El día de hoy el presidente de Nigeria Goodluck Jonathan firmó una ley que criminaliza las uniones de personas del mismo sexo, así como los clubes, establecimientos y organizaciones que agrupan a personas LGBTI.

GoodLuck Jonathan, Presidente de Nigeria.

Con la vigencia de esta ley, las personas en una unión del mismo sexo, de no retractarse, podrán ser sentenciadas a un máximo de 14 años en cárcel.  La ley también desconoce explícitamente los certificados o documentos de unión o matrimonio igualitario expedidos por otro país. No tendrán mejor suerte las personas que en Nigeria quieran organizar una Sociedad, una Organización o abrir un lugar de encuentros sociales (clubes, bares o discos), pues la nueva norma establece un máximo de 10 años de condena.

El 20 de diciembre último el parlamento de Uganda aprobó una ley “anti-homosexualidad” muy dura y la envió para ser endosada por el Presidente. Yoweri Museveni, presidente de Uganda tiene 30 días para firmarla. En las últimas semanas el país y sus políticos vienen recibiendo mucha presión internacional para que no apruebe la norma, esto incluye tanto a la cooperación internacional para el desarrollo como al sector privado. El multimillonario Inglés Richard Branson convocó a un boicot internacional contra Uganda, si se aprueba la norma, evitando todo tipo de turismo y compra de productos del país.

El pasado jueves 9 de enero de 2014, la ley fue enviada para una última revisión al partido oficial. Muchos líderes políticos y miembros de la suprema corte de este país han hecho un llamado a no dejarse atropellar (bulling) por los poderes del occidente. La presión internacional, paradójicamente, podría hacer que los políticos y funcionarios cierren filas para defender este proyecto de ley.

En Camerún, la semana pasada Roger Mbede, quién había sido sentenciado a 3 años de cárcel por enviar mensajes amorosos a otro hombre, falleció en su casa, luego de abandonar la cárcel por su avanzado deterioro en su salud. Y la lista de países sigue creciendo en un proceso que se agudiza (ver lista y mapa de los 83 países donde la homosexualidad es ilegal). Existe información actualizada sobre esto en 76crimenes.com.

Retrocediendo el reloj en Asia y Europa del Este

La Suprema Corte de India, a fines del año pasado, dejó sin efecto una decisión de 2009 que había dejado sin efecto la infame sección 377 que criminalizaba la actividad homosexual. Esta ley data de 1861 cuando India pertenecía al Imperio Británico, y existen muchos países en África y el Caribe que experimentaron la misma influencia. Cabe recordar que en el Reino Unido la homosexualidad estuvo penalizada hasta el año 1967 y el proceso de su total despenalización duró hasta 1982, sin embargo la pesada herencia ha permanecido en sus ex colonias.

La Fundación NAZ había logrado en 2009 dejar sin efecto la penalización con una decisión del supremo tribunal, pero grupos religiosos cristianos, hindúes y musulmanes venían desafiando esta decisión sistemáticamente. Y hace poco más de un mes ganaron la pulseada.

En Rusia la comunidad LGTBI no solo ha sido víctima de impune violencia de grupos extremistas y del propio estado, sino  que bajo la presión de líderes de la Iglesia Ortodoxa, se estudian iniciativas para su penalización.

En nuestra región, tenemos todo el Caribe de habla inglesa con altos grados de penalización y criminalización, así como los no tan lejanos hechos de violencia y odio en Haití (sobre el que hemos escrito algunos artículos)

¿Cuál es el origen del odio legislativo?

El primer origen, ya lo mencionamos arriba tiene que ver con las leyes adquiridas y sostenidas del Imperio Británico, la obsesión con la sodomía -que data de 1534- promovida durante el reinado de Enrique VIII, que hoy siguen formando parte, en muchos países, de paquetes de leyes arcaicas de poco uso, pero igualmente peligrosas. Leyes a las que se le sacude el polvo cuando un grupo de personas LGTBI decide organizarse y solicitar la inscripción legal, cuando hay denuncias de hechos de violencia o se empieza a pensar en la idea de cualquier tipo de unión del mismo sexo.

El segundo motor del odio son los grupos religiosos fundamentalistas cristianos, musulmanes e hindúes, que hoy van ganado peso y protagonismo. Forman parte de diferentes credos, grupos y sectas dentro de estas iglesias, pero parecen pertenecer a una red virtual de inquisidores que se ha despertado y ha ganado influencia y poder. No solo han ganado valiosos espacios en los parlamentos y las cortes sino que tienen mucha influencia en los poderes ejecutivos, por la influencia electoral y económica.

¿Qué es lo que podemos hacer como comunidad internacional para apoyar a nuestros hermanos y hermanas en estos países? ¿Son las sanciones y las presiones la mejor herramienta? ¿Siguen siendo útiles los esfuerzo de pomposos documentos de Naciones Unidas maniatados por un lenguaje plagado de relativismos cultural? Es hora quizás de replantear las estrategias o seguir perdiendo.

Parece muy difícil frenar esta ola de fundamentalismo que se ha traducido en más violencia, criminalización y despenalización.

Con la resaca de la celebración de los avances en algunos países de las Américas y de Europa Central, quienes trabajamos por los Derechos Humanos de la Comunidad LGTBI en el mundo vemos impávidos como un “tsunami de odio” arrastra a la humanidad hacia un oscuro pasado.

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