Los pueblos afro descendientes y comunidades indígenas ocupan más de la mitad del territorio nicaragüense. Su pasado y presente está lleno de luchas y reivindicaciones. Son exponentes de cultura. La lengua, tradiciones orales, la música y la danza de una de sus comunidades -la Garífuna- fue declarada por la UNESCO como Patrimonio Intangible de la Humanidad.

Pero los pueblos originarios no están exentos de las pandemias mundiales; al contrario, sus condiciones demográficas y socio culturales muchas veces les hacen más vulnerables ante las crisis globales.

George Henríquez, un joven creole, activista por los derechos de los pueblos originarios, señala: “Lo que para las comunidades del Pacífico puede parecer exótico y  motivo de burla, para nosotros es tradición ancestral y (parte de) nuestra identidad. Las políticas de salud y educación del Estado deben  ser elaboradas con el reconocimiento de la multiculturalidad y cosmovisión de la población del Caribe y además diferenciada, ya que tenemos necesidades diferentes”

Cuando apareció el VIH en aquellos pueblos, inició una gran confusión para todo el mundo. ¿Cómo lo vivieron – y viven actualmente- las comunidades originarias del Caribe Nicaragüense?

George Henríquez

Existe un ritual garífuna llamado Wallagallo, una sesión de cura con ancianas y ancianos de la comunidad. Lo realizan según un sueño enviado por Dios para curar a un enfermo de muerte dentro de la comunidad. Este ritual lo realizan con personas con cáncer y otras  enfermedades incurables. Sin embargo, si alguien adquirió el VIH no realizan el Wallagallo pues lo ven como un castigo divino y consideran que no pueden ir contra los designios de Dios. Han llegado incluso a proponer expulsarlos de sus comunidades lo cual ha generado –y continúa generando- serias dificultades para los trabajos de prevención y tratamiento.

La Fundación para la Autonomía y Desarrollo de la Costa Caribe de Nicaragua (FADCANIC) con más de 20 años de liderazgo en acciones para las regiones del Caribe norte y sur, gracias al auspicio del programa Prevensida de USAID, desarrolló consecutivamente cuatro fases para informar y sensibilizar sobre esta Pandemia.

Se movilizaron hacia las comunidades de Orinoco, Tasba pauni, Marshall Point, Laguna de Perlas, Kukra Hill, El Rama y Rama Cay, donde viven tanto creoles, garífunas, miskitos y mestizos. Cada una de estas comunidades tiene sus propias historias, retos y temores. Pero finalmente han logrado introducirse y sensibilizar tanto a poblaciones en mayor riesgo como otros grupos en situación de vulnerabilidad, como las mujeres y adolescentes.

Ana Julia Alvarado, FADCANIC.

Ana Julia Alvarado, de FADCANIC, afirmó que han realizado aproximadamente 1,000 pruebas de VIH,  entregado 15 mil condones y 8 mil lubricantes, durante la ejecución de las actividades. Han trabajado en coordinación con los Centros de salud de cada localidad. Debido a que Prevensida no financia combustible y el acceso a las comunidades es difícil, unieron esfuerzos con el Proyecto Innovación de la misma organización.

El éxito logrado con las comunidades afro descendientes e indígenas se debe a que trabajaron con facilitadores de las mismas etnias,   comprendiendo que nacer y crecer en dicha cultura es vivir sus decisiones desde lo comunitario y no lo individual. Participaron de sus ceremonias y rituales, y realizaron  la sensibilización sobre derechos humanos desde la visión de la espiritualidad y respeto a lo comunitario, según comentó Alvarado.

Cabe señalar que a pesar de que ambas Regiones Autónomas representan la mitad del territorio nicaragüense, solo cuentan con 2 hospitales (1 al norte y 1  al sur). En la otra mitad del país se cuenta con aproximadamente 15 hospitales.

Pero más allá de incrementar el número de hospitales en la región caribeña, se debe reconocer la sabiduría ancestral de los pueblos, integrarla en los planes de estudio de medicina e incluso destinar presupuesto para investigación y combinación de ambas para la prevención y el tratamiento del VIH. Esta es la principal exigencia de las comunidades.

Definitivamente, no se trata solo de pasar de la medicina occidental a la tradicional. “Antes de crear políticas públicas, deben comprender que nuestra historia, cultura y costumbres son diferentes al resto del país; por lo tanto, ante el VIH no pueden usar la misma fórmula de acción (que se usa) para toda Nicaragua (…) Siempre mencionan  que una de las limitantes es la falta de presupuesto, eso demuestra sus prioridades. Deben dotar a los Centros de salud con medicamentos tradicionales y occidentales, herramientas e información comunitaria”, anotó George Henríquez.

Muchas veces, los abordajes y la medicina occidentales nos han impendido escuchar las voces de los pueblos originarios latinoamericanos y construir una respuesta integral y diferenciada a la vez. Una importante porción de la población de Nicaragua, así como de otros países centroamericanos pertenecen a pueblos originarios que generalmente no han sido incluidos en el diseño de políticas, planes y acciones para responder al Sida.

En el camino para Llegar a Cero y alcanzar el acceso universal, es de vital importancia que los pueblos participen activamente de la respuesta.

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