La participación política en general y la inclusión de las comunidades en la toma de decisiones de políticas públicas influyen positiva y significativamente en los resultados de las acciones que se ejecutan en un país.  La participación política de los jóvenes que viven con VIH es de vital importancia para posicionar sus necesidades en las agendas nacionales.

En este artículo charlamos con Gonzalo Rothstein, un joven cordobés de 23 años, militante de la Juventud del Partido de Trabajadores Socialistas (PTS) perteneciente al Frente de Izquierda (FIT) y activista de la Red de Argentina de Jóvenes y Adolescentes Positivos (RAJAP). Él, en su doble perspectiva de militante político y activista, nos cuenta cuál es la postura del FIT frente al VIH y los derechos sexuales y reproductivos.

Corresponsales Clave: ¿Cómo enlazas tu militancia en el Partido con el activismo por los derechos sexuales y reproductivos?

Gonzalo Rothstein: Desde el PTS siempre luchamos por la completa libertad sexual, contra la homolesbotransfobia, participando en diferentes acciones. Empecé militando sobre la cuestión (por denominarla de alguna forma) LGTBI cuando fue el caso de Natalia “Pepa” Gaitán, asesinada en el 2010 por ser lesbiana.

Hace muchos años planteamos desde el PTS y la agrupación de mujeres Pan y Rosas la necesidad del derecho al aborto legal, seguro y gratuito así como de educación sexual para decidir, (el acceso a) anticonceptivos.

CC: ¿Qué piensas con respecto a lo que está pasando con la ley del aborto ahora, que se presentó en el Congreso de La Nación nuevamente, con 60 diputados que firmaron el proyecto de ley? ¿Creés que por fin será el momento de promulgar la ley después de 10 años que es una y otra vez rechazada?

GR: Hoy por hoy, con Papa argentino y la reforma al Código Civil que propuso el kirchnerismo estamos en un momento más difícil aún para que conquistemos este derecho. El capítulo 19 del nuevo Código Civil (que se presentó el año pasado en el Congreso y que tiene media sanción por diputados) dice, al igual que la Iglesia Católica, que “la vida empieza desde la concepción”. (…) Aun así cada vez somos más quienes nos movilizamos y organizamos por este tema. Expresión de ello son los Encuentros Nacionales de Mujeres que año a año lo vienen planteando. No tenemos ninguna confianza en el gobierno y menos aún en la oposición, ya que ellos se agacharon ante el nuevo Papa. En este sentido, sabemos que la única forma que tenemos para conquistar este derecho es con la organización y la lucha en las calles de forma independiente del gobierno, la oposición clerical y la Iglesia Católica.

CC: ¿Qué cosas crees que faltan hacer con respecto a la respuesta al VIH y qué crees que se hacen bien? ¿Cómo lees la respuesta al VIH en términos políticos?

GR: Hay dos aspectos que pueden tomarse. Por un lado, lo que se denomina “política de estado” o lo que vienen haciendo diferentes gobiernos sobre el tema. En esto creo que se avanzó mucho en un sentido legal, producto de las luchas de los ‘80 y ‘90 que fueron cobrando visibilidad para que el día de hoy tengamos el tratamiento gratuito y muchos derechos conquistados (principalmente producto de la Ley de Sida del año 1996). Ahora, en otro aspecto, el social, falta aún muchísimo por hacer: el nivel de estigmatización y discriminación a las personas que viven con VIH sigue existiendo. (…) A pesar de lo que dice la Ley, se siguen haciendo testeos en los exámenes preocupacionales, cuesta mantener una “vida saludable” recomendada para las personas que convivimos con el virus con una inflación cada vez mayor y salarios que no llegan a la canasta básica o el nivel de precarización laboral existente.

A pesar de las diferentes campañas, no pudo eliminarse el virus como problemática social. Esto se debe a la falta de aplicación de una Ley de Educación Sexual Integral que, creo, es la principal forma de prevenir nuevas infecciones. A nivel nacional tenemos esta Ley que viene desde el 2006 y que, si bien tiene bastantes límites, creo que es progresiva. Ahora, esta Ley no se implementa en la mayoría de las provincias, menos aún con la Iglesia y sus colegios católicos o gobiernos tanto kirchneristas como opositores que ponen muchas trabas a la implementación.

CC: ¿Cómo sería la propuesta de tu partido en la problemática VIH/sida en principio y, más ampliamente, en términos de derechos sexuales y reproductivos?

GR: En primer lugar, que la Ley de Educación Sexual Integral se implemente en todas las escuelas y que dentro de los lineamientos del Ministerio de Educación se contemple la diversidad sexual y,  especialmente, a las identidades trans (travestis, transexuales y transgéneros). Del mismo modo, sabemos que es la Iglesia Católica la que siempre está del otro lado cuando planteamos nuestros derechos sexuales y reproductivos, que impide la implementación de la Ley de Educación Sexual o los derechos de los y las LGTBI como se demostró durante el debate de la Ley de  Matrimonio Igualitario. Por ello, planteamos la separación de la Iglesia del Estado.

Luego, tienen que distribuirse gratuitamente preservativos tanto masculinos como femeninos -los preservativos “femeninos” casi no existen en la mayoría de las provincias- tanto en hospitales como en colegios, universidades, etc.

Al mismo tiempo, creo que la Ley de Sida debe implementarse en su totalidad: no puede seguir permitiéndose que las empresas hagan los test de VIH en los preocupacionales o (que éstos) sean usados como motivo de despido.

Gonzalo Rothstein encarna a la juventud involucrada en el debate político. En la Argentina, la política inunda la interacción entre jóvenes y adultos. Ser joven aquí es también ser un apasionado por el debate político y en eso entran todos los partidos.

Sus respuestas, su activismo y su militancia partidaria nos muestran que la acción juvenil está tomando un espacio significativo en el discurso político en torno a la respuesta al VIH.

Y tal vez se deba a que hablar de política en Argentina es tan común que, como dice un tango de Adriana Varela: “entre citas de Borges, Evita bailaba con Freud”; en nuestro afán de cafetín argentino, la política se une con la literatura. La irrupción de la polémica, a nosotros, los argentinos, nos apasiona.

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