El antecedente de las marchas del orgullo en México data de 1971, con la protesta contra Sears por haber despedido a un trabajador por su orientación sexual. Pero no fue hasta años después cuando se convirtió en la Marcha del Orgullo.

A Carlos Angulo Ramírez, Presidente de Asociación Mexicana para el Fomento de la Educación en la Salud, la Sexualidad y el Sida (AMFESSS), le gusta relatar la historia del movimiento de disidencia sexual en México. “Las marchas del orgullo surgieron en junio de 1979 conmemorando el suceso de Stonewall en Nueva York. Para esta ocasión y hasta 1985 se reunieron los grupos Lambda, FHAR y Oikabet. Quisieron ser profundamente políticos y mostrar con orgullo una manifestación sexual que por siglos fue negada y atacada, no en balde se llamaron marchas del orgullo homosexual”, señala Angulo. Nombrarla ‘marcha carnaval’ en 1985 intentó reunir lo festivo y lo político. Después se modificó el nombre reflejando en las letras que ahora vemos, abarcando lo lésbico, gay, bisexual, transexual, transgénero, travesti, intersexual y recientemente lo queer.

Lamentablemente, al no poder construir y sostener una concientización de la sexualidad entre grupos, sucesos internos y externos causaron profundas divisiones y aislamientos. Paradójicamente, nunca se suspendió la marcha, aunque se deslucieron, se redujo la asistencia (en 1989 sólo 30 personas acompañaron la marcha) y escaseó el contenido político.

Años más tarde, el grupo Clóset de Sor Juana aprovechó el deseo de la gente de revitalizar las marchas y otros procesos político-sociales y éstas fueron recuperadas. En 1999 se cambió el lugar de llegada de la marcha, dejó de ser el Hemiciclo a Juárez y pasó a ser el Zócalo y varios empresarios vieron atractivo intervenir en la marcha.

Después de años de que la organización estuviera en manos de grupos de base comunitaria, pasaron a ser los antros -nombre que se le da en México a los clubes, bares y lugares de baile-  quienes hicieron que la marcha se hiciera numerosa y convocara a grandes sectores de la población LGBTTTI. Era una marcha muy vistosa por los eventos finales que se llevaban a cabo en el Zócalo, pero el interés de protagonismo de los diversos antros generó también conflictos. Fue entonces  la sociedad civil retomó la organización de este evento, para luego lidiar con los partidos políticos en su afán de irrumpir en la organización de la marcha con su presencia e influir en la votación de 2009. La población LGBTI se convirtió en un botín político y en una plataforma para aquellos que lideraron el movimiento durante esos años.

En 2012, el año pasado, por primera vez en México hubo dos Marchas del Orgullo LGBTI, una se identificó con lo comercial y la otra se autodenominó como la “histórica”. La primera se llevó a cabo el 2 de junio y se concibió como marco de todos los eventos que se llevarían a cabo en el mes de junio de 2012: el Festival Internacional de Tango Queer, el Campeonato Mundial de Futbol Gay y el Festival Internacional de la Diversidad Sexual. La marcha histórica se llevó a cabo el último sábado de junio de 2012.

Este año no se llevaron a cabo dos marchas, pero se pretendió que hubiera dos comités organizadores, y que sus contingentes marcharan el mismo día. Durante semanas se pretendió que la segunda marcha “arrancara” después de que terminara la primera y llegara al Zócalo al término de las actividades de la primera marcha. Estas pretensiones eran poco operativas; pero, además, los organizadores de la marcha histórica lograron que el gobierno local solicitara condiciones “imposibles” de cumplir al comité de la marcha “comercial”.

Hace algún tiempo que el aspecto financiero también se volvió controvertido. Quienes han participado en la organización de un evento similar pueden calcular cuánto cuesta la Marcha del Orgullo. Este año las controversias llegaron a los medios de comunicación; varias organizaciones se quejaron de los montos que el comité organizador pretendía cobrar a los contingentes participantes.

Ante estas situaciones, una funcionaria de Diversidad Sexual en la Ciudad de México solicitó apoyo para promover que la organización de la marcha se asignara a una dependencia del gobierno local, la Dirección General de Igualdad y Diversidad Social, y que esta instancia fuera la que conciliara todos los intereses de las partes involucradas. Tenía sentido que una entidad del gobierno local pueda servir de intermediario para generar una organización adecuada, que considere todas las opiniones, teniendo en cuenta que las y los activistas, las organizaciones, los empresarios, los antros, los representantes LGBTI en los partidos políticos, los medios de comunicación y los comités organizadores no habían logrado ponerse de acuerdo, y que cada quien quería “jalar agua para su molino”. Además, siendo el gobierno local el organizador, los aspectos logísticos estarían garantizados.

La Marcha del Orgullo es de todos y todas, y aunque estamos de acuerdo con que se ha manejado contrariamente a los intereses de la mayoría y que se ha tratado de utilizar al colectivo LGBTI como botín político o para generar ganancias económicas, estamos seguros que es un evento que se convoca sin importar quién se ponga la corona.

Las marchas parecen triunfadoras hoy en día, son espectaculares, va mucha gente; se han calculado como 200 mil asistentes. Es imposible que un comité consiga establecer un orden entre semejante magnitud de gente pero al mismo tiempo las marchas son un fracaso porque están cada vez más lejos de sus propósitos políticos del inicio.

Ninel Conde, actriz y cantante de Televisa, en Marcha del Orgullo 2013

De ahí que lo más anhelado para Carlos Angulo es que La Marcha recupere su contenido político – sexual. Para él el llamado acto final es un show y lo que escasamente se menciona es la protesta y la demanda, es hueco y superficial. Lo legal acaba en legaloide y, aunque se mencionan contextos de discriminación y falta de equidad muy ciertas, pasan desapercibidos por quienes presencian el acto final.

“La Marcha LGBTI debe mantener su carácter festivo, pero está obligada a coexistir con la protesta y demandar cambios profundos en las estructuras económicas y políticas, teniendo como base la sexualidad. Esto será causa y motivo de empoderamiento de la ciudadanía”, sentencia Angulo.

El pasado sábado 29 la gente asistió, se divirtió y dio a conocer sus posturas, denuncias y propuestas. Hubo un evento final, un pronunciamiento por parte del comité organizador que se proclamó como oficial y que fue el que hizo los trámites con el gobierno local. Pero lo más importante fue la postura de cada una de las personas que asistieron a la marcha, la reflexión de cada uno de los grupos organizados que desfilaron respecto de lo que requerimos como LGBTI en México (respeto, seguridad, empleo, educación sexual, etc), y enfocarán sus actividades a conseguirlo.

Lejos de quienes se entronan como representantes de la comunidad LGBTTTI en México, fue la gente la que dio la lección. Fue una marcha festiva con mensajes políticos por parte de activistas y organizaciones, lo importante y rescatable de cada año. Lejos de los que buscan acaparar o secuestrar la marcha, están quienes tienen una postura por el hecho de ser.

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