En el artículo “El nuevo mecanismo en América Latina” reflejamos algunos de los contenidos discutidos en este evento y los sumamos a una serie de artículos que hemos publicado en Corresponsales Clave sobre el Nuevo Modelo de Financiamiento (NMF) del Fondo Mundial de lucha contra el SIDA, la tuberculosis y la malaria.

La reunión en Quito fue muy productiva, no solo por la variedad y diversidad de actores presentes en la reunión, entre los casi 150 delegados, sino también por el trabajo desarrollado durante los tres días. Más allá de las presentaciones de rigor, que cada vez son más informativas y pedagógicas, hubo, a mi entender, dos grandes momentos para resaltar: 1) Las lecciones aprendidas en las experiencias del NFM en El Salvador y de Fase 2 en Ecuador y 2) La elaboración de los caminos críticos de cada país.

Aprendiendo de los aciertos y los errores

Como parte de la agenda se eligieron dos casos emblemáticos para extraer las lecciones aprendidas, estos fueron los casos del Ecuador (Fase II) y El Salvador (NMF).

Sobre el Salvador, como lo reflejáramos hace un año en otro artículo, los “secretos del éxito” de este proceso han sido la preparación, el diálogo y el consenso. El Salvador navegó a buen puerto las aguas del NMF en su fase de prueba gracias a que llegaron bien preparados: con un Plan Estratégico actualizado, validado y costeado, con estudios de Medición de Gastos en SIDA (MEGAS), la Evaluación Conjunta de Planes y Programas (JANS) junto a otros estudios como son los de costo-eficacia y modos de transmisión. Es decir, que a la hora de analizar que es lo que este país iba a solicitar al Fondo Mundial, contaban para esto con todas las evidencias y datos de calidad. Esto, sin lugar a duda, será un desafío para muchos de nuestros países que sean elegibles y planeen presentarse en el corto plazo. En la reunión pude constatar algunas caras de preocupación sobre la titánica tarea que requerirá ponerse al día con la información estratégica. Para algunos, después de varias décadas, es hora de hacer bien los deberes.

Es importante resaltar el Diálogo Nacional salvadoreño, donde todos los grupos y poblaciones estuvieron representados en un proceso que permitió construir una propuesta integradora. El resultado fue un poco ambicioso, como suele suceder en estos ejercicios donde todos y todas querían hacer mucho. El Fondo Mundial exigió dirigir el 50% de la inversión en Poblaciones Clave y esto se logró como resultado de un ejercicio de priorización consensuada y de mucha madurez y generosidad política.

En el caso de Ecuador, se describió la experiencia del año pasado que, luego de tres intentos, logró la aprobación de la Fase dos de la Ronda 9 en VIH. La razón por la cual casi se pierde este proyecto se resume en las dificultades y limitaciones a la hora de ofrecer una mayor cobertura (en número de personas de poblaciones clave alcanzadas) en dicha negociación. El caso ecuatoriano demostró que la oferta existente de Sub-receptores con alcance a estas poblaciones era limitada para las expectativas del Fondo Mundial, habiendo llegado a un techo de cobertura por debajo del que la epidemia requería, algo que pasa también en otros países. En este caso tampoco ayudó la existencia limitada de datos de calidad sobre las tallas poblacionales y los modos de transmisión.

La ayuda fue provista por un equipo conformado por el Fondo Mundial, ONUSIDA, Kimirina (Receptor Principal de Sociedad Civil) y la Alianza Internacional, quienes trabajaron en menos de tres semanas en una solución que permitió avanzar en la aprobación de la segunda fase. Usando estrategias diferentes como la conformación de equipos de animadores y una nube virtual de prevención se pudieron superar las limitaciones de las organizaciones locales, sin afectarlas en su contribución en el programa. Así, pensando fuera de la caja se pudo resolver una situación límite y transformarla en una oportunidad para el país y para más personas beneficiadas en nuestras comunidades.

La concentración de la ayuda

En la reunión regional participaron todos los socios técnicos del Fondo Mundial como son las Agencias de Naciones Unidas, Agencias Bilaterales de Cooperación, Iniciativas bilaterales y ONG internacionales, entidades que desde hace más de diez años apoyan técnica y estratégicamente al Fondo Mundial, como por ejemplo en el desarrollo de las solicitudes y el apoyo en la implementación.

