La crisis política en el Brasil se ha agudizado y el último síntoma grave ha sido la censura de la campaña orientada a la prevención del VIH, las ITS y la reducción del estigma y la discriminación en las Mujeres Trabajadoras Sexuales. El material de la campaña se comenzó a distribuir el día lunes en ocasión de la conmemoración del Día Internacional de las Trabajadoras Sexuales (que se celebró el 2 de junio); este mismo día, el titular de la cartera de salud despidió al Jefe del Programa Nacional de SIDA, Dirceu Greco.

Materiales gráficos de la campaña censurados

El Ministro de Salud del Brasil, Alexandre Padilha ha sido caracterizado por la sociedad civil como el brazo ejecutor de las fuerzas fundamentalistas que avanzan y ganan poder en los espacios del ejecutivo y legislativo del país. Padilha es el síntoma de un movimiento conservador y oscurantista promovido por el lobby de las Iglesias más poderosas en el Brasil, como la Evangélica Pentecostal. La Asamblea de Dios, desde las 63 bancas de diputados, las 3 de senadores y desde le gobierno han reprimido sistemáticamente cualquier avance en despenalización del aborto, el matrimonio igualitario y, recientemente, han dirigido su atención a las trabajadoras sexuales.

Alessandra Nilo, Responsable de Gestos, Laccaso y representante de las ONG en el PCB de ONUSIDA afirma: “Lo que está pasando aquí es grande; si el Ministro Padilha se queda en el poder, pasará a formar parte de la historia como el hombre que borró los abordajes basados en los Derechos Humanos del Programa Nacional de SIDA del Brasil. Lo logrará si no lo paramos. Su discurso recurrente ha sido que el Ministerio de Salud no es el lugar para defender los Derechos Humanos. El ha sido presionado en público por los evangélicos y fundamentalistas y siempre se ha doblegado antes ellos. La Presidenta Rousseff no quiere perder la bendición de la Iglesia Pentecostal en las elecciones nacionales del próximo año”.

Nilo también reflexiona: “En lugar de esperar por el paraíso eterno, reinan hoy y ahora en el Brasil y están creando una realidad infernal para las poblaciones más marginadas en nuestro país”.

Es oportuno recordar que el Estado Brasileño y su gobierno son, de acuerdo a la constitución, de tipo secular y laico. Pero en estos días una parte del gobierno brasileño se encuentra bajo el control de la Iglesia evangélica, como el Ministerio de Salud, que ha abandonado la promoción de la salud pública retrotrayendo los grandes progresos de esta nación.

¿Cómo ayudar?

La Sociedad Civil Brasileña ha lanzado una campaña por las redes sociales y nos invita a enviar notas de queja y repudio directamente al correo personal del Ministro de Salud: alexandre.padilha@saude.gov.br,  con copia a eliane.cruz@saude.gov.br, larissa.beltramim@presidencia.gov.br, gabinete@planalto.gov.br, jarbas.barbosa@saude.gov.br, dep.pauloteixeira@gmail.com, dep.erikakokay@camara.gov.br y dep.jeanwyllys@camara.leg.br.

Se sugiere que el mensaje diga: “El Ministro Padilha, va a entrar a la historia como el hombre que destruyó el Programa de SIDA de Brasil, eliminando el enfoque basado en los derechos humanos. Es una vergüenza lo que está ocurriendo en el Brasil, un mal ejemplo para la mundo. Decepcionante.”

También podemos unirnos a la campaña en Twitter, donde se puede escribir a la cuenta @padilhando usando el hashtag es #vaipracasapadilha (vaya a su casa padilha) y en Inglés, #gohomepadilha .

Además de la campaña arriba detallada, los activistas planean protestas en las principales ciudades del país que incluye una movilización en Brasilia y están analizando presentar una denuncia legal al Ministro de Salud.

El efecto contagio

Como lo hemos dicho en artículos previos, Brasil siempre fue punta de lanza y un faro para la respuesta al VIH/SIDA y los Derechos Humanos de América Latina. Muchas de nuestras organizaciones admiramos y hemos aprendido de los compañeros brasileros. Muchas de sus políticas y programas han inspirado positivamente a nuestros gobiernos en los últimos 30 años. No solo preocupa el impacto que tiene esta crisis política dentro del Brasil sino también el impacto que puede tener en la región.

Cualquiera de nuestros lectores puede sentirse relativamente identificado con el fenómeno de este país hermano, pues vemos el avance de los capítulos locales de esta Iglesia y otras similares. Es común que a altas horas de la noche las señales televisivas en muchas de nuestras ciudades se vean ocupadas por programas de tele-predicadores.

Estas Iglesias han avanzado, no solo construyendo templos faraónicos, ocupando el espacio perdido por la Iglesia Católica Apostólica Romana en la vida espiritual de nuestros pueblos, sino también han ganado terreno influenciando a los políticos que gobiernan y legislan o, en muchos casos, haciéndose políticos “en su propia ley”, ganando escaños, arrasando en elecciones de algunas circunscripciones electorales.

Estas Iglesias Evangélicas de proporciones corporativas tienen una agenda clara y saben como llevarla a la práctica; son oscurantistas, conservadoras, homofóbicas, transfóbicas, misóginas y patriarcales; nada nuevo respecto de sus predecesoras. Promueven la discriminación, el estigma y la violencia contra las personas LGTBI y las trabajadoras sexuales, y se “traerán abajo” cualquier avance basado en los Derechos Humanos y la Ciencia.

En las últimas décadas hemos avanzado tanto hacia un Estado secular y una educación laica, librando una batalla en la que nuestro principal “contendiente” era también una Iglesia, otra. En los últimos años, la celebración de algunos avances legislativos y políticos en la región nos embriagó, y en buena hora! Pero no bajemos la guardia. A toda acción viene una reacción.

Quizás en los próximos años no veamos en nuestros países, a los militares y a las corporaciones torciendo el brazo de nuestro gobiernos y asfixiando nuestras democracias como en las décadas de los 70 y 80, en su lugar veremos a estos líderes religiosos mesiánicos y fundamentalistas, esta vez, lamentablemente respaldados por multitudes movilizadas en otra sangrienta “guerra santa” en contra de los derechos de millones de personas.

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