La conocí a principios de la década de los 90 y desde entonces hemos compartido infinidad de situaciones políticas y personales. La posibilidad de dar a conocer sus ideas en un medio como Corresponsales Clave me alentó a perseguirla durante un par de semanas para lograr un hueco en su agitadísima agenda de actividades nacionales e internacionales. Locuaz como es ella, comenzó su relato con una anécdota, al parecer colateral, pero que muestra los tabúes y los silencios que pueden imponerse -a veces- sobre la más profunda confianza.

“A fin de año fui con un grupo de amigas a pasar el 31 de diciembre a la casa de una de ellas, y entre todo el jolgorio, nos metimos a la pileta….y nos metimos todas ‘destrucadas’. Algo impensable hasta ahora, porque nosotras venimos con toda una armadura sobre nuestros cuerpos, y de ciertas cosas como que no se habla. (…) Estábamos ahí hablando de nosotras mismas: de nuestras sexualidades, de nuestras parejas, de cómo era hacer el amor, del sexo. Lo que me sorprendió enormemente es que por primera vez pudimos hacerlo sin agresiones, sin desvalorizaciones, sin el ‘yo de eso no hablo’.”

Corresponsales Clave: ¿De qué cosas no hablan?

Lohana Berkins: Muchas tenemos tabúes. Tenemos silencios que no sirven para nada. Es como la negación que se hace en relación al VIH. Vos fíjate que acá (en Argentina) casi no hay una trava activista que públicamente diga que vive con el VIH; incluso las que han armado organizaciones que trabajan sobre el tema. Indudablemente el VIH es un tema que entre las travas se sigue hablando por lo bajito.

Una amiga mía, que hace ocho años convive con el VIH, sigue diciendo que va al hospital porque su problema es “el colesterol alto” o cualquier otra cosa que no la avergüence.

El nivel de negación es tal que no permite hablar siquiera de nuestros cuerpos, que enfrentan una situación grave de salud que necesita de los médicos.

CC: Que paradójico que las trans que siempre han puesto el cuerpo por los derechos LGBTI, incluso antes que muchos homosexuales o lesbianas, tengan estos silencios…

LB: Entre nosotras el VIH es un tema que no fluye. Cuando alguna lo habla, pone más esfuerzo en cambiar la historia que en sus propias necesidades. No te dicen “tengo VIH”. En ciertos ámbitos que trabajo, sólo se habla por lo bajito. ¡Con lo importante que es la contención!
Por supuesto, cada cual tiene la decisión de decirlo o no. Pero, en un núcleo de amistad o de compañerismo, si no depositás la confianza y buscás la contención ¿dónde lo vas a hacer? Hay que hablar con la gente que te quiere, con la gente que te va a asistir si alguna vez te internan en un hospital, gente con la que comés y te reís, gente en la que confiás para muchas cosas y que no va a cuestionar nada.
Muchas travas no lo hablan ni con las parejas que tienen. Cuando, a lo mejor, la pareja también está en la misma situación.

CC: ¿Cómo crees necesario implementar políticas al respecto?

LB: Creo que hay una cuestión de culpa entre las travas, de seguir creyendo que es algo que pasó porque hicieron algo malo, o porque se lo merecen, o porque es algo que sólo nos puede pasar a nosotras. Porque parecería que el combo viene así: si sos travesti te van a llevar presa, te van a tratar mal, te vas a poner silicona industrial, y además tendrás que tener sida. (…) un patrón establecido del que nosotras no podemos escapar. Como si fuera nuestro obligado destino.

La gran crítica que hago a las políticas sobre el Sida, es que en el tema travesti no tienen una perspectiva de género. Seguir sosteniendo que somos hombres que tiene sexo con hombres (HSH) borra la centralidad de las sujetas a las que estas políticas intentan proteger o dar ayuda. No hay políticas de género y no se ve la transversalidad que el hecho de la identidad de género confiere a cualquier política. Hay una ausencia absoluta de reflexión sobre el género y la identidad de género, por lo que cosas que parecen superfluas para otros y otras -pequeñas o casi sin sentido de debatir e implementar-, para las travestis no lo son.

Muchas chicas trabajan con sus clientes como unas expertas en el tema protección, pero después llegan a sus casas y se encuentran con su pareja, y esa experiencia queda en la nada, y son presas del deseo, del chongo y del amor…y el amor para él puede ser hacerlo sin preservativo.

