Hace unos días, en muchos países de la América Latina se celebró el Día del Amor y la Amistad, un momento dedicado a la valorización de las personas que ocuparon y ocupan un lugar especial en nuestras vidas, y por quienes hemos sentido amor: nuestra pareja, nuestros amigos, compañeros, seres queridos y familia.

El amor y las relaciones de pareja son temas que se mencionan poco cuando se habla de VIH, generalmente se reduce la educación y la discusión al uso del condón para evitar la reinfección.  Pero seguramente no nos hemos puesto a pensar cómo funciona una relación serodiscordante, donde siempre habrá un miembro con VIH y otro sin VIH. Como se construye y se vive el amor en medio del VIH. Seguramente muchas preguntas nos abordan al escuchar este tema, y nada mejor que vivencias para explicar este tema. Les traigo 4 testimonios que los llevarán a la profunda reflexión sobre vivir, convivir y amar en medio del VIH.

Grissel Granados: “Tengo 27 años, vivo en California USA y soy vocera de los latinos viviendo en los Estados Unidos para la Red Latinoamericana y del Caribe de Jóvenes Positivos – Red J+LAC. Un término nuevo que he escuchado es el de relaciones magnéticas, en vez de decir serodiscordantes, suena más bonito lo de magnético: (+), (-).

Yo me encuentro en una relación magnética de seis años y medio, yo le dije a mi pareja que era VIH positiva desde que solo éramos amigos platónicos, el no tuvo ningún problema con eso al principio, pero poco a poco nos fuimos acercando, hasta comenzar a hablarnos de manera romántica y fue cuando comenzaron las dudas y las preguntas.

Esperamos varios meses antes de tener relaciones sexuales porque él no estaba muy seguro, yo no me sentí mal pues entendía su derecho a tomarse el tiempo para aprender y buscar información, y efectivamente fue lo que sucedió.

Por mucho tiempo sentí que el VIH era algo que solo me afectaba a mí y él no tenía derecho a decir, ni preguntar sobre mi medicina, el doctor o algo sobre eso, me enojaba incluso cuando  preguntaba si me había tomado los medicamentos, le decía que no tenía que preocuparse porque era mi salud y mi VIH, no de él.

Empecé a tener problemas con la adherencia hacia los ARV hasta que le pedí a mi pareja que me ayudara a recordar tomar mis medicinas y comencé a involucrarlo en las citas médicas para que pudiera sentirse incluido.

Por último, otro factor interesante es mi visibilidad y activismo en el campo del VIH, a él nunca le ha preocupado esto, sin embargo, hace algunos meses cuando comencé a trabajar en un documental sobre jóvenes perinatales, empecé a publicar todo lo relacionado en Facebook y a enviar una serie de invitaciones que también les llegaba a sus amigos, después de esto, comprendí que no lo había consultado con él y, que al compartir mi información con nuestros amigos en común, no sólo estaba compartiendo sobre mí, sino también sobre él, le estaba compartiendo al mundo el hecho de que él se encontraba en una relación con una persona VIH positiva, ante esto, llegué un día a casa y se lo platiqué, días después, sin yo decirle, él comenzó a compartir mi página con sus amigos y a pedir apoyo.

He sido muy afortunada en haber encontrado un hombre muy inteligente, de mente abierta y que me ama, sé que con el tiempo iremos enfrentando otros retos pero estoy segura que podremos aprender y crecer de ellos.”

Mariana Iacono: “Soy de Argentina, tengo 30 años y actualmente asesora para la Red J+LAC. Es importante diferenciar entre pareja estable y pareja sexual a la hora de hablar sobre relaciones serodiscordantes, dado que influyen de diferentes formas en las personas que vivimos con VIH.

Al momento de expresarle mi condición a un posible compañero sexual debo percibir primero, si tiene algún tipo de educación en el tema, pues de lo contrario me enfrentaría tal vez al rechazo; incluso es más liviano no comentarlo, pues también tengo derecho a no decirlo, pero las personas no suelen entenderlo así, considerando claro está, que tengo la obligación de protegerme, y en esto, es preciso no olvidar, que la responsabilidad de tener sexo seguro es compartida. Hace poco estuve saliendo con un chico y andaba todo bien, hasta que le hablé de mi estado serológico y después ya no quiso saber nada de mí. A los activistas se nos hace muy sencillo hablar de esto, pero puede que a otras personas no y, sin embargo, el hecho de experiencias como estas, combinadas con mi trabajo activista, más el ser visible como VIH positiva en los medios de comunicación y la constante educación en VIH que debo dar para no ser discriminada, hacen que a veces me sienta agotada de decirlo y sencillamente no me dan ganas de hacerlo.