Estas entidades participaron en las ponencias, en las mesas de trabajo por país y en una serie de reuniones de coordinación interagencial para optimizar y armonizar la asistencia técnica. Una cooperación que es cada vez más eficaz, como resultado de una madurez en la comunicación entre las organizaciones internacionales, y más eficiente en un escenario de menos recursos.

Sin embargo, si uno quisiera hacer un ejercicio de cuantificación rápida, descubriría que aproximadamente un 80% de la inversión de estos actores se hace efectiva sólo en América Central. Una concentración quizás más política que técnica, que deja con pocas opciones y menos recursos al resto de nuestra región (Andes y Cono Sur). Esto debería cambiar y equipararse, con el mismo acceso a los recursos técnicos para países en idéntica situación de necesidad más allá de la subregión a la que pertenezcan. En tiempos de sequía esto parecería más difícil, mas no imposible si existe una voluntad política informada por las evidencias.

Las brechas regionales y generacionales de las redes

La mayoría de las redes regionales comunitarias participaron de la reunión en Quito; sin embargo, no podemos decir que se sintió con mucha fuerza su aporte en esta ocasión. Creo que esto es el producto de una baja temporada en el desarrollo y evolución organizativa, resultado de algunas fragilidades propias de su naturaleza como red y la falta sistemática de financiamiento.

Inversamente proporcional ha sido, en algunos casos, el crecimiento de las organizaciones nacionales que representan a estas poblaciones en la vida local del Fondo Mundial, quienes estuvieron participando también en la reunión. Líderes de poblaciones clave que hoy tienen roles protagónicos en sus MCP, formando parte de una delegación nacional. Esta brecha se sintió en particular a la hora de la elaboración de los caminos críticos por país.

Que hay muchas redes regionales en América Latina no es una novedad, pero lo que se vuelve más evidente es una creciente desvinculación de algunas de estas de procesos nacionales, como los del Fondo Mundial. Las organizaciones regionales que continuarán siendo relevantes en estos espacios son aquellas que cuenten con raíces más fuertes en los ámbitos locales. Volviendo así a esquemas de una representatividad basada en el peso específico resultante de su membresía, que se logra con trabajo político de base; un cambio en el paradigma de la participación comunitaria donde perderían protagonismo los líderes ilustrados de mucho vuelo por otro tipo de líderes, representantes políticos que han hecho más millas por tierra. Esto al menos en lo que refiere a reuniones de este tipo.

Existe también una creciente tensión entre algunos representantes de las redes de jóvenes y el resto de los actores regionales que se evidencia en poca coordinación y cooperación. Uno podría tentarse en justificar esto en una diferencia generacional entre nuevos y viejos liderazgos pero creo que esta sería un peligrosa simplificación. En mi opinión son los representantes de organizaciones de jóvenes quienes no han logrado en las últimas reuniones regionales articular claramente su agenda, explicitando qué quieren, qué buscan, qué necesitan y qué ofrecen. El lugar lo tienen, están en el radar de los donantes y la agencias, pero urge superar la fase de las expectativas y el potencial. En lo que al Fondo Mundial respecta, este movimiento emergente debe poner el mismo énfasis en penetrar los espacios de trabajo nacionales que el puesto en los internacionales. Nadie duda que los necesitamos.

La madurez del asocio

Creo que la reunión fue un éxito y esto es el resultado de un proceso de maduración del Fondo Mundial, entendiéndolo como un todo que incluye a la Secretaría y la Junta, a los socios, a los MCP y a los implementadores. Hoy existe un diálogo abierto entre quienes trabajan en el Fondo Mundial y quienes gestionan e implementan los programas en los países. Hay un espacio mayor para trabajar con eficiencia en un respuesta más sostenible. En el NMF, no solo se tendrán que arremangar y embarrar más los colegas de la Secretaría, sino también los socios técnicos y políticos de los países implementadores. Ya no hay espacio para un programa nacional que coexista con un proyecto local del Fondo, hoy solo hay margen para una respuesta nacional. Respuesta donde el Fondo Mundial es solo un engranaje que puede cada vez volverse menos relevante. Lo que no hace más que reforzar la noción optimista de que “hay vida después del Fondo”.

Ya no podemos dejarnos llevar por la corriente del mismo río, haciendo y diciendo lo mismo. En los próximos 3 años la región tendrá 600 millones para invertir en la respuesta al SIDA, la tuberculosis y la malaria; cómo lo hagamos, marcará el futuro y en algunos casos el fin de alguna de estas enfermedades.

”Abandona tu cuarto del que todo conoces”… escribió Rilke recordándonos en forma poética que el futuro es hoy.

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