Reflexionemos también sobre estas cuestiones de condicionamientos sociales que para una travesti pueden llegar a ser muy importantes. No sólo la medicación correcta es vital. También que vayas al hospital, al médico o a la clínica, y que te atiendan en base a la identidad que cada cual elige.

Si no se entiende que ser trava tiene que ver también con la pobreza, con la necesidad en muchos casos de una caja de alimentos, con la auto violentación del cuerpo (transformados constante por las tremendas exigencias del mercado prostibulario), y sólo se analiza a la sujeta como una fría sigla de tres palabras mal empleadas -HSH- las políticas en torno al sida hacen agua para las travestis.

Sin atravesar estas políticas por la identidad de género, por los exilios que vivimos, por la precariedad en la salud, por nuestras escasas posibilidades de vivienda, o de educación, esas políticas no sirven.
Si nuestra realidad no sale a la luz esas políticas son más bien cosméticas y para sacar la foto.

CC: ¿Cómo se hace para que tus planteos se materialicen en estas campañas?

LB: Insistir.

Mirá, uno de los grandes errores que veo en estas campañas es que siempre están basadas en el cuidado del otro y no en el de sí mismo. Tienen un gran anclaje maternalista (ni siquiera llegan a paternalistas): “yo soy la persona que te voy a cuidar” o “yo soy quien te va a enseñar a ponerte el preservativo”. Y yo digo: “ponételo vos”.

Porque muchos y muchas de quienes vienen a repartir preservativos ni se interpelan en estas cuestiones.

Además muchas campañas están basadas en hechos muy sensacionalistas. Cuando apareció el tema del Sida, con la muerte de Rock Hudson, de 30 tipos que venían por día a buscar nuestros servicios, al otro venían 3. Los otros 27 venían igual y se quedaban dando vueltas sin acercarse. Después de un tiempo como nos seguían viendo ahí, ya se acercaban y se quedaban con nosotras sin preguntarse nada.

Porque se había vendido una imagen catastrófica, casi cadavérica, y a nosotras nos seguían viendo voluptuosas, y a los tipos no les importaba nada.

Creo que también se ha perdido el carácter revulsivo de la lucha. Nos hemos enclosetado en el tema, que ya ni el primero de diciembre se junta la gente. Se reparten unos forros y unos folletitos y nada más. ¿Por qué no se convoca a una marcha de visibilidad para romper con los esquemas de enclosetamiento?

Claro que hay avances, mucha más conciencia, mejores tratamiento; pero eso queda mayoritariamente para la clase media. No podemos subestimar el grado de compañeras y compañeros que siguen muriendo, o que la pasan fatal. O sencillamente que se infectan.

No quiero criticar por criticar. Creo que hay muchísimos lugares de activismo válidos.
Digo, que lo que yo desearía que sucediese. A mí me llama poderosamente la atención que no haya compañeras travestis que se paren en ningún lado a decir “yo soy una persona viviendo con VIH”.

Lohana Berkins fue fundadora de la Asociación de Lucha por la Identidad Travesti y Transexual (ALITT) y de la Cooperativa de Trabajo para Travestis y Transexuales “Nadia Echazú”. Integró el Frente Nacional por la Ley de Identidad de Género que se gestó durante la lucha por la aprobación de dicha Ley en Argentina. En los años 90 fue la primera travesti en integrar la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) y más tarde el Área de Estudios Queer del Centro Cultural Ricardo Rojas. En 2003 ganó el premio Felipa de Souza por su activismo por los derechos civiles de la comunidad de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales de la Comisión Internacional por los Derechos Humanos para Gays y Lesbianas (IGLHRC). Colaboró y fue autora en diversas publicaciones, como “Sexualidades migrantes. Género y transgénero”; “La gesta del nombre propio. Informe sobre la situación de la comunidad travesti en la Argentina”; y “Cumbia, Copeteo y Lágrimas”.
Es, indudablemente, una voz vital para cualquier tipo de políticas y análisis en relación con la comunidad LGTBI.

Hay que escucharla.

Fotos: Internet: Bibliotecalgttb, Fuentes&Fernández y Sebastián Freire

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