La Conferencia Mundial de Juventud es una reunión global de autoridades y representantes de la población joven en los ámbitos gubernamentales, Oficinas de las Naciones Unidas y Organizaciones de la Sociedad Civil, quienes concurren a debates y decisiones políticas que afectan a la población juvenil de los países de todo el mundo.

En el caso específico de la Conferencia de Sri Lanka, siendo la segunda conferencia de Juventud –la primera fue en México en el 2010-, se desarrolla al tiempo de consolidar una agenda global de juventud, en la línea de los Objetivos de Desarrollo del Milenio y los Objetivos de Desarrollo Sustentable, entendiendo que es necesario fijar hoy, progresiva y organizadamente, acciones conjuntas que aseguren los derechos de las y los jóvenes, así como su participación activa en ese y otros procesos políticos a nivel global.

Presidente de Sri Lanka en Ceremonia de Inauguración.

La conferencia se inició con un Pre-entrenamiento el día 5 de mayo, donde se presentaron las ideas básicas de los Objetivos del Milenio, los Objetivos de Desarrollo Sustentable y la Agenda Post 2015, allí también se explicó el método de trabajo de los días siguientes de la conferencia y el fin de la Declaración de Colombo, el producto final  del encuentro y base inicial del compromiso global a asumir en torno a los derechos de las y los jóvenes.  Al día siguiente se realizó la ceremonia de apertura de la Conferencia en la ciudad de Hambantota; en ella dieron sus palabras de bienvenida el Vicepresidente del Comité Nacional de la Conferencia, miembros del International Youth Task Force (encargados de la organización general del evento), el Secretario General de Juventud de las Naciones Unidas, el Presidente de la Asamblea General y el Presidente de Sri Lanka. En sus respectivos discursos todos coincidieron respecto de la débil participación de los jóvenes en la construcción de la Agenda Post 2015.

Los Paneles y la construcción de la Declaración

La conferencia se inició con una serie de paneles durante la mañana del miércoles; los mismos estaban conformados por referentes de juventud, una agencia de las NNUU y en ellos discutieron diversos temas relacionados con la rendición de cuentas, la participación inclusiva de la juventud en todos los niveles, derechos juveniles, igualdad de género, empoderamiento, empleo pleno y emprendimiento, erradicación de la pobreza y seguridad alimentaria, promoción de una vida sana y el acceso a la salud, VIH y Sida, discriminación, erradicación de la violencia, asegurar una recreación inclusiva, deportes y culturas.

A partir de cada una de las sesiones de discusión se construyeron sugerencias al borrador de la Declaración, que fueron decantándose en las negociaciones entre los representantes de gobierno de los países presentes.

Detrás del Escenario

Corresponsales Clave entrevistó a Alexander Villalba Cahuaya, miembro de la Unidad de Advocacy de SOMOSGAY y participante de la conferencia internacional en Sri Lanka, quien comentó sobre la fuerte oposición por parte de los representantes del gobierno de Paraguay, en cuestiones muy particulares, como la inclusión de los términos orientación sexual e identidad de género. “Arabia Saudita y Paraguay fueron los dos gobiernos que estuvieron en contra de la anexión de esas dos frases en la Declaración de Colombo; además, los países de África y  Arabia Saudita no dejaron que la sigla LGBTIQ se agregara en la Declaración. Al final y gracias a la intervención del gobierno de Filipinas, la expresión ‘identidades de género’ quedó incluida”, indicó.

Esto representa un gran retroceso en términos de diversidad sexual para la agenda juvenil del Post 2015, no sólo porque no están escritas en el documento expresiones con enfoque de derechos, diversidad e inclusión, sino porque todavía masas conservadoras de distintos gobiernos se superponen al proceso de una agenda progresista, tomando ventaja de la ausencia de varios gobiernos y desplazando naciones ‘más pequeñas’ y sometiendo al oscurantismo a los demás países. La inclusión de la expresión ‘identidades de género’, propuesta y defendida por Filipinas, si bien es una décima a favor, no contempla una total cobertura de lo existente, de lo real y que debe ser cubierta por el Derecho, empezando por los documentos.

Latinoamérica en la Conferencia

Villalba expresó su sorpresa ante la poca participación de América Latina. “… Hubo solamente representación de cinco gobiernos de la región. Además muchos compañeros de la región –de los 13 que debían llegar- no pudieron viajar porque jamás enviaron los pasajes aéreos o si lo hacían llegaban muy tarde”, criticó. Si bien Argentina y Uruguay no contaron con representantes de Gobierno, sus representantes nacionales se presentaron a dar su voz y voto en las negociaciones, situación que fue aprovechada por otros jóvenes latinoamericanos para defender la agenda regional y la protección de los derechos de los y las jóvenes.

Solo 5 países de la América Latina estuvieron presentes y ni siquiera los 13 representantes de sociedad civil seleccionados, pudieron llegar a la conferencia. Esto es un indicador de la desproporción en la participación de los jóvenes, en términos de la región de procedencia, que es igual a los intereses, las voces, la agenda y que repercute en el curso de la conferencia. Esto dice mucho de las conclusiones finales del evento, ¿Qué habría pasado si cada país de América Latina y El Caribe estuviese representado con voz y voto? ¿Qué habría pasado si al menos los 13 participantes seleccionados hubiesen llegado a tiempo? Creo que las conclusiones serían distintas, las intervenciones, los espacios, partiendo simplemente desde un principio de que las construcciones participativas en nuestra región son diferentes.

A pesar de los logros, falta mucho por hacer

Como señalamos líneas arriba, la Declaración de Colombo logró introducir el término “identidades de género” y hace mención específica a eliminar la discriminación hacia los jóvenes con VIH y SIDA, garantizarles la atención en salud y proteger su derecho al trabajo y otros derechos civiles, la Declaración de Colombo y la Conferencia en sí, parece haber producido mucha decepción.

“No fue una conferencia real de juventud, fue una conferencia de los gobiernos. (…) Hacíamos recomendaciones para la redacción de la Declaración y no eran consideradas ni incluidas en los borradores del documento”, comentó Alexander Villalba.

Las expectativas de muchos jóvenes como Alexander, de poder aportar a una Declaración Internacional que permita avanzar en la conquista de los derechos de la juventud se vieron golpeadas por la metodología de la Conferencia. “Sólo teníamos 10 minutos para hacer las recomendaciones, nada más, fue poco o nada lo que pudimos intervenir, la metodología aplicada debió ser distinta, porque todos queríamos hablar. En un salón con 25 personas llegar a un consenso en pocos minutos es imposible”, dijo Villalba. “Fue muy decepcionante, porque pensé que me iba para contribuir en la construcción de la Declaración, pero al final fue todo simbólico”, finalizó.

La segunda edición de la Conferencia Mundial de Juventud nos debe permitir reflexionar qué se está organizando en nombre de los jóvenes, con qué formas, con qué contenidos de fondo, con cuales finalidades, qué impacto, qué seguimiento y qué proyección, se piensan para estas conferencias.

La débil participación de América Latina en eventos que se realizan al otro lado del planeta, parece haberse vuelto un tema recurrente en los últimos meses. Hace falta mucho por hacer para la plena protección de los derechos de los jóvenes y el primer paso es lograr que participen efectivamente en espacios de decisión política como este, sin importar dónde se realicen.

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