En México, la festividad del Día de Muertos es muy importante para la mayoría de las personas, que acostumbran montar ofrendas con alimentos, bebidas y fotografías de sus seres queridos que ya fallecieron para acompañarlos en su viaje al más allá. Esta es una tradición que refleja el sincretismo religioso que une las tradiciones prehispánicas con las cristianas. El primero de noviembre es el día en que se recuerda a las niñas y niños que han muerto, y el dos de noviembre a los adultos.

Desde hace diecinueve años se realiza en la Ciudad de México la velada en memoria de las personas fallecidas por complicaciones relacionadas con el SIDA. La primera se llevó a cabo en la Plaza Río de Janeiro de la Colonia Roma. Tradicionalmente es organizada por la sociedad civil, y cada año cambia la organización anfitriona. En esta ocasión, Amigos contra el Sida y la Casa de la Sal fueron los organizadores que lograron conjuntar un evento muy emotivo y significativo, que se realizó en un lugar destinado a ser emblemático: el Museo Memoria y Tolerancia.

Por quinto año consecutivo se lleva a cabo la iniciativa de la velada para conmemorar también a las personas del colectivo LGBTI que han muerto por diversas causas; y a raíz del aumento significativo de los crímenes de odio, este año se realizó también la primera velada en memoria de las personas muertas por homofobia, lesbofobia, transfobia, y demás fobias que provocan estos asesinatos.

“Desde aquí, desde lo lúdico, en este día que nos une como mexicanos y mexicanas porque como colectivo hemos tenido pérdidas”, fueron las palabras de Antonio Medina antes de leer la lista de nombres como Arturo Díaz Betancourt, Chabela Vargas, Cachirulo, Horacio Mejía Fonseca, entre muchos otros, que han dejado un legado de lucha, de creatividad y de talento a la población LGBTI. Muchos han muerto por causas naturales, accidentes, o enfermedad. Muchos por complicaciones relacionadas con el SIDA. Una gran cantidad por crímenes de odio.

Son más de ciento veinte las víctimas de ese odio, que en palabras de Alejandro Brito, Director de Letra S, “es la máxima expresión de la homofobia; sus demandas de justicia los expusieron a ese odio homofóbico“. El comunicador citó a Carlos Monsiváis: “El asesino por odio homofóbico sólo activa el arma homicida creada por la intolerancia social”.

Y continuó Alejandro: “También venimos a mostrar nuestra indignación, nuestro coraje. No basta con recordar y honrar su memoria. Para honrar su vida y verdaderamente recordar su memoria hace falta crear comunidad. Hace falta fortalecer nuestra respuesta comunitaria para que en un futuro no muy lejano no sea la muerte la que nos convoque, sino que sea el orgullo comunitario. Y en todo caso si alguna muerte nos llegara a convocar de nuevo, que sea la muerte de la homofobia, la muerte del odio, la muerte de la intolerancia, que vengamos no a honrar sino a enterrar”. Alejandro Brito mencionó a Agnes Torres, asesinada en Puebla, Quetzalcóalt Leija, asesinado en Chilpancingo, Octavio Acuña, asesinado en Querétaro y Cristian Sánchez, asesinado en la Ciudad de México.

El director del proyecto Condomóvil AC, Polo Gómez, leyó las palabras de Xabier Lizárraga, enviadas por estar en cama debido a una enfermedad respiratoria. Xabier se refirió a cómo vivieron la pandemia del SIDA en los años ochenta: “Primero nos invadió el desconcierto, después la desesperación. Pero luego la solidaridad anidó en nuestros ánimos y aunque nuestras lágrimas humedecían el hacer cotidiano, supimos lo que teníamos qué hacer: resistir y no olvidar. Muchos hombres y mujeres conocidos y desconocidos se nos fueron escurriendo de las manos a causa de una pandemia que nos sobrevolaba como muertos de angustia. Hugo Valle fue el primer activista de Lambda del que se supo falleció por causa del SIDA. Después los nombres queridos se fueron sucediendo con mayor velocidad: Mario Rivas, Ismael Casillas, Pepe Cuéllar, Jorge Ortiz de la Mora, Sergio Maxil, Edgar Molina, Arturo Díaz Betancourt… se fueron sumando uno tras otro, recordándonos alegrías pero incrementando nuestro compromiso”.

Alonso Hernández, quien lleva adelanye el proyecto Obituario LGBTTI Maxicano, compartió el dolor y el olvido que deja la muerte de muchos compañeros y compañeras de la población de la diversidad sexual: “la homofobia trasciende más allá de la muerte; las familias muchas veces queman los archivos, queman su memoria, queman sus nombres y tratan de olvidarse de aquella tía solterona, de aquel tío joto, de aquella tía trans que de repente se fueron para nunca más volver, y entonces se cumple lo que temían los griegos: que con la memoria se fueran desvaneciendo los nombres y rostros y la vida de todas y todos nuestros compañeros y compañeras, amigos, amantes, y muchos de ellos condenados a un segundo clóset, al clóset de un féretro que no se piensa abrir”.

Y con respecto a la sede del evento, David Alberto Murillo, Director de Amigos contra el SIDA, recalcó que es el lugar donde nos corresponde estar, por la memoria de las personas queridas de nuestro colectivo y por la tolerancia que buscamos, aunque señaló que “más que buscar tolerancia, estamos buscando respeto”. David anunció que en un futuro cercano los nombres de las personas que han muerto víctimas de la homofobia, la transfobia y la lesbofobia estarán conservados en el Museo Memoria y Tolerancia.

Con el reconocimiento a las organizaciones civiles que montaron su ofrenda, y con la presentación de la obra de teatro de la compañía “Experimentos por la VIHda”, culminó este evento significativo y muy emotivo. Queda la sensación de lo vulnerables que somos ante la muerte y ante el odio, pero también de lo que podemos lograr y dejar para la posteridad si luchamos unidos contra el prejuicio.

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