El pasado 21 y 22 de noviembre la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación convocó a un homenaje a cinco integrantes del Frente de Liberación Homosexual (FLH), organización de lucha por los derechos de la comunidad LGBTI, pionera en Argentina, y cuya fundación se remonta a 1971. Como me dijo Óscar Gómez (integrante del FLH y del Grupo de Acción gay-GAG), un hecho “realmente para celebrar”.

Héctor AnabitarteEste es un hecho que merece tomarse en la verdadera dimensión del primer homenaje que el Estado realiza a un grupo fundacional del activismo LGBTI en Argentina. Un reconocimiento que se podría extender a todo el activismo de los ´70, de los ´80, y el de pos dictadura, forjado en la resistencia a un sistema represivo amparado en la complicidad de los partidos políticos y el Estado.

Sara Torres, Héctor Anabitarte, Jorge Luis Giacosa, Néstor Latrónico, y Sergio Pérez Álvarez fueron los homenajeados. Emocionados tomaron la palabra, para traer la verdadera historia. Incluso corrigiendo a algunos jóvenes activistas que trataban de releerlos y analizarlos sin haberlos leído nunca. Mayores, canosos, medios achacados, son el relato incuestionables del germen del activismo LGBTI en Argentina.

El anfitrión de este homenaje, el subsecretario de Promoción de Derechos Humanos, Carlos Pisoni, es hijo de Rolando Pisoni e Irene Bellocchio, militantes de la Juventud Universitaria Peronista y la Juventud Trabajadora Peronista, secuestrados en agosto de 1977 por la dictadura militar. Hizo una presentación sumamente respetuosa y con un grado de admiración por la generación de luchadores a los que homenajeábamos, que sospecho que en su corazón había un homenaje extendido a su padre y a su madre.

También tomaron la palabra en este homenaje, el periodista y escritor Alejandro Modarelli (autor de “Fiestas, Baños y Exilios”); el investigador Daniel Jones; el director del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, Eduardo Jozami, que realizó una de las más profundas reflexiones sobre el activismo de los 60 y 70 que he escuchado a un funcionario estatal; y la periodista Marta Dillon que dejó claro que no debemos olvidar que estamos “caminando sobre huellas”, las huellas nada más y nada menos de los pioneros de nuestra comunidad.

Un homenaje merecido y acertado por parte de la Secretaria de Derechos Humanos, que tuvo un punto flojo en la participación del activismo LGBTI argentino. La representación fue a través del presidente de la Comunidad Homosexual Argentina, César Cigliutti; la activista de Cien Por Ciento Diversidad y Derechos, Cristina Fuentes; un integrante de Putos Peronistas; y Hernán Pascua de la Cámpora Diversia.

No hubo palabras –y poca asistencia- de representantes del activismo de pos dictadura y los activistas de los años `90, y se notó bastante. Esta ausencia se simbolizó en cuestiones polémicas como el perdón que el integrante de la Cámpora, pidió a los homenajeados.

Me pregunto: ¿alcanza ese perdón expresado con sinceridad y emoción para mitigar tanto sufrimiento por los edictos policiales creados bajo el primer gobierno de Perón y que fueron instrumento de represión estatal hasta mediados de los años `90? ¿Alcanzan esas palabras tan desde el corazón de este joven de menos de 30 años para remediar la represión y los asesinatos cometidos por la Triple A hacia miles de personas y hacia integrantes de la comunidad LGBTI?.
¿Alcanzan su verdadera devoción para con Sara, Héctor, Sergio, Jorge, o Néstor para olvidar el “No somos putos, nos somos faloperos, somos soldados de FAR y Montoneros” con que fueron expulsados de la Plaza de Mayo en 1973?

Esta acción de pedir perdón y de perdonar es un tema muy profundo en una sociedad con 30.000 desaparecidos. Es sumamente peligroso, y además ingenuo, apropiarse de esa acción tan individual y profunda que es el hecho de perdonar. Me pregunto si Hernán habrá pensando en el perdón que deberían pedir en todo caso muchos de los mismos que gritaron contra el FLH ese 25 de mayo de 1973 en Plaza de Mayo, algunos de ellos hoy funcionarios o políticos en activo.

Al final de su agradecimiento, Héctor Anabitarte citó a George Orwell: “Quien domina el pasado domina el futuro, pero quien domina el presente, domina el pasado”. Una exhortación a no olvidar el pasado y “a estar siempre alerta para que no nos quiten lo que hemos avanzado”.(Reportaje de Marta Dillon, en Página/12 – 24 de noviembre de 2013)

De aquellos años 70 a la actualidad hemos avanzado enormemente. Aún están pendientes las batallas por la libertad de decidir sobre nuestro propio cuerpo, y el derecho al amor y a la sexualidad en todas sus formas, entre otras. Y aunque vayan cambiando de posiciones y adversarios, no pueden ser nunca consideradas “batallas ganadas” en ningún sentido.

Algunas continúan desde los años ‘70 (como la lucha por el aborto), otras mutan en derechos legales (Matrimonio Igualitario, Ley de Identidad de Género), y todas enfrentan las luchas culturales y sociales que debemos seguir dando.

No sólo alcanzan las leyes, la batalla es social, cultural y educativa en todos los ámbitos. Por eso este homenaje se engrandece con la voz de sus protagonistas que dieron una gran lección: las trayectorias activistas duran toda la vida, no sólo un par de campañas electorales.

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