La resistencia ayer

El 26 de noviembre de 1992, hace 21 años, se moría Néstor Perlongher de enfermedades relacionadas al sida. No existía tratamiento antirretroviral. Todavía faltaban 4 o 5 años para que el AZT desembarcara en Buenos Aires. Tener VIH, en esa época, era símbolo de ser marginal y de estar condenado a muerte por puto, por drogadicto, por outsider de la sociedad machista y heterosexista.

Néstor Perlongher

Sin embargo, la lucha de Néstor empezó en 1973; con la vuelta del peronismo a la Argentina de la mano del presidente Cámpora, después de casi treinta años de proscripción del partido político más popular del país, mientras el grupo peronista de izquierda y guerrillero Montoneros salía de la clandestinidad, él dejaba las armas y se ponía a laburar con las bases, en los barrios.

Néstor también tenía algo para decir y lo dijo. De esta manera, con obreros, trans, lesbianas y otros homosexuales se juntaron y crearon el Frente de Liberación Homosexual (FLH). No todo era tan fácil como ahora. A los homosexuales que trabajaban en el Estado lo mandaban a realizar sus actividades en los archivos del Correo Argentino para que la “gente normal” no vea sus plumas, no sea cosa que alguien se contagie.

Así nació el FLH. Era un grupo heterogéneo pero, sobre todo, era revulsivo. En su manifiesto inaugural, de 1973, titulado “Sexo y revolución” escribían algo tan claro y contundente como esto: “La dominación de la libido (la sexualidad) culmina con su reducción a determinadas partes del cuerpo, los genitales. En realidad, todo el cuerpo es capaz de aportar al goce sexual, pero la sociedad de dominación necesita de la mayor cantidad de zonas del cuerpo posibles para adscribirlas al trabajo.” Vemos lo revolucionario de reunir las teorías feministas que plantean una dominación patriarcal con las teorías marxistas de crear al hombre sólo como fuerza de trabajo.

La resistencia hoy

Hoy a la tarde es la XXII Marcha del Orgullo en Buenos Aires. Ir a la Marcha hoy, en el 2013, es como ir a un shopping a mostrar lo linda que tenés la ropa y a buscar algún chico con el que tener un flirteo.

Un colega y también corresponsal, Gustavo Pecoraro, decía en su facebook: “abolir los privilegios de clase de ciertas maricas debería ser consigna permanente de todas las marchas del orgullo.” Lamentablemente, hoy se da una división tajante entre el puto barrial, de calle de tierra, y esa loca de los mejores barrios de Buenos Aires que se pone las últimas zapatillas a la moda.

Naty Menstrual me decía en un reportaje que le hice para Corresponsales Clave en este artículo: “Se juntan todos en la marchita y después se discriminan entre todos: Los putos feos con los putos lindos, los del conurbano con los de Barrio Norte, las trabas lindas con las tobas. Somos un asco.”

Néstor, nuestro héroe en este artículo, también predijo esta Marcha grisácea en uno de sus últimos ensayos (de 1991, un año antes de su muerte) que se llamaba “La desaparición de la homosexualidad”: “lo que desaparece no es tanto la práctica de las uniones de los cuerpos del mismo sexo genital, en este caso cuerpos masculinos (…), sino la fiesta del apogeo, el interminable festejo de la emergencia a la luz del día, en lo que fue considerado como el mayor acontecimiento del siglo XX: la salida de la homosexualidad a la luz resplandeciente de la escena pública, los clamores esplendorosos del amor que no se atreve a decir su nombre.”

Ayer, viernes, el clima estaba feo. Los pronósticos dicen que podría llegar a llover hoy en Buenos Aires. ¿Será una Marcha gris, lejos del aura multicolor, o saldrá el sol para que veamos el arco iris? Lo que tengo claro es que no sé todavía si iré o no. Mi condición serológica siempre me asusta cuando se trata de mojarme y pasar frío.

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