Hace menos de dos semanas fue asesinada en Colombia Luz Yohana López Vidal, una mujer dedicada al trabajo sexual y gran activista por los derechos de las trabajadoras sexuales (TS); fue hallada al borde de una carretera. Del asesinato no se sabe mucho, salvo que algunos testigos la vieron por última vez con un taxista como cliente; y se teme lo peor, que quede impune.

Muertes como estas suceden a menudo en los países latinoamericanos y muchos de ellas caen bajo el mismo patrón, entorno de violencia e inacción de los operadores de Justicia. Según el Primer Registro de Crímenes contra Trabajadoras Sexuales que presentó el año pasado la Red de Mujeres Trabajadoras Sexuales de Latinoamericana y el Caribe – RedTraSex, fueron 153 los casos de asesinatos de mujeres trabajadoras sexuales en América Latina en los últimos 10 años.

Sin embargo, Elena Reynaga, Secretaria Ejecutiva de la RedTraSex, señala que, a pesar de todos los esfuerzos que se hicieron para completar este documento, el número no se aproxima a la realidad, la cual llegaría a triplicar los casos de muertes violentas reportados, “no se tienen recursos suficientes para que en cada país se reporte periódicamente los casos de muerte de nuestras compañeras”, comenta Reynaga.

Unas de las principales causas de la violencia y la impunidad frente a ella, son la clandestinidad y la marginalidad a la que están condenadas las trabajadoras sexuales, a pesar de que en ningún país de Latinoamérica se penaliza o criminaliza su trabajo. Esta clandestinidad victimiza doblemente a las trabajadoras sexuales, quienes además de la violencia física, se exponen a cuestionamientos y malos tratos por parte de los operadores de justicia si tienen la osadía de hacer una denuncia.

Elena Reynaga, Secretaria Ejecutiva de RedTraSex

La desprotección reina en el trabajo sexual y frente a ella, las herramientas con las que cuentan, son casi inexistentes. Por ello la RedTraSex y las diversas organizaciones que la conforman en los diversos países de América Latina han puesto en marcha múltiples acciones de incidencia política para lograr Leyes que reconozcan el trabajo sexual como trabajo y así, contar con un marco legal que proteja mínimamente a las mujeres que se dedican a él. “Queremos un marco legal que reconozca el trabajo sexual autónomo, sin prostíbulos ni proxenetas; que reconozca también la posibilidad de asociarse, como una cooperativa de trabajo. (…) Si no hay un marco legal, las trabajadoras sexuales se exponen no solo a la violencia sino también a los chantajes de los policías. (…) Como no hay un marco legal, no se puede denunciar los abusos de clientes ni de policías”, critica fuertemente Elena Reynaga.

Una Ley de trabajo sexual, orientada a la protección del derecho al trabajo y otros derechos fundamentales de las mujeres que se dedican a él, dotaría de un marco normativo básico que les permita ejercer su ciudadanía. Así, las trabajadoras sexuales podrían recurrir a la justicia para denunciar maltratos o abusos de parte de clientes, dueños de locales y agentes policiales.

Es necesario tener en cuenta, sin embargo, que una ley no resolverá todos los problemas a los que se enfrentan las mujeres trabajadoras sexuales. “La Ley no va a ser la panacea, porque hay cuestiones culturales que no se cambian de un día para el otro. (…) Vivimos en una sociedad hipócrita, detrás de esa inacción de la justicia hay una doble moral e hipocresía muy grande, porque muchos de los jueces demandan también los servicios de TS”, dice Elena Reynaga, y añade “esa doble moral impide también que los familiares hagan la denuncia por la muerte y exijan justicia, porque no quieren que en su entorno se sepa que la mujer, hermana, madre o hija era trabajadora sexual”.

De la mano con la incidencia política para lograr una Ley del trabajo sexual, las organizaciones de mujeres trabajadoras sexuales están vinculándose cada vez más estrechamente con organizaciones de mujeres que luchan por la eliminación de todas las formas de violencia contra la mujer que les permita fortalecer sus discursos contra la violencia. Asimismo, están ampliando sus conocimientos de los recursos con los que cuentan en sus propios países, como las Defensorías del Pueblo, las Defensorías de la Mujer, entre otros.

La muerte de Luz Yohana no será en vano, fortalecerá el trabajo de sus compañeras para lograr un entorno de protección donde las mujeres puedan ejercer el trabajo sexual con autonomía, nutrirá sus discursos y argumentos. Con Leyes que reconozcan el trabajo sexual como trabajo no habrán más Luz Yohanas.

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