a estas personas como iguales, aún cuando no entiendan realmente qué es lo que signifique ser trans, aún cuando no puedan revivir una experiencia similar en el contexto cultural al que pertenecen.

También ayudaría a comprender las necesidades de las chicas y chicos trans, más allá del discurso medicalista de la reasignación sexo-genérica y el discurso legal de la identidad. Más allá de eso son personas que tienen necesidades como cualquiera: tener un empleo digno; tener una (o varias) pareja con quien compartir su vida; desarrollarse y trascender; vivir con dignidad su forma de ser, sin ser violentadas o violentados; recibir servicios de calidad; y finalmente, ser parte de la sociedad, como un componente valioso de la misma.

El psicólogo Carlos Sánchez González considera que la importancia de promover la despatologización de la condición trans radica en la posibilidad de evidenciar el fracaso de la dicotomía hombre-masculino vs mujer-femenino, que en nuestra cultura ha implicado, sigue implicando y seguirá implicando (en el caso de no modificarse) un gran sufrimiento y el mantenimiento de estructuras que perpetúan y reproducen patrones que legitiman la dominación y explotación de un grupo de seres humanos sobre otro/s.

Y justamente, durante estas pláticas también surgieron preguntas que suenan a sentencia: ¿qué clase de sociedad queremos que nos acepte como gays, como lesbianas o como trans? ¿Realmente está la población trans padeciendo una enfermedad? ¿O es la sociedad la que está enferma?

Durante la sesión del curso de Promotores de Derechos Humanos del PIIAF, pudimos conocer las experiencias de vida de Trixie, Marlene, Sandy y Angie, personas que están empoderadas y que viven en una situación muy positiva: cuando se dieron cuenta de su diferencia, se pensaron únicas en el mundo, pero conocieron personas y grupos que las apoyaron y se asumieron con orgullo; ahora tienen un empleo, un lugar cómodo para vivir, tienen cubiertas sus necesidades, algunas tienen pareja.

Ellas, así como Samantha Fonseca, Gloria Hazel Davenport, Paty Betancourt, Rocío Sánchez, Karla Gallegos, Diana Barrios, Mirna Pulido, Silvia Borja, Mario Sánchez, Daniel Zúñiga Flores, entre otros y otras, realizan acciones para promover la despatologización. Ellas y ellos son solamente las personas que ya pueden levantar la voz, las que ahora son importantes, las que se hacen escuchar; pero todavía hay muchas trans a las que la despatologización no les va a regresar la dignidad arrebatada ni en un día ni en un año.

Son las trans que por la falta de oportunidades que significó estar en la marginalidad, no pudieron estudiar, y que ahora no pueden tener otro trabajo que el sexual o la estética. Son las trans que por no ser “pasables” no pueden acceder a un empleo acorde a sus estudios. Son las trans que viven extorsionadas por la policía, vejadas y vejados por los servicios de salud, discriminadas y discriminados por los vecinos, agredidas en la calle por los machistas, o peor aún, las personas trans atacadas y asesinadas.

La despatologización también puede implicar la pérdida de ciertas ventajas. Al ser considerada una enfermedad, las personas transexuales han accedido a servicios de salud en nuestro país para reasignar su sexo mediante tratamientos hormonales y quirúrgicos. De no considerarse una enfermedad las autoridades sanitarias podrían justificar la reducción de presupuesto para estos procedimientos. Sin embargo, activistas y líderes trans tienen claridad en este tema: salud significa el desarrollo del bienestar, y eso justificaría continuar con dichos tratamientos.

El reto es inmenso: derribar los binarismos y heterosexismos, actitudes extremas que inundan el imaginario social, y que están inmersos todavía en los manuales de psiquiatría, que son los que aprenden los profesionales de la salud; están también muy arraigados en la cultura de las personas que aún no pueden aceptar la diferencia. “Hay que hacer entender al mundo que hay realidades que no son hegemónicas”, señaló Pulido.

De acuerdo con el manifiesto del PIIAF, es urgente encontrar nuevos referentes que minen la etiquetación binaria de la sexualidad; se oponen enérgicamente al sufrimiento, la segregación y la violencia a quien no cumple con los patrones establecidos. Señala que todas las personas tenemos derecho a decidir libremente lo que hacemos con nuestros cuerpos.

Angie Rueda, quien apoya la campaña Stop Trans Pathologization (STP 2012), compartió lo que considera es urgente en México en materia de derechos de la población trans:

- Eliminar el requerimiento del pago a los peritos para aprobar la condición trans.
- Acceso a salud integral, específico, de calidad, cubierto por el gobierno.
- Acceso al empleo ya que el cambio del nombre en el acta de nacimiento no lo garantiza debido al prejuicio de los empleadores de la iniciativa privada.
- Violencia, transfobia, crímenes de odio.
- El suicidio es la principal causa de muerte en personas trans, es decir que algo no se está logrando para garantizar el bienestar a esta población.

La despatologización, sea o no una realidad en 2013, es apenas el comienzo. Falta mucho por hacer para promover una convivencia sana entre los diferentes componentes sociales. Las personas trans claman por oportunidades, claman por respeto. El primer paso lo dieron las personas trans que el 18 y 19 de octubre se reunieron todas y todos para definir su estrategia con respecto a la despatologización. Ahora presentan un discurso más unificado a pesar de haber tenido muchas discrepancias durante sus reuniones. Es un ejemplo para el colectivo LGBTI, siempre dividido. ¡Sumémonos a sus demandas!

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