Ayer, 24 de marzo, el Programa Nacional para la Prevención y Control de la Tuberculosis (PNT) realizó  actividades de promoción en las instalaciones del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER), institución que se propone “lograr un México libre de tuberculosis” y que trabaja para “alcanzar una mejor calidad de vida de los pacientes y la población en riesgo, mediante acciones integradas y permanentes de promoción, prevención, tratamiento y vigilancia de la tuberculosis, reduciendo los riesgos de enfermar y morir por esta causa”.

En medio de las actividades, Jesús Felipe González Roldán, titular del Centro Nacional de Programas Preventivos y Control de Enfermedades (Cenaprece), hizo un llamado al personal de salud y a la sociedad civil organizada de México para “alcanzar juntos en el menor tiempo posible un México libre de Tuberculosis y consolidar los logros obtenidos”.

Según los últimos datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), México se ubicó en el tercer puesto en número de casos reportados entre los países de América Latina y el Caribe, luego de Brasil y Perú. En la década pasada, los casos de tuberculosis crecieron en el país en 15 por ciento; pasaron de 16,995 en el año 2000 a 20,088 en el año 2010, según el estudio “Panorama epidemiológico de la tuberculosis en México 2000-2010”.

La OMS encontró que los grupos en mayor desventaja frente a la tuberculosis son las “comunidades más pobres y vulnerables, o marginadas, del mundo, como los migrantes, los refugiados y desplazados internos, los reclusos, los pueblos indígenas, las minorías étnicas o los consumidores de drogas” y México concentra todos estos grupos que han sido históricamente postergado en las políticas de atención en salud: migrantes de Centroamérica que atraviesan el país y que, en muchas ocasiones, permanecen en él; pueblos indígenas y minorías étnicas de todo el país que son desplazadas por la guerra que se libra contra el narcotráfico y las sequías.

La OMS también ha puesto énfasis sobre la necesidad de contar con recursos para disminuir la prevalencia de la tuberculosis en el mundo. El financiamiento que los países destinen a prevenir, detectar y curar la tuberculosis es determinante en una respuesta efectiva. De hecho, contar con tratamientos en etapas primarias de la tuberculosis es menos costoso que esperar a etapas tardías de la enfermedad. Por esta razón la implementación de recursos en programas nacionales haría posible una respuesta más efectiva a disminuir la prevalencia de la tuberculosis.

Afortunadamente México cuenta desde hace más de veinte años, con normas oficiales para responder a la tuberculosis, que regulan la atención de la enfermedad, la actuación de las instancias de salud en los casos de la tuberculosis multiresistente a los fármacos. Todas ellas apuntan a definir “la tuberculosis (como) un problema de salud pública que demanda atención constante y diseño de estrategias innovadoras para su combate por parte del Sistema de Salud”.

Un diagnóstico oportuno es mejor, representa costos menores para la atención y reduce las secuelas que puede dejar la tuberculosis (de no ser atendida) en el organismo. Por ello, es importante la existencia de campañas que promuevan entre la población el acercamiento a los servicios de salud y el conocimiento de la tuberculosis y su relación con otras enfermedades, incluido el VIH.

En México, el diagnóstico de la tuberculosis es realizado en las unidades de salud de todo el país y para los casos de tuberculosis multiresistente, se cuenta con el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER).

Es importante que los esfuerzos para disminuir la prevalencia de la tuberculosis se asocien a mayor financiamiento en los programas de prevención y atención de la enfermedad, así como la inversión en campañas orientadas a  dar a conocer que la tuberculosis se puede curar y a eliminar las barreras que obstaculizan el acercamiento de las personas a los servicios de salud.

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