En el marco de la Campaña Mundial sobre VIH/sida 2013, se realizó la semana pasada en Paraguay, el Primer Foro de Comprensión de la realidad de las trabajadoras sexuales, con el lema “Las mujeres Trabajadoras Sexuales no somos el problema, somos parte de la solución”, organizado por la organización Unidas en la Esperanza, con el apoyo de la Redtrasex, y que contó con la participación muchas mujeres trabajadoras sexuales, además de representantes de instituciones públicas y privadas, organizaciones de sociedad civil y agencias de cooperación internacional.

Corresponsal clave conversó con la representante nacional de la Redtrasex y lideresa de UNES, Lucila Esquivel, quien comentó que el objetivo de este primer  Foro es que se reconozca la actividad de las trabajadoras sexuales como trabajo en nuestro país, y que se respeten sus derechos como personas mayores de edad y que han elegido libremente ejercer ese trabajo.

Asimismo, según Esquivel, a través de estas acciones se busca promover la revisión de una ordenanza municipal que prohíbe que las mujeres con infecciones de transmisión sexual y/o VIH ejerzan el trabajo sexual, ya que ésta viola los derechos de las personas a la confidencialidad del estado serológico consagrado en la Ley de VIH/sida N° 3940/09, además de  criminalizar a las personas y provocar situaciones como las que sucedieron en el vecino país de Bolivia, donde se sentenció a una mujer trabajadora sexual a prisión domiciliaria.

Por otro lado, las mujeres trabajadoras sexuales paraguayas están buscando que no se relacione el trabajo sexual con la trata de personas, una campaña lanzada a nivel regional por la Redtrasex, que busca la regulación del trabajo sexual para mejorar la calidad de vida.

Finalmente, las trabajadoras sexuales esperan poder presentar una propuesta de ley que garantice sus derechos en nuestro país y que la ordenanza que reconoce el trabajo sexual como lícito en mujeres mayores de edad sea implementada no solo a nivel de la ciudad capital de Asunción, sino también a nivel nacional.

Con la regulación del trabajo sexual el Estado lograría que las mismas trabajadoras salgan de la clandestinidad y marginalidad, y que sean parte de la solución y de la respuesta a las ITS, el VIH y el Sida. Así también, la regulación del trabajo sexual contribuiría a reducir la violencia física, sexual, psicológica, la trata de personas, el estigma y la discriminación de que son objetos cotidianamente las mujeres trabajadoras sexuales.

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