Ahora bien, en el caso de una relación estable serodiscordante, considero que lo mejor es comentárselo a tu pareja, pero insisto, sigue siendo una decisión personal, también puede repercutir la relación que tengas con sus familiares, y con su círculo social allegado, y pongo el ejemplo de mis tres parejas estables, todas serodiscordantes, mi diagnóstico lo recibí en medio de la relación más larga que he tenido, él al principio no lo tomó  muy bien, pero ya después continuamos juntos por 8 años, no obstante, la madre cambió su comportamiento hacia mi después del diagnóstico y estoy segura que pensaba que lo mejor era que termináramos. Luego, en otra relación de 8 meses de duración, la hermana del que fue mi novio me amenazó con decirles a sus padres sobre mi condición, tratamos de orientarla pero no hubo forma en ese entonces. Finalmente, mi último novio, al cual jamás le conocí la familia en 3 años de relación, fue un hombre bastante comprensivo y que no se cohibió ni sexual ni sentimentalmente por mi condición; pero una vez terminada nuestra relación, concluí que no conocí a su familia por ser VIH positiva.

Sin duda, el contexto familiar y social puede influir negativa o positivamente en el desenvolvimiento de una relación, por ello en medio del desconocimiento, debemos educar y concientizar para reducir esa carga estigmatizante que siempre nos acompañará.”

L’Orangelis Thomas Negron: “Vivo en Puerto Rico y soy Referente para la Sub-región del Caribe de la Red J+LAC. Mi último novio era VIH negativo, sigue siéndolo. Tenía mucho conocimiento en VIH, incluso, tal vez más que muchos doctores y doctoras. Nos conocíamos desde hace un tiempo, así que él conocía todo el trabajo que estaba haciendo como activista. El VIH no necesariamente fue un problema, y nada tuvo que ver con nuestro rompimiento. Siempre andaba recordándome la medicación, y lo mucho que debía cuidarme. Nuestra relación se intensificó cuando vimos juntos la película Philadelphia, con la cual lloró, y al terminar me dio el mega discurso sobre la importancia de la adherencia. Nunca estuvo de acuerdo cuando le decía que en el momento en que yo decidiera darme por vencida y/o dejar la medicación, no esperaría  que me apoyara, pero sí que respetara la decisión. El apoyar, comprender y el estar de acuerdo, no necesariamente van de la mano.

Él y yo tuvimos sexo sin protección, ambos sabíamos los riesgos. Mi carga viral era y es indetectable, pero de igual manera, no estábamos muy seguros de que él no se infectaría. Él estaba consciente de que si en algún momento se infectaba, la responsabilidad sería igualmente compartida, por la cantidad de veces que me senté a hablarle del uso del condón; los teníamos disponibles de todas formas, tamaños, colores y sabores. Hasta llegó a preocuparnos más el embarazo que el VIH. Sin embargo, yo no podía dejar de pensar en qué pasaría con él si se llegara a infectar; no podría con la culpa. En algún momento -no pregunten cómo- conseguimos dos pruebas rápidas y decidimos hacernos la prueba en  mi casa, yo porque nunca había visto un resultado mío positivo, pues nací con VIH, y él porque le tocaba. No me dejó ver su resultado, ¡y yo me puse como loca! Lo patee, le grité, lloré, caí al piso, mi corazón se aceleró, se me quería salir del pecho y sentía que iba a morir. No sé si mucha gente piensa igual, pero hay cosas difíciles que prefiero pasar yo, antes de que le suceda a un ser amado, simplemente no lo puedo tolerar. Al final me mostró su resultado, era NEGATIVO, él no pudo soportar verme en el estado en el que me puse.

Aun después de separarnos, el continuó realizándose la prueba y tres años después, sigue siendo negativo. No obstante, no se libró del todo de mí, pues a un año y 7 meses después de la separación, salió un reportaje sobre mí hablando sobre el vivir con VIH, en uno de los principales periódicos del país, que tomo dos páginas completas, casi en primera plana. Sus amigos le cuestionaban sobre nuestra relación e imagino, sobre el sexo también. Su respuesta fue “Si quieren saber algo, comuníquense con ella”.

Solo me queda por decir, fue bueno mientras duró.”

