De un tiempo a esta parte, todos los días del orgullo son momentos de celebración, por las nuevas leyes de matrimonio igualitario e identidad de género en muchos de nuestros países, expresión de un avance fenomenal del movimiento LGBTI en el mundo. Una de cal y otra de arena, también conmemoramos, por ejemplo, el muy reciente asesinato de David Kato en Uganda y, en su nombre, a tantos otros grandes líderes que han puesto su vida en riesgo en la lucha por una sociedad inclusiva, respetuosa y tolerante. Más cerca de casa, también reflexionamos con preocupación por el avance de los grupos fundamentalistas religiosos del Brasil que en unos meses han hecho tanto o mas daño al colectivo LGBTI que decenas de años de odio. Este año, el día del orgullo será recordado por la histórica resolución de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos de Norteamérica de reconocer los beneficios federales a matrimonios de personas del mismo sexo. Relativismo cultural de cabotaje La Corte Suprema de Estados Unidos cuestionó el DOMA (Defense of Marriage Act, por su nombre en inglés) una ley federal de 1996 que permitía que cada estado rechazara el reconocimiento de los matrimonios entre personas del mismo sexo celebrados, bajo la ley, en otros estados. La corte decretó inconstitucional la sección 3 del DOMA, a partir de las demandas de parejas del mismo sexo que no eran reconocidos como espos@s a los efectos de la ley federal y, por ende, no recibían los beneficios federales que obtienen los matrimonios heterosexuales. Parece contradictorio que un país como los Estados Unidos se haya demorado tanto en mover la agenda de los derechos igualitarios del matrimonio cuando es la “cuna del orgullo”, financian desde hace décadas y por medio de su cooperación internacional programas para Gays, Trans y HSH en todo el mundo y, el año pasado, su presidente fue reelecto prometiendo entre otras cosas algo parecido al matrimonio igualitario. En este país, como en otros, existe un complejo rompecabezas de estados confederados que podría tranquilamente semejarse a otras naciones; dentro del mismo país coexisten estados que se encuentran en los extremos del abanico de los derechos civiles. Y, como en el Brasil, una parte importante del sistema legislativo esta bajo el control de grupos religiosos fundamentalistas que saben muy bien cómo manejar su agenda en el congreso y con el poder ejecutivo. Un ejemplo de esto han sido las normas que han prohibido a los EEUU financiar las organizaciones e iniciativas de Salud Sexual y Reproductiva, así como la regla anti-prostitución; esta última ha sido encontrada inconstitucional hace solo una semana. Al margen y a riesgo de salirnos del tema, vale la pena explicar que pasó la semana pasada. Después de más de 7 años, la Corte Suprema de los Estados Unidos le ha dado la razón a Pathfinder International, que interpuso una demanda de en relación al condicionamiento para otorgar Fondos para la Lucha contra HIV/AIDS, alegando que violaba la Primera Enmienda, la constitución. Este condicionamiento impedía que fondos estadounidense puedan ser usados para promover acciones de incidencia política o para legalizar la práctica de la prostitución y que ningún fondo pueda ser utilizado por organizaciones que no tengan políticas explícitas opuestas a la prostitución. Por suerte los cambios positivos se precipitan en muchos frentes dentro de este país, que de por sí es influyente y poderoso y que, además, financia la tercera parte de la cooperación internacional para la lucha contra el SIDA. ¿De qué hablamos cuando nos referimos al Orgullo? Considero que el orgullo es poder vivir plenamente como uno es. Es el poder ser en toda nuestras expresiones, sin excusas, pantallas y filtros. Vivir fuera de todo tipo y forma de armario o clóset, los impuestos y los auto-infligidos. Es la naturalización de todas las orientaciones sexuales, las identidades de género y las expresiones diversas de la vida sexual. Habitualmente confundimos este poder ser lo que uno es con la tolerancia. La tolerancia, muchas veces vista como algo positivo, como un avance, es tan solo un pacto social implícito donde se permite relajar y flexibilizar las normas que reprimen a “las minorías” sin interpelar e incomodar mucho a las mayorías. La tolerancia es una trampa hipócrita. Como reacción a siglos de estigma, violencia y discriminación surgió un movimiento de acción cultural y político que transformó la vergüenza en orgullo. Las marchas, las banderas, las demostraciones, los besatones, el trabajo con los medios de comunicación y cultura, la incidencia política y legislativa han educado y producido un sinnúmero de cambios. Un movimiento que comenzó pidiendo respeto y algunos derechos civiles, hoy va por todo y exige la plena igualdad. Poder ser Lesbiana, Gay, Bisexual, Trans e Intersex no solo ante los ojos de la ley, en las oficinas estatales y en los consultorios, sino también en las calles, en público, de la mano, fundidos en abrazos, besos y cualquier demostración de afecto público. No debemos olvidar que antes y durante el maravilloso tránsito hacia el orgullo, estas, nuestras comunidades, han sido empujadas a vivir en los márgenes de la cultura y la sociedad, bajo un mayor grado de vulnerabilidad a la violencia y a un alto grado de exposición a las infecciones de transmisión sexual y el VIH. ¿De qué hablamos cuando nos referimos a la igualdad de derechos? Quizás por el hábito de predicar entre convencidos, quienes hemos trabajado en Derechos Humanos y Civiles siempre asumimos que compartíamos las mismas expectativas y aspiraciones. Sin embargo, el trabajo por las leyes de matrimonio e identidad de género puso negro sobre blanco. La opción de una mínima de lograr alguna forma de reconocimiento de las uniones entre personas del mismo sexo o de la identidad de género por medio de los documentos de identidad, frente a la opción de una máxima, que es la de igualar. Si las personas y parejas heterosexuales tienen el derecho civil, por ejemplo, a casarse, heredar y adoptar, hoy sería impensable que las LGBTI y parejas de personas del mismo sexo no puedan tener estos mismos derechos o que estén en algún grado restringidos. Cualquier cosa que no sea igualar derechos es promover la tolerancia, un “termino medio” con aroma a negociación cómoda. “…Yo al otro día de una sanción tan importante de una ley, me había levantado exactamente con los mismos derechos que había tenido antes de la sanción, y había cientos de miles que habían conquistado los mismos derechos que yo tenía. Nadie me había sacado nada y yo no le había sacado nada a nadie; al contrario le habíamos dado a otros cosas que les faltaban y que nosotros teníamos” dijo la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner al promulgar la ley de Matrimonio Igualitario en Argentina. El día del orgullo es la principal jornada de celebración, visibilidad, conmemoración y reflexión de la comunidad LGBTI, de sus padres, familiares, amigas, amigos, hijos e hijas. Desde la primera marcha del orgullo, que tuvo lugar en cada una de nuestra ciudades, supimos que nada sería igual. Que el día después que gritamos y cantamos exigiendo respeto se desataría un proceso de transformación para todos y todas y un viaje cuya estación terminal debe ser la plena igualdad, no menos que esto. Quiero cerrar este editorial con una frase de Carlos Jauregui (1957-1996), alguien con el que tuve el orgullo de compartir la amistad y la lucha que decía: “En el origen de nuestra lucha esta el deseo de todas las libertades”.

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