Guadalupe Orozco dice adiós a una coordinación a la que llegó como voluntaria hace cinco años, movida un tanto por la curiosidad y las ganas de poner en práctica sus conocimientos de Sociología, carrera en la que ella misma recuerda como quería “hacer la revolución”.

Lupita conoció VIHas de Vida para cumplir con un trabajo escolar, para conocer y analizar las estructuras organizacionales. Terminó la tarea, resolvió aquella calificación, pero a Lupita le quedaron ganas de aprender y hacer más. Han pasado varios años, pero ella aún recuerda cómo fue que se acercó para pedir espacio: “en aquel entonces era un jesuita llamado Hernán Quezada quien lideraba la organización. Le dije que quería seguir colaborando como voluntaria; él me preguntó: ¿y en qué área quieres colaborar?; en derechos humanos. Sorprendido me dijo ‘muy bien, pues tendrás que hablar con el coordinador del área y posteriormente entrar a un curso de inducción, también tendrás que hacer una visita al hospital’”.

La chica con espíritu revolucionario miraba el asunto del VIH/SISA, como ella misma califica, como “una problemática social digna de ser estudiada por una aprendiz de científica social”. Todo cambió radicalmente cuando fue al hospital como parte de su trabajo en el área de “Acompañamiento”.

En el pabellón de VIH del Hospital Civil de Guadalajara encontró que más allá de indicadores había personas, jóvenes, adultas, mujeres y niños que vivían no solo con la enfermedad, sino también con el estigma, el abandono y la discriminación. Esa visita fue un detonante para el camino que seguiría esta activista.

“No fui sola, un equipo de cuatro personas nos acompañamos mutuamente, íbamos en pares, un experto con una inexperta. No pude decir nada, sólo veía camas, ojos tristes, cuerpos delgados, vergüenza y agradecimiento de las personas hospitalizadas. En ese momento me di cuenta de que el VIH era algo más que un problema de salud, que un objeto de estudio; me di cuenta que era un problema no solo de ellos, sino también mío, de la sociedad entera”; comenta Orozco.

Desde ese momento se involucró con el tema hasta ser nombrada Coordinadora General de VIHas de Vida en 2008, ciclo que se ha cerrado después de cinco años. Cuando se le pregunta por la reacción de su entorno respecto de su decisión de dedicarse a la prevención y atención del VIH, recuerda que al principio se le ubicaba como una “monja” , especialmente por ser una mujer heterosexual; pero sabe que contribuyó a reducir el estigma y el prejuicio, contrario a lo que ocurre con los hombres que trabajan en la misma área que generalmente son tomados como gays o personas que viven con VIH.

En las Vigilias de VIH, en los Encuentros entre familiares y personas con VIH, en las Mesas de trabajo para Alumbramientos sin Sida en Jalisco, en las Mesas de Derechos Humanos, en la Conferencia Internacional de SIDA en México, en encuentros de Centroamérica, Lupita Orozco ha estado presente. Deja esta coordinación y resalta el aprendizaje en esta área, “durante los cinco años de trabajo en la organización tuve que aprender muchas cosas, armar equipos de trabajo, aprender a trabajar en redes, desarrollar capacidad de escucha y de recaudación de fondos. Durante todo este tiempo creo que la organización me ha permitido abrir mi mente a nuevas perspectivas, nuevas formas de entender el mundo. VIHas de Vida ha sido para mí una herramienta para ampliar la mirada, me ha permitido ampliar mi horizonte.”

En el Día internacional de la Mujer, esta joven concentró sus esfuerzos para atender a las mujeres de Jalisco, especialmente desde el área de transmisión vertical que, desde su perspectiva, ha quedado invisibilizada. “Las políticas públicas de atención al VIH se han enfocado en las poblaciones mayormente afectadas, en este caso, los hombres. Esto ha traído como consecuencia que las mujeres sean vistas como una consecuencia, un problema colateral, de las prácticas de riesgo de los hombres. (…) No se han desarrollado campañas que desmitifiquen la idea de que sólo los hombres, y los hombres homosexuales, son más vulnerables. La salud de las mujeres con VIH sigue siendo tratada como un asunto de la vida privada,” comenta Lupita. “Por otro lado, las mujeres cuidan mucho más su contexto de confidencialidad, difícilmente podemos encontrar mujeres con VIH activistas porque no sólo tienen que cuidarse de ser discriminadas ellas mismas, sino que tienen miedo de que sus hijos e hijas sean discriminados. Esto hace que la atención a la mujer con VIH sea más compleja aún”, agrega.

VIHas de Vida, brinda acompañamiento psicológico a las mujeres que buscan apoyo y orientación, que en su mayoría son mujeres heterosexuales y con hijos, que conocieron su diagnóstico a partir de la muerte o enfermedad de sus parejas. La organización las anima a formar parte del grupo de Mujeres Mariposa, un grupo de auto apoyo de mujeres que viven con VIH liderado por una mujer positiva. El trabajo de pares y el intercambio de experiencias de vida facilitan la empatía y la confianza, ello las fortalece y las ayuda a llevar su condición de salud y enfocarse en su cuidado.

El trabajo en Prevención de la Transmisión Vertical

Guadalupe Orozco considera que trabajar en prevención de la transmisión vertical es uno de las cosas más bonitas que existen; “Cuando un bebé es dado de alta, uno puede ver la luz al final del túnel. Toman sentido todas las luchas, todos los recursos humanos, materiales, todas las convicciones, todos los esfuerzos. Es cuando una se da cuenta que todo, absolutamente todo ha valido la pena.”

Para el éxito de su trabajo ha sido necesario unir esfuerzos y tener una perspectiva en común. “El trabajo en la Mesa de Alumbramientos sin Sida en Jalisco me he dado cuenta que cuando las voluntades se unen, cuando las esperanzas confluyen, cuando verdaderamente hay interés, los resultados son altamente positivos”, señala Orozco.

El activismo siendo mujer

Orozco comenta que ser mujer -y heterosexual- en el activismo de VIH es muy difícil. “Tienes que ganarte legitimidad, tienes que demostrar por qué es importante tu aporte, por qué si no vives con VIH tienes el derecho a luchar en el tema. Por otro lado, como mujer una tiene que ir definiendo su forma de liderazgo. A veces quería ser como otros hombres líderes de organizaciones, pero después me di cuenta que no era por ahí el asunto. A veces me daba por ser como una mamá, como una gallina que cuida a sus pollitos, pero eso tampoco funcionaba. Ahora no podría describir cómo es mi liderazgo, lo que puedo decir es que está basado en la convicción de que sí puedo aportar algo en el tema, independientemente de mi condición de mujer.”

Lupita piensa que todos y todas tenemos un compromiso en la respuesta al SIDA, independientemente de la preferencia sexual, condición de salud, situación económica. Somos parte de un todo, por eso toca ser corresponsables y cuidar la armonía de ese todo.

En el mes en el que se celebra el Día Internacional de la Mujer, es importante mostrar ejemplos de trabajo como este, que hace posible que muchas mujeres puedan vivir plenamente su derecho a la Salud.

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