Se acerca el 1ro de mayo, día del trabajo y aún recuerdo cuando, mientras cubría el evento más importante de VIH en el mundo el año pasado, la Conferencia de SIDA 2012, las personas trans de todas las latitudes exigían a los gobiernos y delegaciones presentes el acceso al trabajo digno. La situación no ha cambiado mucho en los últimos diez meses; hoy en día se sigue discriminando a las personas trans y se les sigue encerrando en empleos como la peluquería y el trabajo sexual. Vaya realidad que se opone al cambio.

En una reciente conversación con una persona trans -que prefiere guardar su identidad-, comentó que a pesar de contar con un título profesional, se ve obligada a tomar empleos de baja calificación porque cada vez que asiste a entrevistas laborales, se le cuestiona el por qué en su documento de identidad dice “sexo masculino”. Por esta razón ha sido rechazada de oportunidades de trabajo acorde a sus estudios de administración de empresas.

Quisiéramos saber en qué están trabajando los gobiernos de América Latina para cambiar esta realidad injusta y estigmatizante en la que están obligadas a vivir personas tan iguales a las demás, solo distintas en su identidad de género; personas trans que se mantienen firmes a pesar de la discriminación que les atropella sus derechos y la posibilidad de ser ciudadanas. La discriminación se convierte en una de las barreras más difíciles de superar por las personas trans al momento de conseguir un empleo, tanto así, que muchas se ven obligadas a esconder su identidad de género para conseguir un trabajo o para continuar con sus estudios profesionales, a pesar de la existencia de leyes antidiscriminación, que muchos parecen desconocer.

Con las enormes limitaciones en el mercado laboral, proteger y legislar sobre el trabajo sexual se ha vuelto una urgencia para amparar a las personas trans dedicados a él. Vale resaltar el trabajo que está haciendo la Red Latinoamericana de Trabajadoras Sexuales -REDTRASEX- por incluir en la política publica de Argentina una ley de trabajo para las personas que se dedican a esta actividad y así proteger sus derechos laborares y construir aún más basados en Derechos Humanos. Así también es destacable el trabajo que hiciera, allá por el 2009, la Asociación Trans del Uruguay -ATRU-, cuando logró la ampliación de la regulación de la Ley de trabajo sexual a hombres y personas transexuales, convirtiéndose en un avance para el reconocimiento de la persona humana con su identidad, orientación y ocupación, como lo señala el informe “Construyendo una realidad de Derechos” de la REDLACTRANS, realizado con el apoyo de ONUSIDA e International HIV/AIDS Alliance.

Pero no en todos los países se ha avanzado de la misma manera. La investigación “Lineamientos para el trabajo multisectorial en población Trans, derechos humanos, trabajo sexual y VIH/SIDA” muestra que la invisibilización de las trabajadoras sexuales trans ha generado una carencia de conocimiento fidedigno tanto sobre las condiciones en que ellas ejercen sus actividades como sobre sus vulnerabilidades. La información sobre ellas sigue siendo muy limitada. Adicionalmente, las trabajadoras sexuales trans suelen experimentar violencia física y psicológica por parte de varones transfóbicos, clientes y proxenetas. El estigma social y la criminalización que sufren las trabajadoras sexuales, sumados a las deficiencias existentes en el sistema de justicia, les impiden denunciar estos sucesos y acceder a los servicios de salud.

Existe poca o nula información sobre la situación laboral de las personas trans y las condiciones en las que desempeñan sus trabajos en los países de América Latina; sin embargo, se puede esperar que, con el fortalecimiento de las organizaciones de personas trans, estudios sobre la realidad de esta población empiecen a desarrollarse; de esta manera se podrá influir en las políticas de fomento del empleo, de inclusión social y no discriminación.

Por ahora, seguiremos esperando que los estados latinoamericanos se preocupen más por la situación de desempleo de las personas trans y creen programas de inclusión a nivel laboral que redunden en una mejor calidad de vida para ellas y en el respeto por la diferencia.

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