Finalmente les comentaré mi experiencia personal. Me llamo Carlos Araque, tengo 21 años y soy vocero de la Red J+LAC para Venezuela. Mi diagnóstico como VIH positivo lo recibí a la edad de 18 años, efectivamente los primeros días hice el drama por el desconocimiento que tenía en la materia, pero al mes ya me encontraba relajado, y al año ya era activista y visible con la condición, la mayoría de mis relaciones han sido con parejas serodiscordantes, y mi actitud frente a la situación es igual tanto para una relación sexual como para una relación estable, jamás le atribuí la culpa a la persona que me transmitió el virus, porque sencillo, sabía que existía el VIH, no le di mucha importancia, no usé condón y es ahí las consecuencias, por ello se habla de la responsabilidad compartida, pero, me hubiera encantado que esa pareja sexual me hubiera expresado su condición, de haberla sabido, claro está.

Mi familia, amigos, compañeros de universidad y de trabajo sabían de mi condición, entonces no me importaba ya lo que pudiera opinar o no la sociedad, así que todas las personas con las que he tenido sexo han sabido de mi condición, y -que maravilla- jamás alguien me ha rechazado. Tal vez mi sinceridad me hace afortunado, pero no suele suceder así en todos los casos. Por supuesto, después de mi diagnóstico el uso del condón fue obligatorio así como la limitación de ciertas prácticas sexuales que pueden aumentar el riesgo de transmitir el virus, sin embargo, estas limitaciones mías se han “suavizado” con mi pareja actual.

Entre mis estudios,  mi trabajo como activista, y la vida social, conocí a un chico, me acuerdo que lo vi por primera vez en un curso de magia, pero ya eso es otra historia, y luego volvimos a coincidir en el activismo, al principio fuimos amigos, le hablé de mi condición y él es aún más relajado que yo, lo tomó con total normalidad siendo VIH negativo,  empezamos a trabajar juntos en el activismo como voluntarios  de una misma organización. Hace alrededor de 5 meses, nos sinceramos y notamos que estábamos perdidamente enamorados uno del otro, por lo que decidimos formalizar nuestra relación.

La relación  ha sido fantástica, el padre de él sabe de mí y de mi condición, al igual que la hermana, están informados y no hay problema alguno. La mamá es un caso aparte, es homofóbica y bueno ni siquiera me he presentado con ella y aún esperamos el momento para hacerlo, aunque no me interesa mucho siéndoles sinceros.

Con respecto  nuestra vida sexual, tal vez nos hemos pasado de relajados en algunas ocasiones. Aún no estoy en tratamiento porque sencillamente no lo amerito, mis CD4 superan las 1000 copias; sin embargo, le pedí a mi doctora que me asignara el tratamiento, pues la guía venezolana y demás estudios recomiendan que en toda pareja serodiscordante la persona que tiene VIH comience tratamiento a fin de reducir el riesgo de infección hacia su pareja, desde octubre que solicité el tratamiento y aún espero la aprobación, pero ya eso se debe a otros factores.

En una ocasión, durante una relación sexual, a él se le rompió el condón. A él se le recetó el coctel profiláctico de emergencia, ya al límite de las 72 horas, que está a 4 días de terminar. A los dos nos parece gracioso que él comenzara a tomar ARV antes que yo –sí, humor ácido, lo sé.

No conformes con esto, como sabíamos que él se encontraba en tratamiento, y estábamos conscientes de que el riesgo de infección es mucho menor en esta situación, decidimos tener sexo sin protección. Fue una sola vez. Ambos sabemos que su próximo resultado de VIH podría ser negativo o también positivo.

Estos testimonios tienen en común el ser protagonizados por personas activistas, que ya han asimilado el vivir con VIH, por lo tanto la realidad puede tender a ser más positiva, en comparación a otras, como en  personas con poco conocimiento en la materia, así como casos de personas con VIH que aún en relación estable mantiene su estado serológico en el anonimato, sin dejar de mencionar a  las personas que se encuentran viviendo con VIH sin saberlo, y aquellas pocas que transmiten el virus por resentimiento, donde las circunstancias de relación serodiscordante pueden ser distintas y menos positivas.

Muchos podrían cuestionar nuestras acciones al punto de tildarnos de irresponsables, otros tal vez, nos podrían catalogar como hipócritas porque promovemos el uso del condón en nuestras campañas y proyectos sociales, pero no lo empleamos en nuestra vida personal, pero cabe destacar, que nuestras decisiones responden a circunstancias específicas, somos personas adultas y conscientes de las consecuencias que puedan traer consigo nuestros actos.

Estas vivencias nos muestran cómo el VIH será una constante en una relación serodiscordante, pero no necesariamente constituirá un obstáculo para alcanzar la felicidad, pues las relaciones se basan en comunicación, acuerdos y sentimientos, y todo esto en conjunción, hace totalmente posible vivir, convivir y amar en medio del VIH.

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